La noche transcurrió muy callada, como siempre, mis padres suelen dormirse muy temprano, a eso de las nueve o diez de la noche, en lo que yo aprovechaba para salir con mi radio a caminar por los alrededores de la casa aún en mi finca.
—Y entonces invito a todos los radioyentes a que estén sintonizados a esta hora, a que escuchen atentamente la historia que va a contarnos aquí.....
—Fabio, si, gracias
—Eso, Fabio, así que cuéntanos, estuviste hablándonos antes de iniciar con el programa, que te había pasado bien raro en una fiesta a la que fuiste, dinos, como fue?
—Si, pues yo estaba en una fiesta en un bar del centro de la ciudad, con unos pocos amigos, éramos tres apenas. Pasó que estábamos divirtiéndonos, normal, tomando un poco y bailando con unas chicas del lugar, siguieron pasando un par de horas en esa tónica, cuando nos damos cuenta que faltaba uno de nosotros hace ya rato.
Me preguntaba que tan frecuente es para un citadino esa vida de excesos, cuando aquí las únicas fiestas que se hacen son de cosas evangélicas que realmente no van conmigo, o en la fiesta del pueblo, que eso si, siempre dicen que son mejores las fiestas de pueblo, pero en comparación, no son tan seguidas. Supongo que la vida de fiesta de alguien de ciudad se ve bastante reflejada, especialmente para las personas jóvenes, como una manera de demostrar y de darse a entender que se está por una situación por lo menos con disposición a pasarla bueno. Ya quisiera yo ir a azotar baldosa con alguien a ver que si son tan buenos como lo cantan.
—Entonces pues nos pusimos a buscarlo, porque pues..... ¿Dónde se metió? Nos preguntábamos, a lo que nos llama, en un estado así de estar vuelto nada
—De lo ebrio, te refieres ¿verdad?
—Si, si. Estaba pero mal, cuando hace una media hora estaba pues bastante normal, nos manda la ubicación con su celular y vemos que está al otro lado de la ciudad. Nosotros quedamos extrañados y lo llamamos diciéndole que se habría equivocado, es imposible llegar tan rápido, teniendo en cuenta lo difícil que es moverse por la ciudad.
—¿Entonces tu amigo se fue lejísimos de repente verdad? ¿Y dices que pudo haber sido un portal o algo así?
En ese instante apagué la radio, no es que no me gusten esa clase de historias, pero yo busco algo más real, más auténtico con la vida de las personas, y las historias paranormales, son precisamente lo opuesto, algo mucho más alejado de lo que busco.
Me dirigí otra vez a mi cuarto, con la verdadera intención de dormir, me costaba bastante, no dejaba de pensar en cosas o formas de salir de esta rutina, pero a la final es muy jodido salir de aquí, es como que este pueblo te absorbe hacia él y es una enredadera de la que cuando más piensas vas a salir, algo te agarra y otra vez estás en ese centro.
Amaneció, y como siempre cuando estoy yo en casa en las mañanas, me pongo a hacer el desayuno para todos, tampoco es la gran cosa, unos huevos, chocolate y pan, muy estándar este desayuno en el país. Nos lo comemos bastante callados, puesto que madrugamos bastante, eran las cinco y media de la mañana, por lo que mi papá sale temprano a hacer las labores de la finca mientras yo voy al pueblo a vender.
De repente en medio de ese incluso tétrico panorama de un desayuno silencioso, con el día aún azul por la hora del día a la que estábamos, se escuchan unos fuertes golpeteos a la reja de la entrada a la finca, normalmente se oyen muy claramente desde la casa, pero estos sonaron de una forma tan intensa que el sabor del desayuno se volvió metálico, como morder el papel aluminio.
A lo que me asomo algo apurado, cosa que me pareció bastante extraña, puesto que lo hice más por reflejo del estruendo que generó, más que por entusiasmo a ver quien fuese.
—Buenos días—dije de forma muy cordial
Vi otra vez que se trataba del ejército, específicamente del sujeto con el cual charlé en la mañana anterior frente a la finca de don Jerónimo.
—Muy buenos días, necesito saber si usted es el dueño de esta finca, o vive con alguien más, si me es tan amable
El fuerte sonido que hizo con su voz, como si estuviera buscando perturbar cada ave o retumbar con su vibración de voz en el área, hizo que mis padres se acercaran
—¿Sí? ¿Qué se le ofrece?—Dijo mi padre
—Muy buenos días, vengo a informarle que por motivos de causa mayor y la crisis nacional que enfrenta el país en el campo, requerimos del apoyo obligatorio de la mayor cantidad de personas jóvenes en los batallones. ¿Es este hijo suyo?
—Si, es mi hijo, pero el es hijo único y el trabaja arduamente llevando y comercializando la cosecha que de aquí sacamos para subsistir.
—No importa, por decreto expreso y las facultades que nos ha otorgado el gobierno nacional, ahora es de indiferencia eso para con las prioridades nacionales, a lo cual nos vemos en la obligación de reclutar incluso si es parte del núcleo fundamental, de su familia, señor. Además, el gobierno a su vez ha puesto una paga para aquellas familias que antes no podían otorgar a sus hijos al ejercito nacional por dichas cuestiones, y les pagará la suma de dos salarios mínimos legales vigentes, lo suficiente por lo menos en campo para contratar a alguien que le ayude con esas labores domésticas y de trabajo.
—¡Pe... pero esto no puede ser, es mi único hijo, no pueden llevárselo así como así!— Incluyó mi madre preocupada
—Señora, yo entiendo su lamento y especialmente su preocupación al tener que ver a su hijo marcharse hacia un lugar quizá desconocido para usted, pero tenga la garantía que en el ejército nacional, va a gozar de un cuidado por parte de todos, su hijo no estará solo, sino que contará con el apoyo de los generales, comandantes y otros jóvenes futuros héroes de la patria.
Yo en ese momento estaba congelado, si bien mi preocupación se debía anteriormente a que se podían llevar al monte a cualquier conocido mío, que de los pocos que son, es la única distensión que encuentro en medio del pueblo. Pero no, se acabó ese miedo empático y empecé a ver que yo iba a ser arrastrado a ese oscuro mar verde de monte, donde las historias y relatos de esos lugares son tan polarizadas que no sabes con que encontrarte, puede ser el sueño y el sitio más relajado del mundo, o un infierno terrible en vida para cualquier clase de persona, y ahora iba a ser yo, que si bien me mantengo en buena forma física, no creo ser apto para las labores militares o de prestación de esa clase de servicios
—¿Pero y entonces mi estudio y demás?— Opiné de manera muy impulsiva
—Sus estudios no se verán afectados, cualquier persona puede solicitar una prórroga a sus estudios, donde no se le vea afectada su culminación académica en un aspecto monetario.
—Pues si, pero pues el problema es el tiempo, no faltaba mucho para graduarme.
—Lastimosamente el tiempo no se puede recuperar, pero créame que el prestar servicio podría abrirle muchas puertas para la consecución de trabajo en otras áreas, por lo que su estudio de igual manera no va a quedar inconcluso, sino pospuesto
La forma de hablar que tenía este sujeto era bastante clara, no dejaba ningún cabo suelto, no veía uno el quiebre para hacerlo perder, o mínimo dejar que insistiera , se hartase y se fuera. Tenía un físico bastante normal, diría que hasta de un adulto común y corriente, pero con una poderosa voz que hacía cambiar su imagen completamente, seguramente por eso lo pusieron en estas labores y no está en el campo con sus compañeros, supongo que para cada persona hay una buena tarea que desempeñar.
—¿Cuánto tiempo tendría que estar allí?—Opinó mi padre algo estresado
—El tiempo es indefinido señor, puesto que el motivo de su reclutamiento es por la emergencia nacional, nos hacen falta soldados en el frente de batalla, por lo que los que estaban en batallones tanto en instituciones como en la mitad de la selva tienen que dirigirse allí, así que se requiere de gente que cubra esos puestos, son totalmente seguros, pero si quizá algo pesados para ser su primera experiencia militar.
—¿Nada malo le va a pasar verdad? ¿No tiene por qué ir al frente mi hijo cierto?— Preguntó mi madre angustiada
—No señora, todos los jóvenes que serán reclutados al llamado de esta emergencia serán puestos en batallones, mientras que los que ya están experimentados en puestos de esta clase si se van a dirigir al frente de batalla
—¿A qué parte iré específicamente?
—Cuando hagamos el conteo general de personas, vamos a destinar sus viajes hacia los sitios de batalla a los que se van a dirigir, tienen derecho a correspondencia cada treinta para estar en contacto con sus familias, de igual forma les informo que el pago por este servicio se les realizará a los 15 días a partir del día de reclutamiento, por lo que necesitarán de ayuda momentánea estas dos semanas para con sus labores.
—¿Enserio no sabe cuanto tiempo voy a estar ahí?
—No tenga miedo, recluta. Hace tiempo hubo una crisis similar y no duró más de cinco meses
—Cinco meses para mi es mucho tiempo
—Para nada, en el batallón se dará cuenta que pasa el tiempo rápido mientras realiza sus labores diarias.
El sujeto fue entrando lentamente a la finca, hasta unas bancas con unas mesas que tenemos en frente de la casa. Mis padres solo se limitaron a guardar silencio mientras me miraban, quizá están pensando en que carajos iré a hacer yo en un batallón, cuando la vida allí es muy dura; o quizá simplemente ya me están visualizando con un uniforme militar, asimilando el hecho de que me iré.
Me quedé pensando en si mis padres dirían o harían algo para que no me llevasen, pero parece que se limitan mucho en este tema, no movieron ni un dedo, fue como una sentencia aceptada que incluso me hizo pensar si realmente querían que me quedase en la finca, en especial mi madre, que es con quien más me llevo normalmente y con la cual la comunicación es bastante buena. Pero hoy no, hoy no hubo palabras, solo asentimientos, mientras el tipo este de verde sacaba un formulario el cual debía ser diligenciado.
Me dispuse a diligenciar de manera muy lenta el formulario, buscando alguna información la cual usar a mi favor para ver si podía zafar de este mierdero.
—Como le digo joven, usted estará en el mejor cuidado, tendrá que hacer labores dependiendo el batallón al que vaya, tendrá sus tres comidas al día, su cama y esporádicamente podrá tener días de descanso, solo que con esta crisis no se sabe cuando puedan proporcionárselos.
—¿Partiríamos ya mismo?
—Si señor, tiene tiempo para organizar sus maletas y despedirse con su familia apropiadamente, nosotros entendemos que la situación es muy repentina. pero esperamos y entienda la situación en la que estamos.
Llené el formulario, sin haber encontrado nada que me haya salvado, y dejé de intentar, dejé de buscar alguna forma de escapar de esto, posteriormente me dirigí a organizar mis cosas para el tan largo viaje que voy a tener, mientras mis padres se quedaron hablando con el señor. No sabía realmente que debía de empacar, estaba totalmente en blanco, pensaba que si igual estaré uniformado todo el tiempo, no necesitaré de mucha ropa realmente. Me asomé por la puerta del cuarto y con la voz casi ahogada pregunté
—¿Necesito llevar alguna ropa o allá me van a dar todo?
—Lleve ropa de cambio de civil, no mucha solo unas cuantas camisetas y ropa interior por favor, incluidas medias. Allí le vamos a proporcionar uniforme y ropa de dormir, aparte de toalla, cepillo de dientes y artículos de aseo personal—dijo con un tono de voz elevado que volvió a retumbar por toda la casa ahora
Me puse a alistar unas cuatro camisetas las cuales eran las que más usaba, mucha ropa interior y medias, sabía que iba a ser un viaje largo así que tiré muchas cosas pendientes que tenía en mi cuarto hacia dentro de la maleta. Metí libros que no había leído y otros que quizá volvería a leer, metí mi radio que tenia la facultad de poderse encoger bastante.
Después de hacer maletas no pude evitar quedarme en estasis viendo mi cuarto, realmente me dio nostalgia, pero sentía en mi pecho un fuego y una presión que no podía explicar con claridad, era como si fuera la emoción inmenso que sentía al tener que experimentar una aventura como esta, pero con esa pincelada que no va a ser en un mar de oportunidades y vivencias agradables, que incluso se podría volver algo bastante monótono y aburrido con el pasar del tiempo.
Finalmente salí del cuarto de la nada, porque si me quedaba pensando en el hecho de salir, no iba a hacerlo hasta que me llamaran, por lo que tomé el impulso como una fuente de corriente repentina por mi cuerpo, sin pensarlo. Me dirigí hacia mis padres, enseñándoles la maleta que usé para el viaje, una muy grande que se usaba hace años para acampar y cabía buena cantidad de cosas en ella.
—Entonces, me voy
—Por favor hijo cuídate, estaremos escribiéndonos, ¿sí?—dijo mi madre con los ojos brillantes, casi apunto de llorar
—Cualquier cosa nos avisa—añadió mi padre, con un semblante totalmente serio, quizá lo que le agobiaba era que no se pudiera mantener la finca sin mi, pero creo que con el apoyo económico sería más que suficiente para dar abasto a las demandas que se requieren.
—Si
No quise decir más, me sentía totalmente ajeno a mis padres, mi madre si bien se preocupaba, no era así, ella era bastante más activa y le gustaba mantener todo en paz y tranquilo, pero este cambio tan abrupto no pareció impulsarla, sino más bien dejarla quieta, totalmente extraña a como lo es siempre. Por otro lado la reacción de mi padre no me sorprendió tanto, quizá sentía pena por mi, y no más, de resto creo solo le preocupaba el trabajo y estabilidad financiera de la familia. Terminado esta despedida tan más gris, el del ejército dijo que nos fuéramos, que el camión esperaba afuera, que había que irse.