Aria Prescott El silencio en mi oficina se sentía denso, cargado de una tensión que solo yo podía comprender. Mis dedos tamborileaban rítmicamente sobre el escritorio de cristal mientras mis ojos no se apartaban de la pantalla. Entonces, el sonido seco de la notificación de entrada de correo electrónico resonó como un disparo. Al abrir el archivo adjunto, mi respiración se detuvo. Era el Expediente de Reclamación Final que la firma presentaría ante el tribunal para iniciar el proceso de expropiación forzosa. Sentí un escalofrío que me recorrió la columna. Me puse en pie, sintiendo que el interior de mi estómago se contraía. No había tiempo para dudas. Imprimí el expediente completo, sintiendo el calor del papel recién salido de la máquina. Salí de mi oficina y caminé con paso f

