— Ahora todo es diferente, Hannah. Yo estoy aquí y no me iré de tu lado. Liam me abrazó y sentí un gran alivio al sentir sus brazos, así que sonreí. — Por cierto, cada vez que me llamabas por mi nombre me molestaba, como no tienes idea, Yin. — Pues me hubieras dicho desde un inicio que eras tú, Yang. Nos reímos y luego Liam tomó mi mano. Comenzó a caminar y al ver mi brazo se detuvo. — Espera, tú tienes que estar en el hospital y dime por qué tienes el brazo con sangre. — Hasta ahora te percatas de ese detalle. Realmente eres increíblemente despistado, Yang. — Contesta mi pregunta y no la evadas. Le conté lo que había pasado. Entonces se sorprendió, pero después se puso a reír. — Por un momento pensé que le habías dado una bofetada al guardia de seguridad, tal y como me la diste a

