Capítulo 1: Instituto, ¿más unidos o no?

1926 Words
¿Por qué los jóvenes se emocionan tanto con la idea de entrar a la preparatoria? Cada uno tiene una expectativa diferente: Los estudios, el deporte, las hormonas… Pero, ¿La mía? No lo sabía. Podría ser… Intentar no ser una alma solitaria ambulante. —¡Melanie! —Escuché a mi madre gritar desde el piso de abajo. —¡En seguida bajo! —Contesté. Aunque no consideré que podría estar sola; Estaba seguro de que Logan estaba allí, conmigo, como siempre lo había estado. Y no creía que por ese momento cambiará, además no quería. Tres golpes rítmicos sonaron en la puerta de mi habitación. Me miré rápidamente en el espejo y apliqué un poco de labial color rojo vino sobre mis labios, arreglé un poco mi cabello que se hallaba trenzado y me dispuse a abrir la puerta. Ahí estaba él, observándome sonriente, pero esa sonrisa se borró para luego fruncir levemente el ceño. Lo miré confundida y él se limitó a deslizar su pulgar delicadamente sobre mis labios quitando el color del labial. —Mejor. —Afirmó y volvió a sonreír, contagiándome aquella sonrisa que me brinda seguridad. Agarré mis cosas y luego seguí a Logan escaleras abajo. Todos sentados en la mesa voltearon a verme. —¿Buen día ..? —Solté algo confundida al sentir la mirada de todos sobre mí. Mi madre se acercó y con nostalgia me abrazó. —No puedo creer que ya ingreses a la preparatoria, mi bebé. —Comenzó a apretujarme y noté que tanto Logan como Bianca disimulaban una carcajada mientras toman de su jugo. —Ya basta, mamá. —Dije sintiendo como mis mejillas arden un poco. —Solo un poco más. —Repliqué mientras me apretaba más. Mis hermanos negaron con la cabeza divertidos y yo los fulminé con la mirada. En unos años, veré igual a Bianca y también me reiré. —Eh… Cariño, creo que ya es suficiente. —Intervino Peter, mi padrastro. Mamá por fin me soltó y le hice un ademán en forma de agradecimiento. Tomé asiento y me dispuse a comer de una vez por todas mi desayuno. Un pie chocó con el mío por debajo de la mesa, así que levanté mi vista para ver a Logan observándome con una ceja alzada. —No Logan, no. —Advertí a penas logrando tragar parte de mi cereal de trigo mojado en leche. Él rio, provocando que unos tiernos hoyuelos se dibujaran en sus mejillas. —Nunca entiendo sus juegos. —Se quejó Bianca haciendo un puchero. El rubio depositó un beso en su cabeza y en un movimiento ágil se levantó de su asiento para luego correr fuera del comedor. Ruedo los ojos. —No caeré otra vez. —Dije fuerte para que escuchara y me limité a beber un poco de jugo. Su risa resonó en cada rincón de la casa. Lo oí carraspear y por acto involuntario volteé hacia donde se encontraron y noté en seguida jugaba con las cosas de mi morral. Había tomado a mi pandita. Oh no. Eso sí que no, con mi panda de peluche no.  —¡No te lo perdonaré! —Grité, aunque debo admitir que sonó más como un rugido, a la vez que me levanté del asiento y corrí tras él. Salimos de la casa y pude sentir cómo el frío de la mañana golpeaba mi rostro, pero eso no fue impedimento para vengarme por haber tocado mi pandita que él mismo me regaló. Algo irónico, pero es que nadie tenía derecho a tocar mi pandita. De un momento a otro Logan bajó la velocidad y lo imité, entonces fue cuando observé a mi alrededor. Habíamos llegado ya al instituto. Vaya que era grande, y pensar que acababa de pasar de una escuela secundaria sumamente pequeña para luego ir a un instituto que podría medir el doble o hasta el triple de aquella. —Cierra la boca que se entran moscas. —Se mofó Logan con una voz chillona mientras sostenía aún a Pandita frente a mí. —¡Logan! —Me quejé y comencé a saltar para poder alcanzar mi peluche, pero era imposible ya que él me sacaba una cabeza en altura. Su risa resonó nuevamente en mis oídos, así que me veo obligado a darle un fuerte pisotón. Entonces Logan soltó un fuerte alarido provocando que Pandita quedara a mi alcance y yo lograra sujetarlo. —Es mi primer día y ya he pasado la peor de las vergüenzas. —Musité en voz baja, para mí misma, pero el rubio había logrado escucharme y deduje por la sonrisa malvada que se había formado en sus labios, que no me iba a dejarme en paz. Cerré los ojos en el momento que sentí cómo sus brazos me rodeaban en un fuerte abrazo, para luego comenzar a darme tiernos besitos en la coronilla. Mis mejillas ardieron y cuando abrí los ojos, ya Logan me había dejado completamente sola. Quisiera odiarlo. Pero simplemente no podía. Un estruendoso golpe se escucha a mi lado y tras empujarme, veo como libros comenzó a caer en el piso. —Lo siento… —Escuché decir por lo bajo, una dulce voz mientras recogía los libros. Reí de forma amigable y me agaché para ayudar a aquella chica que torpemente había tropezado hacía unos instantes. —¿Eres la novia de Dawson…? —Alargó la chica con algo de inseguridad. Negué divertida. —Es mi hermano. Soy Melanie Dawson pero puedes decirme Mel. —Estiré mi mano junto a una sonrisa con la esperanza de hacer alguna nueva amiga en este sitio tan grande. La chica sonrió esta vez con más confianza. —Jen. —Responde al momento de sujetar mi mano. Jen quien durante el día estuvo junto a mí, me enseñó un poco el instituto. Su hermana mayor estaba en segundo y Logan en tercero. Me dijo que como en todos lados, está el grupo de los "Populares"; lastimosamente mi hermano hacía parte de ese grupo. Sin embargo, Logan no era ese chico arrogante y narcisista como el resto de ellos. Jen dice que en el instituto es muy bueno y amable, o al menos es lo que le ha dicho su hermana. En realidad todos piensan eso de mi hermano, y aunque en parte él es así, a veces podía ser muy pesado.  En realidad todos piensan eso de mi hermano, y aunque en parte él es así, a veces puede ser muy pesado. Principal víctima de eso soy yo. Las clases fueron algo normal, nada del otro mundo. Podría decir que a diferencia de la secundaria, mis compañeros no se centraban en hacer ruido y moverse para todos lados. Simplemente, si no les agradaba la clase, se colocaban unos auriculares junto a buena música y adiós mundo, o cuando el profesor daba la espalda, se dedicaban a tomarse las populares selfies . En medio de la clase de Álgebra, me entraron unas terribles ganas de ir al baño. Así que me levanté y fui hasta donde el profesor para pedirle permiso. Interrumpió su explicación para asentir rápidamente, por lo que salí inmediatamente del salón. Estuve deambulando un rato por los pasillos, buscando el baño, cuando después de cinco o seis minutos me di cuenta que estaba perdida. Fue entonces, cuando pasaba cerca de una ventana, escuché cómo alguien gritaba el nombre de mi hermano. —¡Pásala, Logan! —Escuché de nuevo. Mi atención se dirigió hacia aquel rubio sudado que se encontró jugando fútbol. No podía creer cuanto tiempo había pasado. Y pensar que cuando era tan solo una pequeña niña me atrevía a creer que lo que sintió por Logan era un simple cariño entre hermanos. Pero más tarde me di cuenta que no era así. Lo que sintieron por Logan es amor. Y es que para mí, todo en él era perfecto. Desde su cabello rubio sudado que se adhiere a su frente con cualquier movimiento, sus extraños ojos color avellana que se achinan con cada encantadora sonrisa. Cuando corre y su camisa se adhiere a su cuerpo debido al sudor, marcando sus tonificados abdominales. Es que para mí, mi Logan era algo semejante a lo prohibido, imposible, inalcanzable… ¿Para qué hacerme ilusiones cuando él nunca correspondería y mucho menos la relación nuestra familia la aceptaría? Pero cada vez que por mi mente se pasaba la idea de fijarme en otro chico, volvía y aparecía él, haciendo algo de lo cual yo me seguiría enamorando más. ¿Por qué lo hacía tan difícil? Hacerme falsas ilusiones, para que más adelante, como en este momento, llegue otra chica y frente a mis ojos me lo arrebate. Para mí era muy doloroso ver como sonreía cuando alguna chica lo abrazaba o lo besaba. Su felicidad y su placer eran la causa de mi soledad, ya que mientras seguían sintiendo eso por él no podía ver con ojos de amor a ningún otro chico. Si tan solo yo pudiese demostrarle lo que por dentro y me diese la oportunidad de sacarle una sonrisa de la misma forma en que sus pretendientes lo hecho hecho todo este tiempo… Pero claro, el destino me había hecho presa de aquella condena familiar. —¡Bú! —Exclamó Jen, la chica que había conocido hacía unas horas, al mismo tiempo que agitaba mis hombros. Sonreí y de inmediato desvié mi vista hacia ella para eliminar cualquier tipo de sospecha. De algo si estoy segura y es que en eso era bastante buena, pues lo venía haciendo desde hacía ya unos años. —¿A quién espiabas? —Susurró con una sonrisa maliciosa y yo no puedo evitar soltar una risita. Pero al ver como ahoga un grito mi semblante cambió rápidamente a uno de preocupación. —¡Al latino! —Chilló ahora emocionada y yo la observé con confusión. —¡¿Quién ?! —Repliqué. —Ahí vienen. —Dijo con cierta picardía y se posicionó a mi lado. Vi de reojo como Logan venía al final de aquel grupo, con su brazo rodeando la cintura de una chica que llevaba el cabello teñido de un escandaloso púrpura. Los demás chicos disminuyeron su paso al percatarse de nuestra presencia. Uno de ellos, aquel de piel bronceada y cabello alborotado, se posicionó delante y nos miró expectante con una ceja alzada. Seguro y esperaba que de nuestras bocas saliera algo relacionado con algún halago o simplemente decirle nuestro nombre y darle el número telefónico. Por su aire de arrogante y mujeriego, estaba más que segura que se trataba de eso. Noté cómo Jen se desenvolvía fácilmente hablándoles a los chicos, mientras que yo solo podía centrar mi atención en las manos entrelazadas de Logan y la chica de cabello púrpura. —¿Es cierto eso, Mel? —Pronunció por primera vez mi hermano, consiguiendo que mi mente volviera a la realidad. -¿Qué cosa? —Repliqué con algo de vergüenza por no estar pendiente de una conversación en el cual yo había sido el tema central. O eso era lo que parecía. Oí cómo el chico de piel bronceada reía con aire altivo. —Pequeña Mel, solo tenías que pedírmelo. —Añadió en el momento que garabateaba algo en un trozo de papel. Lo puso en la palma de mi mano para después darme un sonoro beso en la mejilla, provocando que la sangre inundara por completo mi rostro sintiéndome aún más avergonzada principalmente por no entender nada. Una vez más rio y luego se alejó con los otros chicos pisándole los talones. —Hablamos luego, Mel. —Se despidió Logan con una sonrisa y vi cómo se alejaba con aquella chica que con la mirada me quería devorar y desaparecerme de una vez por todas de este mundo.  Madre mía, qué miedo. Giré lentamente sobre mis talones para quedar frente a frente con Jen. Ella se limitó a estirar sus labios en un tierno puchero y parpadear rápidamente, en su intento de verse lo más inocente posible. —Creí que te gustaba El Latino . —Soltó con vergüenza. Negué con la cabeza divertida. —Claro que no, sólo pasaba por aquí buscando el baño y me perdí. Ella sonrió y me guio hasta el lugar que en un principio su búsqueda me había llevado ahí. El resto del día, junto a Jen, nos estuvimos riendo de la escena con El Latino y su gran complejo de superioridad. 
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