Ya el día radiante había pasado, o quizá habíamos llegado a un lugar muy frío o cubierto por la frescura extrema de los árboles del lugar, respirar se encontraba pesado, como una bocanada de agua a los pulmones, como si se respirase a través de un paño húmedo, y yo soy de pulmón de uva pasa, arrugado y bien ahogado, la rinitis en un sitio como este me va a hacer ver las crudas.
Esa tarde ya, calculando las cinco, o por ahí, ya estaba empezando a ventear, me volví a poner mi chaqueta que antes usaba como cobija mientras me dormía en el camión, y ahora si me decidí a abrir nuestro camping rodante, los gomelitos deberían decir "Que lugar dan play, huevón" ellos y su afán de convertir todo lo que dicen en una oda a los anglosajones, hay que derrocar esos modales parce, nada más rico que hablar bien criollo y bien indio, si esos pseudogringuitos estuvieran por aquí dirían cosas como "Que nota de selva huevón, aquí para armar barbecue estaría del putas" para saber que se mueren de hambre porque no habrá nada cerca la verdad, supongo que ellos van a acampar en un sitio con un gran paraje verde pero privatizado por algún parque o por algún finquero dueño de tierras, que esos no bajan de diez mil hectáreas por mínimo.
El frío estaba azotando más sabroso que nunca, amo el frío y la excusa para poder hacer mil cosas con él, pero en especial poder bailar, porque bailar libera de todo, bailar ocupa todos los sentidos de tu cuerpo y no podés escapar de ahí, estás loco si escapas de ahí. Como todo va al unísono y parece que todo estuviese pactado en la pista para sintonizar las piernas con los compases, las rodillas con los timbales. Y yo "Ahí te voy madre mía de la danza y de los cristales" porque esos abundaban en esa clase de fiestas, parecía que eran dos competencias abrumadoras entre la gente que iba, o ibas a bailar como una bestia diría Richie Ray, o vas a dispensarte y darte la dura de la vida dura.
Estaba viendo el paisaje alejarse, yendo hacia atrás como si algo lo chupara al fondo del abismo, como si cada árbol se retorciera en lo profundo para no ser visto por otra persona hasta quien sabe cuando. "Yo también me estaré desapareciendo para ellos", porque ellos verán lo mismo de mi, y quien sabe quien me vuelva a ver, quien me vuelva a conocer, si no me habré retorcido lo suficiente en este agujero como para ser irreconocible ante los ojos, de incluso mi propia madre, oh, pobre mi mamá que le toca aguantarse a mi viejo ahora todos los días a solas, n ose crean que él es una clase de abusador o algo así, para nada, la ama con fervorosos sentimientos, pero a la vez mi mamá sé que siente unas necesidades inconmensurables de explotar de vez en cuando, como que regresa la que estuvo en su niñez, donde quería comerse el mundo y ahora le toca conformarse con un plato de lentejas tristes que no hacen más sino ponerla a desvariar en un viaje adentro de la tripofobia hacia el terror de no poder dar la cara a esos deseos del pasado que nunca pudo conseguir, y por eso explota; cualquiera explotaría en su situación, yo por ejemplo me sentiría con la cabeza como un volcán pero un volcán ya muerto de tanto estallar, que se tapono a si mismo cual nariz de político colombiano consumida por el perico tan rico para ellos y tan dador de alegrías y desgracias a los campesinos del país. Pobre, pobre , pobrecita mi má, hasta cierto punto siento que debí esforzarme más por ella, pero ¿Qué podía hacer yo? Incluso he hecho lo que he podido para vivir mi vida lo mejor posible y lograr mi sueños, pero a veces me cuestiono si eso realmente haría feliz o sentir orgullosa a mi madre, que yo si haya podido lograr lo que quise, o por el contrario se sienta como una loza en la espalda que le recuerde que ella no lo pudo hacer, no es cuestión de competencia, sino que me vería como un recuerdo constante de lo que quizá no pudo hacer.
Pese a que me voy, me siento muy bien, quizá me adapte rápido, o quizá me desespere rápido, pero lo que en verdad me importa es saber que voy a llegar, que va a pasar algo.
Empiezo a ver marcas en la tierra, cicatrices de guerra que pasa por aquí el hombre en esta tierra virgen y fértil, nos estamos acercando, y me dedico a ver esos palos de matarratón que lindera el camino, se ve que esto no es natural, esa planta se usaba mucho en la casa, servía mucho para alimentar al ganado y también para usarse de abono vivo para otras plantas, algo se aprende de tanto pasar el tiempo entre cultivos. Empecé a ver un vallado bastante contrastante en comparación a lo amena y dulce que la selva nos recibió en sus aposentos, eran unas cercas con una madera sin tratar, totalmente áspera, con unas púas de metal que brillaban, parecía que las renovaran constantemente, filosos, casi como si lo hubiese bordado alguien con la profesionalidad de un costurero. De repente el camión se detiene, pensé que habían frenado para ver algo, o quizá liberar la vejiga de tan extenso viaje, pero no, habíamos llegado, me extrañó porque no oía nada, hasta que me bajé con la maleta y me asomo a ver el frente del camión. Habían decenas y decenas de jóvenes, como usted lector o lectora, como el hijo suyo, como su hermano, como lo que sea jovial que tenga cerca a usted. Hablaban, era lo lógico, pero con una tristeza totalmente pesada, como si estuvieran a punto de volverse judíos en la era nazi. No podía creer tanta pasividad y tanta falta de empatía que se tenían con ellos mismos, golpeé el suelo del interior del camión para despertar a Miguel, este apenas abrió los ojos como si le hubiera encendido un botón en su sistema. Se sentó y durante unos segundos lo vi tranquilo y calmado como no lo vi nunca, quizá no ha caído en cuenta de donde está, pero fue verme a mi y ver la selva frondosa a mis espaldas para darse cuenta que no fue un sueño, que la pesadilla está aquí para él. Sus ojos pasaron de brillar como las perlas que venden los comerciantes baratos en el centro del pueblo, a volverse una mancha pintada de marrón, que se apagó hasta alcanzar un suave color mate dentro de si.
—Se pudrió todo parce—le dije
—¿Qué pasó o qué?
—Vea a todos estos tipos entiesados, parce que no se van a morir, el ejército da asco pero por lo menos no se le va a acabar la vida aquí, siéntanse tristes si es que se quieren quedar aquí, ahí si les doy todo el permiso fúnebre
—Algunos no han terminado de crecer, muchos son muy jóvenes, ¿Qué no ves?
—La gente aprecia su infancia y se pega de unas cosas insignificantes a la hora de recordar el pasado, la gente se quiere negar a crecer y quiere vivir en una nostalgia permanente para no darle la cara a la verdad. Yo crezco, cada día, todo lo que me rodea crece, sea bueno o no, me mire el mundo o no, gire en torno a mi o no, seguiré creciendo, como siempre, porque no me gusta quedarme quieto pensando en banalidades del ayer, es de cobardes vivir ahí para siempre.
—Usted si habla paja, ¿No?
—Ay viejo, mejor que vivir de pajas mentales del pasado si es—dije riéndome y noté que el igual soltó una leve risa
—Bueno reclutas, hemos llegado—interrumpió la charla Restrepo
—Si, eso veo—respondí—jamás había visto algo tan deprimente, ¿Así estaba usted cuando llegó?
—No, yo estaba emocionado de poder servirle a mi patria
—Por eso estamos como estamos, solo sabemos bajar la cabeza y servir, en vez de mirar a los lados y construir en comunidad
—¡Deje de faltarle el respeto a esta institución y a su país!—exclamó irritado
—Si eso le ofende, créame que no sabe lo que realmente le falta el respeto al país
—Bueno, vayan a la fila más bien, y dejen tanta cháchara—metió la cucharada Gómez
El capitán parecía enojado con Gómez, pero supo que era la decisión más oportuna, no sería algo muy prometedor para los nuevos reclutas llegar a este moridero y ver que un capitán está gritando así, muchos entrarían en un estado peor, si es que es posible ya estarlo.