—¿Cuánto se demorará este filero?—comenté a Miguel
—No lo sé, y solo hay dos mesas para una filota—respondió desinteresado
La fila se extendía por toda un área comprendida por casetas pequeñas, me imagino donde guardan toda la información y papeleo de los nuevos reclutas. Se veían totalmente centrados y concentrados en las espaldas de la persona del frente, no sé, de un momento a otro empezó a tomar peso el comentario de Miguel de que les lavaban el cerebro y los convertían aquí en quien sabe que cosas. Nadie se podía dedicar a otra cosa que no sea mirar para adentro de cada uno, como si afuera no encontrase más motivos para salir de ese trance hipnótico que los tenía ahogados.
Todos estaban como unos pinos del boliche esperando ser derrumbados, pero yo no, yo estaba atornillado al suelo, totalmente incrustado en esta tierra, para que nadie me tumbe y para que todos los babosos me mirasen dando la cara. Incluso Miguel parecía empezar a encorvarse, buscando la misma posición que los demás, pero yo le di un empujón para que estire esa espalda y deje la bobada, a veces esa terapia de shock funciona. Todas las fantasías negras que podía pensar una persona de este lugar eran aborrecibles, que en caso de que se materializaran, serían parte del repudio general, lo que generaría revueltas, lo que hace que lo vea poco posible que pase: "Todo bien huevón, le está dando la pálida y ni siquiera lleva dos tragos" le dije al Miguel que parecía desvanecerse como un tieso cualquiera. Yo no quería desgastar este lugar, que ya de por sí estaba bastante roñoso y lleno de mugre, parecía que es cierto lo que dicen del toque femenino, o por lo menos esa atención al detalle que muchas tienen para estas cosas, porque nosotros de manes si somos muy dejados enserio; pero no eran momentos de suciedad, era momento de tomarse el lugar, la espera se hizo eterna y parecía la fila no avanzaba.
—Ve, píllese eso—le dije a Miguel
Era una caravana igual a la nuestra, totalmente gris y totalmente muerta, era como verse en un espejo, pero eran mujeres, ¿Qué no el reclutamiento solo era masculino? No lo digo porque no diga que no puedan, pero pues ¿No era así como funcionaban las cosas? Volteé a ver a la fila de hombres, la gran mayoría seguía en su letargo perenne, mientras que unos cuantos miraron a las mujeres con asombro, pero he de decir que conozco muchas de esas miradas no eran de extrañeza o perplejidad, sino con una cara de morbo que no se podía disimular por nada del mundo. Si he oído que la gente en el ejército es muy ordinaria, y refiriéndome expresamente a los hombres, porque parece se les acumula la testosterona y solo piensan en sexo cuando están en sus momentos de descanso, como unos monos luego de buscar comida. La verdad era repugnante ver a esos seres grasosos, que hace unos momentos estaban en las peores situaciones mentales posibles, totalmente desgarrados por estar entrando a este infierno, pero que el libido pareció despertarlos de ese letargo eterno, las peladas se veían al igual que nosotros, de nuestra edad, incluso algunas un poco más mayores, como que la edad media de hombres era uno diecinueve, mientras que en las mujeres la mayoría parecía tener veintidós o veintitrés, quizá muchas con miedo por lo que acabé de mencionar, a quién le gustaría compartir tanto tiempo con tantos manes con tremendas caras de enfermos, ay las penas que van a pasar. Eso si, era mucho menor la cantidad de estas, por cada mujer había cuatro o hasta cinco hombres podría calcularle.
—¿Para qué las traen?—dijo Miguel
—Pues, no sé la verdad. Pero teniendo en cuenta lo machista que es el ejército, supongo que como nos tendrán en batallones cuidando mientras ellos están en el frente, querrán más mano de obra—pensé—además creo que nosotros no haremos cosas muy diferentes a las de ellas, solo somos unos cuidanderos de su platanal
—¿Crees que solo nos tendrán para eso? Para eso hubieran puesto a los que prestan el servicio de forma natural
—Pues si, supongo habrá gente que presta servicio que estará con nosotros, y los más experimentados de ellos incluso podrían ir al frente.
—Ni idea, yo solo quiero que se acabe toda la crisis
—Yo solo quiero que pase algo, se acabe o no
—¡¿Algo de qué viejo?!—Preguntó indignado Miguel—estamos en el ejército hombre, no estamos en un parque, usted viene aquí a hacer cosas diferentes, no me importa que tan aburrido o insatisfecho esté con su vida, pero este lugar es un moridero, aquí no nace nada, aquí todo muere, esperanzas, sueños y las propias vidas de las personas.
—Pero parce...
—Nada de parce, usted a lo bien piensa que venimos aquí a hacer cualquier cosa, esto no es como la primera comunión o la catequesis que le quitaba los tiempos de las tardes pero luego volvía a casa
Las palabras de Miguel fueron bastante contundentes, se ensartaron como una lanza en el pecho que me dejaba ciego y totalmente desconocido de mi. Era cierto que me lo estaba tomando con mucho libertinaje todo el proceso, porque para mi esto no es el infierno, o por lo menos no del todo, reconozco que este lugar es un moridero y nadie quisiera pasar el resto de sus días aquí. Pero también quiero que se vea que no todo está perdido; me dejó pensando que haya dicho que mi vida la maneje y me parezca insatisfactoria, tiene razón, mi vida es completamente gris y opaca, no maneja más matices, pero por eso es que veo cualquier oportunidad para irme, de transformar estas arrugadas y callosas manos en algo más que para buscar el día a día, pero debo comprender que mucha gente n oes como yo, que ya tiene sus planes o ya le dio ese color a su vida de alguna forma, por lo que aquí no vienen a buscar nada, porque lo que pasa acá les está eclipsando todo lo que han podido lograr, o han querido lograr en algún momento de sus vidas, y solo esperan que esto acabe.
—Pero yo no creo que esto sea un paseo—dije
Miguel se volvió hacia mi otra vez y me miró con una cara totalmente arrugada de la ira, diría que hasta morada.
—No creo que uno tenga que venir a pasar pena todo el rato, es una mierda, lo sé, pero yo quiero aprovechar cada instante
—Usted está es como trabado parce—dijo Miguel, desistiendo de su idea
Lo malo de este altercado es que no había nadie con quien hablar y yo estaba bastante aburrido, ojalá hubiera sido llegando al final toda esta discusión para haber hablado otro rato durante la fila. A medida que pasaban los minutos, cada vez más derretidos y extendidos, se pudo ver una mesa metálica donde asistían otros dos tipos del ejército y una chica que parecía hacer de secretaria, pero no tenía ninguna clase de ropa militar, además de verse sumamente joven como para ser alguien tan experimentada o con la confianza para una labor de secretaria. Cada minuto se hacía más clara la mesa, hasta donde pude ver unas formas, un mapa extendido por toda la mesa y unas tarjetas que les entregaban a cada recluta.
—Buenas tardes—dijo el m*****o del ejército, ya al parecer cansado de tanto recluta
—Buenas—
—Por favor diligencie esto—dijo, entregándome un formulario con datos varios sobre mi
Formulario de reclutamiento No. 3801-0305
EJÉRCITO NACIONAL DE COLOMBIA
"PUREMBARA", RISARALDA
Primer nombre: Víctor
Segundo Nombre: Ricardo
Apellidos: Peña Arias
C.C: 898353621
Locación: Versalles, Valle del Cauca
MARQUE CON UNA X SEGÚN CORRESPONDA PARA AFIRMAR O DENEGAR
Ha estado alguna vez en el ejército nacional? Si No X
Presenta usted alguna enfermedad cardíaca? Si No X
Presenta usted alguna discapacidad? Si No X
Hace parte usted de alguna comunidad indígena? Si No X
Tiene familiares en algún cargo con el ejército? Si No X
Es usted un campesino? Si X No
TODOS LOS ANEXOS MÉDICOS SOLICITADOS DEBEN SER DILIGENCIADOS ANTES DE LA PRESTACIÓN DEL SERVICIO MILITAR
—Listo—le dije al tipo de la silla
—Espere entonces
El hombre que tenía ya cierta edad parecía saberse con pelos y señales cada parte del país, leyó dificultad, quizá por los años y el engañe de la vista, mi formulario diligenciado y empezó a buscar en el mapa cono un sabueso a su hueso, siguiendo pistas, casi olfateando: "¿Es usted de aquí verdad?" Dijo señalando de manera precisa el pueblo cerca a mi finca.
—Si, un poco más arriba, no soy precisamente del pueblo
—Listo, sin problema
—¿Para qué necesita corroborar en el mapa?—
—Por órdenes no podemos mandar a los que vienen en esta camada a lugares tan aislados, se van a ir lejos, no tenga duda de eso señor, pero tenemos límites
—¿Hasta dónde me pueden mandar?
—Pues a ver, desde aquí, a cualquier parte de la región pacífica, andina y parte de la amazónica, ya en la costa o en la Orinoquia es es muy difícil por lo lejos
El hombre que parecía cargar con suma experiencia en su trabajo, le dijo a la asistente que me pusiera en la plantilla B de oeste. La joven empezó a anotar en un listado.
—Listo, luego lo llamamos
—¿Y entonces?
—Vamos a recibirlos a todos y luego los redirigimos acorde a la cantidad y la disponibilidad de sectores que ustedes pueden cubrir