Aria Prescott El amanecer en el penthouse tuvo una luz distinta. Desayunamos juntos en la pequeña mesa de la terraza, rodeados por el cristal y el acero de la ciudad que despertaba. Damian estaba impecable, como siempre, pero había una calma contenida en él que me resultaba difícil de leer. El trayecto hacia la oficina fue silencioso, el motor del coche apenas un susurro mientras cruzábamos las avenidas Me quedé mirándolo de reojo. Tenía mil preguntas quemándome la lengua. Quería preguntarle sobre el contrato de la floristería que vi en su despacho, sobre la cosas de mujer que encontré, pero las palabras se quedaban trabadas. No estaba segura de lo que éramos. ¿Era su protegida? ¿Su amante? ¿Solo una asociada talentosa que necesitaba ser vigilada? —Estás muy silenciosa, Aria —di

