César, totalmente abstraído en las sensaciones que comenzó a sentir de solo ver más de cerca en los ojos de Fabiana, por primera vez fue consciente del tip nervioso que comenzó a manifestar en su labio inferior, el n***o del color de sus ojos, y lo blanco de la piel de su rostro que en sus mejillas tomó una tonalidad rosácea. Ante algo tan natural en otras personas, verlo en ella le resulta curioso. Sus ojos se pasearon como cual excursionista por toda la fisionomía facial de una Fabiana que quedó inmóvil ante la imponencia del hombre inclinado frente a ella. Para César fue inevitable no poder observarla al detalle. Inclinado allí a los pies de ella, teniendo sus ojos al mismo nivel, impidiéndole toda posibilidad de evadir lo que pudieran reflejar de sus pensamientos, él entiende que aun

