Formas

1242 Words
—Vemos—les dije a los jóvenes  —Chao, se cuida—respondió uno de ellos Me redirigí hacia el camión donde estaba Gómez, esperando, aún con pan en aquella bolsa, es como dicen, "El ojo es más grande que la barriga", yo venía ya satisfecho por haber saciado mi sed, me desespera bastante el calor y prefiero mil veces estar chupando frío, aparte por mi blanca piel me quemo con bastante facilidad, y se me pone la piel como un ladrillo de roja. —¿No se aguantó las ganas verdad? —Uy no, esa cerveza me hacía era ojitos, el calor estaba muy tenaz, ¿no? —Bueno, no creo que pueda tomar muchas cervezas de ahora en adelante, entonces pues bien por usted—dijo mientras alzaba sus hombros Me quedé de pie al lado del camión, así no era tan obvio que yo venía con ellos, y de la misma manera evitaba las mirabas furtivas que me dedicaba la gente que por allí pasaba.  Me sentía pesado y con ganas de volver a descansar, pero creía que esta oportunidad de experimentar cosas nuevas que al menos este viaje me podía propiciar era algo que no podía dejar pasar y mucho menos si consideramos hacia donde me dirijo con esta gente. —¿Y hasta qué hora nos tenemos que quedar aquí?—pregunté ansioso —Pues a veces es poco, pero otras veces toca esperar incluso hasta un día —¿Y duermen aquí? —Si, nos toca dormir en la cabina —Uy no, pero los tienen es como perros, que dicha servir al país —¡Shhh!—hizo un gesto con la cara de estar casi que en peligro— ay joven, si Restrepo lo escuchara, que está en la cabina. —¿Ah si? ¿Mandan siempre al otro a hacer los reclutamientos? —Si, es al que le toca esta vez hacerlos —¿Y por qué tanto miedo con ese Restrepo? ¿Se los come o qué? —Es nuestro capitán, y si oyera como se refiere al trato que nos dan.....—dijo sondeando su cabeza —¿Qué? ¿Les puede ir peor aún?—repliqué Gómez se limitó a guardar silencio, considerando la pregunta que le dije —Ustedes si los están es marraneando viejo— Me dedicó una mirada desconcertado y con un poco de mal humor —Pero bueno, cada uno mira que hace al fin y al cabo parce—quise concluir ese tema—¿Y usted cuanto lleva metido en esto?—le pregunté con tal énfasis en "esto" que parece que le estuviese hablando de estar metido en alguna clase de vicio o adicción maligna para su cuerpo —llevo apenas cinco meses de prestar servicio—respondió—Triana lleva cerca de año y medio y el capitán Restrepo ufff—resopló—la verdad creo está aquí desde hace demasiados años realmente. —¿Uy no pero entonces por qué tanto miedo? Ese man debe saber como es la vaina, no todos queremos entrar al ejército, ¿o si?— Gómez se volvió a sentar en el borde empolvado del camión —Pues para la gran mayoría si, nadie prefiere estar aquí, pero para algunos pocos son quizá sus únicas oportunidades, y creo que eso se respeta—me miró con una cara desafiante —Si, es totalmente entendible, pero por lo que me dice a usted tampoco le gusta—se le notaba en los ademanes que expresaba—y tampoco creo que pues porque a esas personas, le sean su única oportunidad, todos tengamos que compartir ese lema patrio y esa emoción de portar un simple camuflado verde con la bandera del país. —Usted habla mucha carreta hermano—dijo riéndose Gómez, pero por su semblante, admitiendo que yo estaba en lo correcto —A veces No sé hasta qué hora tuvimos que esperar, encendía la radio de vez en cuando para no sentirme tan aburrido, y Gómez no se veía con las ganas de hablar, realmente yo tampoco quería hacerlo, me encontraba bastante mamado de esto. Realmente que era aburrido todo esto, todo eran normas a seguir, falsos modales, es como irse a una de esas casas de damitas donde supuestamente le enseñan a las mujeres, a ser precisamente mujeres, una falsedad. Lo mismo pasa aquí, un lugar lleno de supuesta testosterona donde se le enseñará al hombre a ser un hombre.  De repente escuchamos un portazo que retumbó a todo el camión, era Restrepo, que parecía haber estado todo el rato durmiendo en la cabina, se le veía con una cara cansada, pero con el uniforme impecable y en su lugar. —Buenas tardes mi capitán—dijo empinándose Gómez —¿Qué hace joven?—me dijo contundente —Ehm, lo mismo que usted, supongo yo—respondí confundido —No le estoy preguntando que igual a quien, señor—parecía enojado—con esa actitud no va a llegar a ningún lado —¿Y es que vamos a algún sitio importante?—dije sin pensar —Señor, estamos dirigiéndonos a una zona de distribución, sea donde sea que le toque, es un lugar que merece todo el respeto —Bueno—dije para no alargar el discurso del capitán —Teniente Gómez, me acabé de comunicar con Triana, que ya viene para acá, así que le recomiendo que coma algo y de paso usted también, futuro recluta. —Ya comimos hace no mucho, yo estoy bien mi capitán —Si, más bien coma usted—apunté Restrepo parecía seguir con la tónica del tema anterior y me miró con una firmeza digna de un androide —Yo ya comí recluta, aparte le recomiendo comprar comida, el tiempo desde que retomemos viaje, lo ubiquen a su sector y llegue a ese mismo es muy largo y hasta que no llegue no podrá conseguir comida—indicó —¿Qué tan lejos queda el lugar donde me asignaran ubicarme?—pregunté —No muy lejos de aquí, un par de horas. Las casas de su vereda y y este pueblo son lo último que recogeremos hoy recluta. —Estaré bien, fresco El capitán me miró con una cara de desconcierto, al parecer cada vez que me expresaba hacia él le molestaba la forma en la que me expresaba a él, pero es que yo no le debo nada a él, no es mi familia, ni nadie que se lo merezca realmente de momento, mal no lo trato. Me dirigí otra vez al interior del camión y me senté esta vez en el fondo, en el suelo con las piernas estiradas como alicates, tanto Gómez como Restrepo se quedaron viéndome, ya solo quería que esto arrancara para poder ir a hacer alguna otra cosa, porque hacer nada es peor que hacer algo malo. —¿Esa es la radio que sonaba?—preguntó el capitán —Si, es esta —Sabe que no se sabe que tanto pueda oírla cuando llegue a su destino, ¿verdad? —Si, quien sabe, no lo sé, por eso es mejor oírla ahora Procedí a encenderla, casi riéndome de las formas tan poco prácticas de expresarse del capitán, cerré los ojos y me puse a tararear las canciones de la radio. Pronto llegará El día de mi suerte Sé que antes de mi muerte Seguro que mi suerte cambiará
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