Semblante

1433 Words
Llegué a la finca, el vallado de madera que acompañaba los linderos de camino a la casa estaban bastante corroído por el tiempo y la humedad a causa de la neblina constante de las mañanas, aún recuerdo cuando con mi padre las pusimos, él es un sujeto bastante centrado en lo que hace, diría que incluso obtuso en ocasiones, yo ni recuerdo cuantas veces he hablado con él una larga tarde o un buen rato, y no me malentiendan, no es que hablemos demasiado, sino todo lo contrario, hablamos poquísimo, en la mañana nos saludamos y cada uno a sus cosas, y en la noche nos despedimos, fuera de la poca o nula comunicación entre los dos, es alguien responsable y cumplidor, con eso me puede valer; ¡Pero eh! Que no se acaba el camino hacia la casa, alcanza uno a pasar por los cultivos de aguacate de la finca y por el gallinero, antes no era sino un potrero, incluso recuerdo que antes venían amigos por aquí cuando no había gallinero, ahora no hay espacio para nada, incluso venía gente que ni conocía, ya saben, amigos de amigos son mis amigos. Cuando por fin llegué a las escaleras color vinotinto, que mi madre bañaba en cera cada día y medio por su afán de mantener todo limpio. Me topé con mis padres, estaban en la cocina, tertuliando como siempre esos dos. Pasé saludándolos de manera muy pasiva, atinaron a devolverme el saludo, ya sabían que a veces me desaparecía de la casa y que era para ir donde Camilo, o incluso con alguna amiga. Mi madre estaba cocinando y me preguntó si quería comer, se le veía limpiando la acelga recién extraída del huerto, ella con sus manos sarmentosas de tanto ayudar al prójimo, incluso demasiado, que no los engañe su apariencia gentil, es alguien bastante vivaracha y aviona con las cosas, no se pierde ni una.  —No ma, tranquila comí donde Camilo—le respondí —¡Ay papito sumercé se la pasa es visitando cocinas, voy a tener es que pagarle a esa señora un día de estos, dele pena—comentó preocupada —Fresca mamá —Bueno ¿Pero seguro que no quiere nada? Luego no ande ladrando de hambre pelao —Sí, hágale, cualquier cosa yo cocino algo luego. Me senté en la mesa al lado de la cocina, esta mesa era redonda, de una madera buena a decir verdad, pero que visualmente ya ha perdido bastante el encanto, siempre nos proponemos darle un arreglo pero siempre se nos pasa por las labores domésticas y de campo.  Miré a mi padre, que volvió a retomar la conversación con mi madre, y sin haber considerado el momento, apunté: —Oigan, ¿Si vieron que está lleno de militares cerro abajo? Estaban donde don Jerónimo —Pero si Jerónimo tiene a Magdita —Si, pero bueno, normal, seguramente de lo poco que vienen aquí apenas si saben quienes viven allí. —Pero ahora que lo dicen, yo lo vi super preocupado, tenía una cara de parto don Jerónimo, ¿No tiene otro hijo? Que pecaito. Me puse a pensar en lo duro que debe ser la vida en el ejército, en las películas gringas son lo más idílico e incluso bonito que uno puede llegar a ver, todos se ven con un armamento increíble y con una condición física de modelo de revista. Tampoco es que las referencias nacionales en los medios quizá sirvan de mucho, uno se lo imagina lleno de ruido, con gente haciendo y deshaciendo por todas partes para acabar sus tareas y optimizar lo mayor posible sus labores. Pero sé por experiencias de amigos, especialmente  el hermano mayor de Camilo, que es todo lo contrario, es un ambiente deprimente, donde hay demasiado silencio, nadie habla con nadie sino hasta la hora de dormir. Es increíble el misticismo y el ambiente que rodea al estar en el ejército, porque te pulen el pecho diciendo que eres un héroe nacional, pero en ningún momento te sientes así, incluso hay gente que presta el servicio y no hicieron nada, hacer ejercicio no más, tomar de gimnasio una selva o un batallón. Cuando la realidad dentro de este es simplemente querer irse, pensar en cuándo puedo irme al pueblo a descansar, en cuándo podré ver a mi familia y en lo aburrido que es estar aquí, un sin sentido. O bueno, eso es lo que piensa la gente creo desde la suma ignorancia. —Don Jerónimo parece andar preocupado siempre—dijo mi papá —¡Que va! Si yo lo veo siempre con la misma cara, serio—aclaré —¡Ay no! Pobrecito, y sí tiene otro hijo?—dijo lamentándose mi mamá —No creo, siempre que bajo no hay nadie, por eso me dejó pensando verlo así de preocupado —Pues si, pero no creo que sea nada —Bueno, yo le preguntaré mañana si lo veo— anotó conclusivo mi padre El resto de la tarde pasó bastante tranquila, en los últimos días se había ya cosechado y vendido todo, entonces las labores disminuyeron bastante, por lo que decidí pasar el resto del día en mi cuarto. Me sujeto como alguien bastante tranquilo, entonces no me molestan estos tiempos de quietud, al contrario me parecen muy sanos, porque creo que no le debemos nada a nadie, ni por qué sentirnos en la obligación de estar haciendo algo o ser “útiles”, no le debemos nada a nadie, ni a esta patria ni a esta tierra.  Me acosté en la cama, yo no tenía grabadora, hace ya unos años se estropeó y nunca se volvió a comprar una, ahora es cuando sí se extraña la grabadora vieja de Sofía. Tenía en mi cuarto una radio, que le agarraba especial cariño por las noches escuchando diferentes frecuencias donde relataban historias o sucesos curiosos sobre la gente. No piensen que soy un chismoso, todo lo contrario, aborrezco el chisme de tía; sino más bien me gusta saber que sucede con la gente, qué es lo que les pasa en sus vidas, aunque principalmente estos medios de difusión son para expresar problemas o cosas curiosas sobre sus vidas, más que el aspecto alegre o común que sucede en su día a día. Me gusta pensar que hay un montón de cosas allá afuera las cuales conocer, esas cosas que me hacen perderme y desvanecerme en mis ideas y flotar más allá de donde cualquier persona lo haya hecho. Mis manos las movía mucho al escuchar esas historias, como si yo estuviera hablando con el interlocutor, deseando poder algún día hablar con alguien de eso que sucede, pero me pregunto, ¿Realmente me sucede algo? Sería un despropósito ir a un sitio así si en tu vida no pasa nada, sea malo o no, y a mi no me pasa nada, mi vida es un mar en reposo, inexpugnable no por fortaleza propia, sino más bien por la falta de cosas que buscan perturbarla. Si, sería una perdedera de tiempo, por eso me quiero ir. Mis padres naturalmente son muy comprensivos conmigo, y creo que hasta en cierto modo saben que me cansa todo muy fácilmente, me gusta la quietud en el sentido del reposo y el analizar las cosas, pero también soy alguien apasionado que siente que debe explotar esta vida y dar de sí unas impresiones cada vez mejores. Mi papá, Javier, es nacido de este pueblo, pero sus padres son de otro sitio aún más rural que este, quizá por eso es que no congeniamos mucho y de las pocas veces que he expresado mi deseo de ir más allá, parece no comprenderlo del todo, está muy arraigado a la cultura popular de “Lo que anda bien, que se quede así”. Por otro lado, mi madre, Catalina, es alguien mucho más empática conmigo en ese sentido, pero que poco a poco perdió el interés y se fue acomodando más al estilo de mi padre. Ella es de ciudad, por lo que siempre me pareció extraño el cómo se conocieron, lo hicieron en una institución educativa, puesto que el único centro educativo cerca a este pueblo en ese entonces quedaba en la ciudad, tiempo que mi padre tuvo que vivir yendo y viniendo constantemente. Mi madre me llevó muchas veces afuera del pueblo, pero no hacíamos mucho, me sentía totalmente desconocido cuando salía de aquí y eso me gustaba, me sentía pesado, en un tono incluso de degradación de mí mismo, como si todo estuviera en tonos sepia y gris, oxidado.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD