Aria Prescott El trayecto en el taxi hacia Queens fue un borrón de luces amarillas y sombras alargadas. Apoyé la frente contra el cristal frío de la ventanilla, viendo cómo los rascacielos de cristal y acero de Manhattan el imperio de Damian iban quedando atrás, siendo sustituidos por las casas de ladrillo y los cables de luz colgantes de mi barrio. Me sentía como si estuviera despertando de un trance hipnótico y que me había dejado el alma llena de cicatrices invisibles Mis manos seguían temblando sobre mi regazo. No podía dejar de ver su rostro, esa expresión de furia dominante cuando me gritó que le pertenecía. El dolor en mi pecho no era una metáfora; era una opresión física, un peso que me impedía respirar con normalidad. Me dolía la traición, me dolía la humillación, pero lo q

