Tierra

1571 Words
Nos dirigíamos hacia la salida de la finca, y cada paso se sentía más liviano que el anterior, como si estuviese dejando la carne con cada paso que daba hacia afuera de lo que se supone es mi casa. —Hay que bajar un poco, el camión no pasa por aquí joven—dijo el m*****o del ejército casi sacándome de mi trance mental en el que me encontraba. Apenas asentí mi cabeza, como aceptando ya todo. El camino desde la finca de don Jerónimo hasta la mía se adelgaza bastante y apenas un carro particular puede pasar por él, así que hay que caminar unos pocos minutos. Primeramente estuvo todo muy silencioso, apenas se escuchaban los pasos de mis tenis junto con sus botas grandes y oscuras y que se ven tan engorrosas contra el suelo lleno de tierra y piedras. —¿Aquí no pasaba el ejército muy a menudo verdad?—rompió con el silencio el señor —No, la verdad es que nadie pasa por aquí muy a menudo, solo los mismos pobladores y contadas personas de afuera que vienen a vender o a surtir —Si, es un pueblo bastante alejado de alguna ciudad, pero al menos se ve tranquilo,  —Pues si—me decidí a responder únicamente eso —Pero—seguí —lastimosamente los sitios alejados a las grandes ciudades son las que peor parte les tocan en la guerra, ya que allí va a parar todo el conflicto El sujeto se quedó simplemente callado, con un semblante de pensar en que decir. —Creo que todo esto nos afecta a todos, así que es normal joven, muy al pesar de todos. —Ajá Seguimos caminando, el camino era frío y la neblina se alcanzaba a notar, a estas alturas de la mañana ya estaba acostumbrado mi padre a salir, pero supongo que la situación lo retrasó un poco para su trabajo, pobre, siempre que se retrasa un poco se lo comen vivo en el trabajo y no tiene más opción que quedarse un tiempo adicional reponiendo el tiempo perdido, incluso se lo hacen pagar con más creces aún. Todo estaba innaturalmente silencioso, teniendo en cuenta que si, el campo es bastante silencioso, pero no del todo, escuchas las hojas, los animales, pero ahora no se escucha nada más que nuestros pasos, como si entre los árboles de chachafruto, entre los trompetones en los que se cubría el camino, se estuviese orquestando una marcha fúnebre en mi despedida, lo sentía tan espasmódico, que pensaba que estaba en una clase de cirugía donde me tenían sedado y no sentía las cosas demasiado bien, esta no es la vida que quería, se me acercó el tiempo de cambiar totalmente de aires, pero no como esperaba, no con la felicidad que esto prometía ser. Seguimos caminando un rato y vemos el camión parqueado un poco más allá de la entrada de don Jerónimo, seguí caminando y al lado del camión se encontraban otros dos miembros del ejército, estos un poco más altos y acuerpados en comparación al que me fue a ver a casa. Pero antes de llegar pasamos por en frente de la entrada de la finca de Jerónimo, estaba bastante callado, teniendo en cuenta que fuera de su simpleza, es un señor bastante entrado a su ambiente y siempre hay ruido desde las altas horas de la mañana, ahora se ve, el camino fúnebre me llevó hasta este preciso lugar donde no parecía haber nadie.  —¿No está el señor que vive en esta casa? —Si, ahí está, adentro. Solo que la noticia de los reclutamientos lo agarró por sorpresa —¿Por qué nunca avisaron antes de llegar? Nos detuvimos frente a la puerta de don Jerónimo —Porque nunca pensamos que llegaría tan cerca a estos territorios el conflicto, entonces nos agarro por sorpresa, a todos —¿Y por qué a él le agarraría por sorpresa? Si el tiene una sola hija —Perdón, no les dije arriba porque no venía al caso, pero también han reclutado mujeres para este servicio, no son muchos los jóvenes que aún están en el campo, entonces necesitamos ayuda de parte y parte No soy una persona que opine que las mujeres no puedan adaptarse al medio militar, para nada, incluso muchas personas tanto hombres como mujeres me dejarían totalmente en ridículo para esas cosas. Pero no deja de sorprenderme que recluten ahora a mujeres de manera obligatoria, el punto que el dice es verdad, la vida en el campo ha cambiado muchísimo en los últimos años, y no quiero imaginar cuanto en relación a los años antes de que yo naciera, porque hay muchas familias que han pasado de generación en generación dentro de los territorios rurales, pero la verdad es que ahora la comunicación es mucho más fácil pese a estar aislados geográficamente de las grandes urbes y metrópolis del país, aparte de que a muchas personas jóvenes del campo, como me pasa a mi, queremos algo más en la vida que quedarnos en el mismo lugar por tantos años, queremos experimentar lo que es tener posibilidades, y tal vez nos engañemos, y tal vez algunos varios vuelvan al campo al saber que no era su estilo de vida, quizá solo queremos esas posibilidades variadas porque precisamente en la variedad está el placer y nos da ese privilegio de escoger, algo que hasta este momento no hemos gozado con plenitud más que escoger las cosas menos triviales dentro de nuestras fincas, algo que no alteará el rumbo de nuestras vidas y lo que llegó en estos días tocando nuestras puertas, promete ser quizá otra posibilidad de redirigirnos hacia algo diferente, pero va a ser lo mismo, porque no vamos al lugar de las posibilidades, sino a otro agujero en el cual no podremos salir de las decisiones banales que tomaremos allí. Me da mucha pena por don Jerónimo, el vive solo con su hija, y muy de vez en cuando lo visita otro señor, supongo que algún familiar y no es de por aquí, por sus pintas parece de unos lugares totalmente lejanos a los de aquí, de una ciudad poblada y en constante ajetreo. —Se demoró bastante mi teniente— Expresó uno de los sujetos del ejército que en su ropa ponía su apellido de pila, Restrepo —¡Perdón mi capitán!— Dijo con su tan ya característica voz retumbante—Tardé con este joven porque habían muchas dudas en su entorno familiar. —Listo, nos vamos a otra vereda entonces, necesitamos al menos diez pelaos más—dijo el otro m*****o, que al igual que el otro, tenía su apellido de pila en la indumentaria, Gómez —Venga entonces por acá— Me dijo Restrepo, dirigiendo la cabeza hacia la cola del camión Abrió el telón n***o del camión y me dijo que me sentara dentro, accedí y me subí rápidamente, prefiriendo estar en ese ambiente más silencioso, siempre he sido alguien que detesta mucho el ruido innecesario, es lógico que en una ciudad grande lo haya, en una fiesta lo haya, pero no ruidos en un lugar donde no se debe, y siempre he respetado que el campo tranquilo debe ser y no se debe perturbar, quizá como un llamado al sentido de la pertenencia con la tierra que me vio crecer. —Listo, vea pelaó, vamos a ir a recoger más gente antes de que los redirijan a todos, así que tiene tiempo suficiente para que descanse.  El tipo cerró el telón y me quedé totalmente a oscuras dentro del camión. Olía a tierra dentro de él y el suelo que raspaba las suelas de mis zapatos lo evidenciaba, pero no era un olor que me disgustara, el olor a tierra siempre ha sido agradable para mi. Me tomé la confianza para recostarme por la banca que estaba ahí, sabía que iba a ser tardado salir del pueblo entonces decidí tomarme esa libertad. De repente, se me cruza por la cabeza que no me despedí de mis amigos, de las personas del pueblo, me sentaba muy mal que me haya podido ir de esta forma, aunque no fuese mi culpa que me haya tenido que ir de improvisto, de igual forma se pasaba por mi cabeza, la idea de que quizá les molestaría saber que me olvidarían, porque la vanidad que tengo si es muy alta, no me gustaría saber que quizá el único lugar al que he pertenecido toda mi vida, se me olvide, o yo pase; quizá con mis amigos más cercanos, Camilo y Sofía no pase eso, pero no me gustaría que el vecino, el dueño de la tienda, la señora que vendía flores me olvidasen, al menos que ronde por sus cabezas la duda de donde me encuentre y la rareza de que no haya vuelto a pasar por allí. Quizá Camilo estará enojado cuando se entere que me he ido y en especial en que contexto lo habré hecho, porque el odia todo esto del reclutamiento obligatorio que ya se hacía antes, ahora tan repentino creo lo haría estallar de la ira; de igual forma a mi también me molesta, quizá no tanto por mi, pero por las personas que hayan tenido proyectos, planes o estén en medio de cosas realmente importantes, debe j***r bastante que vengan y lo agarren a uno pa´ estas vainas, totalmente un sin sentido.
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