Ansia

1649 Words
Pasadas unas pocas canciones llegó Triana, pese a la labor de tener caminar por tantas horas buscando gente para reclutar, se le veía bastante normal, sin una gota de sudor, cuando las personas del pueblo parecían satinadas del calor y el sudor que expulsaban de su cuerpo. Venía junto con una sola persona, esta se veía bastante nerviosa y se le veía el pánico a medida que se acercaba al camión, como si estuviera dirigiéndose a una pesadilla, como si aún estuviera en estado de shock por la noticia, y es entendible. —Buenas tardes mi capitán—dijo Triana con su ya característica voz, retumbando al joven que parecía un perro asustado —¡¿Solamente una persona!? ¿Se demoró todo este tiempo para recoger a solo una persona? —Disculpe mi capitán, pero es que todas las personas aquí parece que son muy mayores, nadie menor a los veinticinco años de edad. El capitán Restrepo parecía aceptarlo pero con una cara de insatisfacción, supongo que le habrán impuesto una meta de personas a las cuales reclutar, así funcionan estas cosas, te premian en cuanto más cantidad de vidas arruinadas consiguen. —Bueno, que se suba y nos vamos ya. —Si mi capitán—respondieron Gómez y Triana al unísono, mientras Gómez le indicaba al muchacho que se subiera y Triana iba dirigiéndose al asiento de conductor del camión. El muchacho se fue subiendo al camión, y desde que llegó no había dicho ni una sola palabra, estaba totalmente paralizado, parecía un maniquí apenas se sentó en la banca del frente dentro del camión. Le hice señas a Gómez de que bajara el telón, pese al calor que había, el sol que entraba era bastante encandilador para ser tolerado, aceptó y bajó esa manta vacía de cualquier sentido amigable para los nuevos reclutas. Nos quedamos sentados, uno frente al otro, usaba una camisa blanca, tan blanca y tan limpia que parece que no hacía falta el sol para desplegar una luz impresionante por todo el camión, traía un pantalón de jean bastante holgado, una maleta no muy grande, apenas con lo necesario como si se fuese a ir de paseo un fin de semana, unos zapatos para nada cómodos ya que eran muy formales, parecía dirigirse a una oficina importante a trabajar, en vez de pal´ monte. Tampoco es que yo pueda presumir de mi apariencia, salí con una camiseta y una chaqueta bastante simple, negra y con cuerdas blancas, una pantaloneta larga color beige y los tenis a los que más uso les doy, muy cómodos por cierto. —¿Todo bien?—pregunté, hartado del silencio El sujeto me miró con una cara bastante neutral, asintiendo pero de una manera muy corta, casi que por reflejo, pero en su cara se veía rareza, como si mi pregunta le hubiera movido todos los nervios del cuerpo y se los hubiera arrastrado hasta el fondo de sus pies. —¿Seguro? Anda usted es como perdido hermano. —Estoy bien—dijo a secas, con una voz bastante suave —Listo, pues si usted lo dice viejo, soy Ricardo, ¿Y usted?—pregunté para desviar su preocupación y mantenerlo ocupado, realmente me preocupa mucho la gente, no creo que nadie en este mundo deba venir a sufrir, obviamente tendrá que pasar, todo la pasamos mal, la vida es como estar rastrillando la madera hasta sacarle el jugo, pero siempre estás expuesto a que se te clave una astilla, pero mientras se pueda prevenir el pasarla mal, creo que vale la pena ayudar. —Soy Miguel —Usted es de aquí cerca me imagino —Si, bueno, no soy de este pueblo como tal, estoy un poco apartado—dijo—pensé que habría más gente  —Si, yo pensé que el tipo iba a venir con una bandada de gente a sus espaldas—dije—pero pues lastimosamente así son, no van a agarrar a casi nadie de un pueblo central, y menos como este que se ve tan turístico, se van a ir apartando de tanta gente y van a agarrar a los más alejados de los pueblos, como usted, como yo. —¿Usted de dónde es? —No muy lejos supongo, ¿Conoce Floresta? —Me suena, pero realmente no creo saber donde queda —Si tranquilo, el pueblo está muy alejado y no hay tanta actividad como aquí, más bien déjeme saber algo, ¿Qué le dijeron para traerlo? —Pues que por el conflicto que hay con la guerrilla pues les hace falta gente para cubrir el frente, y a su vez la gente que esté en los batallones, y ahí estaremos nosotros, supuestamente. —Bueno, al menos no dijeron cosas distintas. —¿Por qué tan tranquilo con todo esto? ¿Acaso se presentó voluntariamente? —¿Quién en su sano juicio o con alguna meta en su vida se mete al ejército?—dije irónico —Es que yo lo veo a usted muy relajado, como si nos estuviéramos yendo hacia alguna clase de viaje familiar o algo por el estilo. —No, yo sé muy bien hacia donde nos estamos yendo, pero no puedo hacer nada, además no sabemos que tal va a estar allí —Yo tuve un amigo que estuvo en el ejército, sigue vivo, pero ya no me trato con él, estuvo unos años en el ejército nacional y luego se fue ala fuerza aérea, antes de que prestara el servicio, el era un tipo bastante amable, no digo que ya no lo sea pero lo que si era antes era muy ocurrente, con una mentalidad bastante...  —¿Abierta? ayudé —Podría decirse, es que "abierta" es algo muy ambiguo, era bastante creativo, dejémoslo ahí —Ajá —Y entonces pues el tipo era bastante creativo como digo, tenía talento para las artes plásticas también, algo de lo que siempre fue reconocido en nuestra infancia, y cuando volvió después de prestar servicio pero antes a irse a la fuerza aérea, muchos amigos quisimos ir a visitarle y organizar planes, ya sabes. —Si, toda la cursilería del reencuentro, ajá —Y era muy, pero muy, pero extremadamente muy distinto a como era antes —¿Y eso es? —Bastante cerrado, abstraído en su propia mente, con unos valores totalmente cambiados, porque yo entiendo que todos cambiamos al crecer, pero es como si crecieras creyendo que la paz es la solución, y de repente en dos años dices que todo se soluciona a base de plomo y de imponer poder, ¿Cómo alguien puede cambiar así de drásticamente?  —Es cierto, he oído que indirectamente allí te lavan mucho el coco, pero a la final son rumores, yo quiero creer que son tan estúpidos que ni sabrán que hacer conmigo y por el contrario me querrán haciendo labores lo más alejado de ellos, por mi bien —Si, supongo que hay que resistir—dijo algo desanimado Miguel —Si, eso se briega —Espero contar con ese ánimo un buen tiempo —Lastimosamente no lo sabremos, usted puede lo manden pa´ un lado y a mi para otro —Ah, ¿Es que no iremos juntos ya? —No, estamos yendo hacia un lugar donde nos dirán a donde iremos específicamente —No puede ser, y la gente dicen que allá está muy locos, que parecen animales, si supieras la de historias que me han dicho que han pasado allí —Ay ya, cálmese hombre—dije, hartado Pero me puse a pensar en lo que dijo el Miguel, y tan equivocado no estaba, hay cada de gente allí con la teja corrida en ese lugar, parece un manicomio pero con gente fuerte y entrenada, lo que lo hace aún más peligroso aún.  —Bueno, si me disculpa, voy a dormir que no he dormido es nada—dice Miguel —Si, hágale El viaje se me hizo eterno, y pese a sentir un poco de curiosidad de en qué clase de lugar nos estábamos moviendo, en ningún momento quise abrir la carpilla, primeramente porque Miguel estaba durmiendo, pero además porque sentía innecesario abrirlo, el simple aroma de la frescura de la selva empezó a ser más predominante, dejé de oír a otros autos pasar, a otra gente pasar. Si ahora me bajara por alguna razón quedaría totalmente vendido a la naturaleza, totalmente perdido, oh, que un hombre perdido en la selva no existe, solo es un hombre más que se encontró con sus más primigenias raíces. No había lugar para la duda en la selva, no había lugar para el diálogo en la selva, siempre hay que hacer algo, siempre hay que moverse, si, moverse, como si de un tambaleo se tratase, aunque no sea haciendo nada pero muévase. Sentía mi cabello más grasoso, debido al sudor y al bochorno dentro del camión, pero no era una grasa desagradable, ni mucho menos una grasa que deje mi pelo pesado o mantecoso, si no un brillo de rejuvenecimiento, como si me hubieran quitado pesos de encima, quizá pese a lo tortuoso que pueda llegar a ser el lugar donde nos dirijamos, algo en mí nacía (O quizá renació) de algo que no esperaba tener. Eso si, detestaba el calor, era como si me escurrieran una vela derretida por el rostro,  un sudor que bajaba lento, que si me pasara la mano me arrancaría el pellejo y quedaría únicamente mi boca, irritada, hinchada, roja y carcomida, llena de sed, arrugada pidiendo que la hidraten en son de todo mi ser sediento, sediento de qué, de dicha, de alegría de vida, de lo que le hacía falta a este cuerpo y alma inerte que necesitaba por las buenas o por las malas algo que lo empujara, al vacío, al cielo, al infierno, no sé, pero a algún lado tendremos que caer.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD