La mansión Endecott se alzaba majestuosa ante mí, sus muros de piedra y ventanas emplomadas parecían observarme con expectación. El viento susurraba entre los árboles del jardín, como si me diera la bienvenida a un nuevo capítulo de mi vida. Sostenía la llave en mi mano, sintiendo su peso y el poder que representaba. Este lugar, una vez testigo de opulencia y extravagancia, ahora sería transformado en un santuario de sanación y esperanza. Empujé la puerta principal con determinación, y el eco de mis pasos resonó en el vestíbulo desierto. Las sombras danzaban en las esquinas, pero yo no sentía miedo. Había soñado con este momento, visualizado cada rincón y habitación, cada rostro que encontraría refugio bajo este techo. Subí las escaleras de mármol con la cabeza en alto, cada paso resonan

