Candela

2641 Words
Me quedé ahí tumbado en esa banca que ya ni brillo tenía, y el frío que se producía dentro de esa cabina al movilizarse el camión era muy grande, quizá por lo espacioso y a la vez vacío que iba. Recuerdo haber viajado alguna vez en una lluvia horrible hace unos años, para visitar a unos familiares no muy lejos del pueblo, pero este frío era distinto, era de a la vez incertidumbre, uno que te helaba y adolora los huesos hasta el punto de no querer moverte más.  No dejaba de dilucidar el tipo de lugar hacia el que me dirigía, o podría ser una sede en cemento en la mitad de la nada, porque yo sabía que había gente que la ponían era a hacer trabajo de secretario en oficina también, o a simplemente cuidar el batallón dando rondas y además de las actividades dentro del propio lugar, o en algún paraje alejado de toda civilización donde se montarían campamentos; pero realmente no tengo idea, ¿Qué tan grave es la emergencia? Porque sé que el conflicto está hace tiempo, mucho tiempo pero hasta ahora se distribuye y se comenta como una emergencia algo que pasó hace tanto tiempo ya.  De repente noto por el ruido afuera del camión, que estábamos en un lugar con mucha gente, parecía estábamos en otro pueblo, asomé la cabeza por el telar del camión y noté que llegamos a un lugar bastante afluido de gente, era un pueblo si, pero con mucha gente yendo y viniendo, parece ser un lugar bastante turístico al parecer, se veían flotas y camiones que especificaban ir a la vereda, seguramente para esos turistas en busca de un contacto mínimo con la naturaleza, que les engañe la cabeza y los haga pensar de que eso va a equilibrar sus vidas para cuando vuelvan a la ciudad que pertenecen con sus monótonas vidas. El camión se detuvo y se abrió la manta negra ante mi, dejando entrar una luz enceguecedora, pero que para nada calentaba en esta mañana tan fría. —Bueno pelao, vamos a parquear el camión aquí en lo que conseguimos más gente—dijo el m*****o del ejército que me reclutó a mi, ahora si con su chaqueta de servicio, la cual tenía una inscripción con el apellido Triana —Si quiere comer algo le toca que compre con su plata, porque no vamos a comer hasta que los distribuyan—apuntó Me limité a asentir con la cabeza, ya quizá cansado de tanta espera, pero no porque me dejaran asentado en algún lugar de prestar servicio, sino porque estar quieto sin hacer nada me pone a pensar bastantes cosas, y a carcomerme la cabeza yo solo, lastimosamente no puedo quedarme sin pensar en nada así no más, no sé como hace la gente para tener unos pensamientos tan tranquilos o una vida tan apaciguada, cuando yo cada momento que tengo de quietud lo aprovecho, si es que podría decirle así, para pensar en todo lo que me rodea. Al menos era un sitio bastante alegre, se veía que las personas que iban allí lo pasaban bien, parecían todos dispuestos a pasar unos días agradables con sus familias, relajarse, o por otro lado a tener una fiesta que les deje pitando el oído de lo buenas que son, como un desquite hacia la cotidianidad.  No obstante, me sentía incómodo, perturbado, yo chillaba bastante con el entorno en el cual me encontraba, era tan distópico y tan fuera de lugar mi presencia allí, aparte de las miradas, cada persona que pasaba de cara al camión me miraba, con pena, con vergüenza, como si estuviese yendo en un camión al matadero y yo sea una pobre res que simplemente está esperando su destino, o peor aún, ni siquiera lo sabe. No pertenecía a ese lugar, al contrario, me volví un lunar oscuro en la tallada y hermosa piel de este pueblo, me encontraba con miradas de niños, jóvenes, adultos y ancianos que me miraban incluso como si yo fuese un delincuente.  —¿Qué no es un honor servir a la patria? Pensé para mis adentros Cuando realmente la patria tal no existe, la patria que yo pienso es muy distinta, a mi tampoco me gusta que este sea el modelo de representar que uno es un ciudadano o un habitante de este país hasta que tiene puesto el uniforme de soldado, siempre he creído que uno tiene que tener presencia y pertenencia con su propia tierra, de donde nació, al final esta nación no es más que un pedazo de selva y piedra el cual hay que sentirnos responsables, ¿Pero no sería de indiferencia el territorio? Al final la tierra entera es de nosotros. En este punto cabe resaltar en qué me estoy enfocando en mi vida, que pienso hacer de mi, porque decir que quiero aprender y experimentar es algo muy vago, que cualquiera puede decir, o que cualquiera puede sentir, porque a la final todos queremos experiencias nuevas, en cuanto sean positivas para nosotros, nuestro conyugue, nuestra familia o amigos. Llevo 4 años estudiando, por lógicas razones, a una modalidad virtual porque la universidad más cercana que hay con respecto a la finca queda a más de medio día de distancia. Estudio sociología en la universidad nacional de Colombia, con una carga mínima en los últimos semestres porque me ha tocado a mi mismo levantar para ese semestre, para mis padres no es no más que un lujo, quizá si hubiera estudiado otra carrera como medicina, derecho u alguna ingeniería, me hubieran apoyado económicamente, pero no fue así. Sé que mucha de la construcción social del país se tiene que llevar a cabo en el campo, pero lastimosamente hay muy poca gente dispuesta a escuchar a no ser vean resultados tangibles dentro de sus territorios, del impacto de lo que puede uno hacer, y muy a mi pesar para esos proyectos es necesaria una interventoría que me pueda brindar apoyo de una organización sin ánimo de lucro que pueda financiar un proyecto de investigación aquí. Me preguntaba cuantos jóvenes de los que veo pasar frente a este mugroso camión ya tienen la vida resuelta, o quizá cuales de ellos están también por sus cabezas varados sin saber que hacer o como llegar a eso que tanto anhelan. Saqué del bolsillo más exterior de mi maleta la radio, para tener algo en qué pensar, o por lo menos alguna otra cosa que sirva como calmante ante esta ansiedad porque pase algo, le subí el volumen con toda confianza, sintonizando al gran Cheo Feliciano. El que quiere puede Y el que puede hace la apuesta La cosa está mala, mala Te aseguro, el que busca encuentra Y si se cae el cielo, bailo bajo la tormenta La cosa está mala, mala Te aseguro el que busca encuentra —¡Pero aquí tiene es montada una fiesta pues hermano!—comentó Gómez —Al menos si me van a llevar, que me lleven con música viejo—dije relajándome —Que no le ocasione problemas c***o, y ojo como le vaya a hablar a sus superiores cuando llegue, porque si sale así de altanero las pierde y lo ponen es a parir —Lo sé, pero eso no me va a quitar ni dar algo —¿Usted era de ese pueblo?— preguntó —Si, ¿Por? —No nada, no mucha gente escucha salsa tan vieja, normalmente van a los grupos que rondaban por el nuevo milenio —Es que estos son muy bravos si o qué? le dan un ají muy severo —Si, por eso se me hacía raro, aparte en estos lares se escucha es música más tranquila. Cuando salsero se ve más en ciudad grande, o por lo menos por Valle —Ah eso siempre, aquí puro Luis Silva y Checo Acosta a la lata —¿Sus padres también son de allá? —Mi papá si, al igual que el padre de él, pero mi mamá no, ella es de Cali y mi abuela es de Bogotá. —Vaya, toda una mescolanza, si se le nota mucho a usted —Mira ve, ¿Yo? Vos estás es loco—dije irónicamente —Jaja, pues si se le va un poco lo caleño, pero usa palabras muy rolas —Si, mi abuela siempre ha vivido en Bogotá, pero sus últimos años los decidió pasar con nosotros, por el lugar tan tranquilo supongo. —Ah, ya Gómez se fue a una panadería cualquiera y se trajo una bolsa llena de pan, al parecer no había alcanzado a desayunar en la mañana, ya era casi medio día. Llegó y se sentó en el borde de la entrada a la parte trasera del camión, dejó la bolsa ahí y empezó a comerse uno a uno. —Oiga—dijo—¿quiere? —No parce, todo bien, más bien voy a ir a comprar algo de tomar que ando es seco —En cuanto no sea una cerveza, hágale —Pero aún no soy parte del ejército—repliqué ocurrente —Si pero si lo ven tomarse eso dentro del camión, o lo llega a ver Restrepo lo va a vacear —¿Y? El no es nada mío Dejé la maleta bien incrustada en el rincón del camión y me dirigí a la misma panadería donde había ido Gómez, esta estaba ampliamente surtida, era totalmente notoria la diferencia entre esta panadería y cualquiera que se encontrara en mi pueblo, había una nevera que cubría de lado a lado el establecimiento, llena de bebidas, y productos congelados. Mientras que en mi pueblo habría una pequeña vitrina con los panes y una nevera alta pequeña con la marca de Bavaria, aquí había una nevera inmensa segmentada en carnes y los demás productos en frío, mientras que al fondo se veía un par de neveras altas, como las de mi pueblo pero solo llenas de cerveza y otros tragos fuertes. El olor estaba cundido de aroma a pan recién hecho y había un bullicio de personas charlando en las mesas de la panadería, no era estruendoso, pero si había mucha gente hablando, quizá de sus planes de viaje, cuanto les falte para llegar a su destino, o simplemente tocando temas lo suficientemente banales como cualquiera dentro de un viaje de estas características —Buenas—dije —Sí buenos días, dígame, a la orden Era un señor con un bigote frondoso que le cubría hasta la parte baja de los pómulos, bastante amable de semblante y con una voz entrañable —¿Me regala por favor una cerveza? —Listo, tenemos Águila, Poker, Club, Corona, Costeña —Águila está bien —Listo, son dos mil pesos—dijo mientras me ofrecía la cerveza —Vea, gracias vecino—respondí cordialmente mientras le entregaba el billete Fui a la entrada de la panadería y vi al lado del camión a Gómez, mirándome con una cara de desaprobación pero a la vez con algo de risa. Sin acercarme al camión me decidí a sentarme en el andén frente a la panadería, el sitio era bastante cálido en su gente, para ser un sitio tan frío a estas horas de la mañana. Le di un sorbo a esa fría cerveza, quizá la última que pruebe en un buen tiempo, a no ser me den descanso, cosa que dudo. Me la iba tomando de manera muy lenta, mientras al fondo vi a unos jóvenes de mi edad hablando en una esquina, se notaba a simple vista que no eran de por aquí, y que por el contrario vienen de alguna ciudad grande, hay cosas que se saben con tan solo verlas. Pero no fue hasta escuchar sus voces que pude confirmar que eran de ciudad, sus expresiones su manera de gesticular incluso eran muy diferentes a los de las personas que yo conocía en el pueblo. Pasé a tener una imagen mental de la visión que ellos tuviesen si me volteasen a ver, ¿Qué clase de persona pensarían que soy? Quizá me vean como alguien que simplemente se dedica a pasear por estos lugares, más con la cerveza en la mano. Nunca me ha molestado saber que piensan los demás de mi, pero si me da curiosidad el saberlo.  Empecé a caminar por toda la cuadra para agarrar un poco de calor, cosa que se facilitaba puesto que el sol había empezado ahora si a calentar el suelo, seguía observando aquel grupo de personas y vi como uno de ellos empezó a sacarse fotos en dicho lugar con uno de sus amigos, era bastante agradable poder ver un semblante tan relajado en las personas, especialmente alguien de mi edad, me daba grata alegría saber que alguien podía alcanzar quizá tal grado de iluminación. Pero he conocido mucha gente así que simplemente vive para estos momentos, que puede ser una vida totalmente insufrible, pero que con estos viajes esporádicos compensa toda la miserables de su vida en pequeños instantes rotos que son lo único que va a contar a sus hijos en el futuro, y el problema que yo tengo es que puedo tener esos momentos, pero a la vez estoy pensando en que hacer después, supongo que no se vivir el momento aunque le saque el jugo a cada experiencia.  Me acerqué a la otra esquina, donde estaban esas personas y entré a la tienda, lo hice por puro instinto animal, ni siquiera pensando en qué decirle al comerciante, le pedí unos dulces y unos cigarros para cuando quizá tenga otro momento de pausa en el viaje. Salí de la tienda y volteé a verlos, tenían celulares de último modelo, tenían ropa que ni por coincidencia se venderían aquí. Una chica traía unas pintas nada que ver con el sitio en el que estábamos, fue como si se dirigieran a la playa, cuando el lugar se ve montañoso, más que nada para hacer camping. —Eo, ¿Alguno de ustedes tiene fuego?—Pregunté —Oiga esqueleto, ¿Tiene bricket?—dijo uno de ellos —Si parce vea—dijo buscando en su ropa un encendedor—ahí tiene poco pero si briega eso le prende—dijo mientras me lo entregaba —Todo bien, tranquilo Empecé a darle a la rueda para producir la flama, con dificultad y con muchas chispas pude prender una pobre llama para encender uno de los cigarrillos, para luego devolver el encendedor al joven. —¿Usted es de aquí?—preguntó el joven —No, bueno relativamente cerca, vivo por otro pueblo —Ah bueno, bacano—dijo mientras sonreía de una forma apenas formal —Vienen de paseo, ¿si o qué? Toca es que se caminen bien el lugar —Si, ¿Y eso? ¿Conoce algún sitio bueno? —Pues parce, por estos lados hay sitios siempre para bailar, si a usted le gusta azotar baldosa, muy recomendado, toca que se averigüe —Ah, bueno, pues toca ver, porque vamos a ir a acampar, tendríamos que dejar todas las maletas en el sitio de camping y luego bajar al pueblo, así que no sé, aparte sin carro. —Ah no, están es jodidos, pensé tenían carro, pero es rico bajarse eso a pata parce, aparte va con sus amigos y tal —Ahí veremos—dijo tajante Me aburrí de la conversación y con un gesto con la mano me despedí y tiré el cigarro al suelo. Pensé que la gente de ciudad era más interesante, pero realmente las personas son como en todo lado, bastante planificadora con sus cosas, en especial esta clase de gente, solo vienen a una cosa, como si les alcanzara la iluminación el poder vacacionar un fin de semana puente hasta el lunes, para regresar agotados de tanto sol a sus oficinas.
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