Aria Prescott El silencio en el penthouse de Damian se sentía diferente después de nuestra conversación. Ya no era un silencio opresivo, sino uno cargado de una extraña complicidad. Damian se despidió de mí y me recordó que tenía informes pendientes sobre la OPA y que esperaba avances para la tarde. Su mirada se detuvo un segundo más de lo necesario en mis ojos, como asegurándose de que el cristal no volvería a romperse, y luego se fue Me quedé sola en la inmensa mesa del comedor, rodeada de carpetas y de la imponente vista de Manhattan. Me levanté trabajar en su despacho tomé mis cosas y caminé hacia el, al abrir la puerta lo ví tan vacío tan impersonal. Deje las carpetas en el escritorio y lo recorri con la mano, vi un pequeño estante con libros todos de derecho, no puede evitar i

