Con una Fabiana nerviosa y confundida mirando a la distancia sin ver nada en específico y, a su lado parado cerca de la cama, un César atormentado y molesto consigo mismo por lo que considera es el mayor error que ha podido cometer; a unos pocos metros, en el exterior de la casa, sentado al frente del volante de su automóvil, Ramiro Delgado, quien siguió a César en todo el recorrido, estando a la espera de que César salga nuevamente, al ver que ha pasado unos cuarenta y cinco minutos sin que el joven abogado de muestras de hacerlo, comenzó a impacientarse, miró alrededor y luego su reloj y se dio cuenta que por la hora tal vez no lo haga, no en lo que resta de la noche; por lo que, el hombre pensó en tomar su móvil. Con la mirada fija en la entrada de la casa tipo cabaña decorada con lad

