El viaje hacía el reino de Asterbark iba en camino, el carruaje real lucía regio y los carruajes de quiénes los acompañaban y los regalos iban en la comitiva resguardados por los soldados y en el carruaje principal los Reyes y sus hijas compartían de unos bocadillos.
Todo parecía estar preparado y listo para el enlace matrimonial. Por las calles las gentes se despedían de la joven princesa y le deseaban dicha y felicidad, estaban agradecidos porque por ella se acabaría el temor a una guerra y para Andreina aquella despedida cariñosa de su pueblo era un motivo más para casarse con el príncipe Fillip..
¡Me gustaría estar en tu lugar Andreina, dicen que el príncipe es muy guapo!
¡No hables de esa manera del prometido de tu hermana!
La reprendió su madre
¿Porqué mamá?
Si lo que dicen de él es cierto, mi amiga la condesa que lo conoció en persona me dijo que él era alto y gallardo y con unos ojos y unos labios..
¡Margeritt!
¡Cállate ya!
No sé que haré contigo niña...
Andreina y tú son tan diferentes que a veces pienso que como pueden ser hermanas si son tan opuestas entre sí. Ella se parece a mí, ¿Pero a quien te pareces tú?
No sé mamá, creo que soy igual a...
¡A mí!
Las risas no se hicieron esperar del rey y de Andreina, Margeritt siempre tenía respuestas para todo haciendo exasperar a su madre.
La princesa Margeritt era una chica extrovertida y divertida, siempre sabía que decir y eso molestaba a su madre la reina Anatoya.
O Any, como le decía por cariño su esposo el rey Nicolás
El viaje rumbo al Palacio del príncipe Fillip se hizo más relajado gracias a las ocurrencias de su hermana menor Margeritt, sus bromas y ocurrencias hacían reir a Andreina y hacían que en su mente todas las cosas se aliniearan para la joven princesa, al menos en el exterior todo tomaba su orden.
Pero en el Palacio el príncipe Fillip se hallaba muy inquieto.
¿Que te sucede Fillip ?
Parece que tienes hormigas en los pies, si no te conociera bien diría que quieres salir huyendo por la puerta del Palacio...
¡Así es!
Exclamó el príncipe Fillip sin pensar
¿Que dijiste Fillip ?
¡Sabes que esto es necesario Fillip, , de esta boda depende que no haya guerra entre los reinos esto es un...!
¡Lo sé papá!
¡ Lo entiendo bien!
Respondió el príncipe Fillip.
Entonces, ¿Que pasa contigo Fillip? Desde que volviste del campo actuas muy extraño, pareces distraído y a veces estás algo ausente, te aconsejo hijo que salgas a caminar por unos minutos antes de que llegue tu futura esposa y aclares muy bien tus ideas y pongas en orden tus prioridades y convicciones, no querrás darle una mala impresión a tu futura esposa la princesa Andreina...
Su padre lo miraba molesto, él era muy intransigente y en lugar de ayudar a Fillip esa actitud lo alteraba aún más sus nervios estaban a tope y sabía que no debía cometer ningún error.
Así qué Fillip aceptó la sugerencia de su padre y salió a caminar un poco, sus sirvientes le avisarian sobre la llegada de la princesa Andreina y sus padres,.así que caminaria por el bosque cerca del Palacio para calmarse un poco y poner sus pensamientos en orden.
Mientras lo hacía trataba de bloquear en su memoria cada recuerdo, deseo o sentimiento por aquella preciosa mujer que lo había enamorado en su viaje al campo. No entendía que los había llevado al mismo lugar aquella tarde, los dos parecían querer alejarse de algo o encontrar algo.
Nunca le preguntó nada ni ella tampoco a él, sólo disfrutaron cada momento juntos, como si fuera el primero y el último que vivirían. Eran como dos almas gemelas.
Que absurdo, me aleje del Palacio para no pensar en ella y es lo único que estoy haciendo, no quiero recordarla y tengo mi memoria saturada de ella...
Imagino su sonrisa y me muero por sentir sus labios, recuerdo su cabello y quiero meter mis dedos en su cascada y abrazarla, sentirla en mis brazos...
Oh Fillip ..
¡Que tonto eres!
Vienes huyendo de sentir y te ahogas de las ganas, si la tuviera frente a mí en este instante le diría...
Se que no debo, pero de todos modos lo haría...
Le diría, ¡Que la amo!
Que ella es la única mujer que amaré mientras viva, que desearía ser libre de mi corona para hacerla mi esposa y darle hijos que adornen nuestra casa, que jamás había sido más feliz que en sus brazos...
Sus pasos se alejaban cada vez más del Palacio y sus pensamientos cada vez se acercaban al rechazo a su compromiso.
El príncipe Fillip trataba de ordenar sus ideas y su mente se llenaba de recuerdos, su alma estaba invadida de su bello ángel y el recuerdo de sus besos hacía arder su boca.
¡Tengo tantas ganas de besarte, que muero de tan solo imaginarte!
Oh mi bello ángel, Cómo pude enamorarme así de ti...
¿Cómo voy a poder olvidarte si estoy lleno de ti?
Tengo que lograr sacarte de mi cabeza, tengo que intentarlo...
El príncipe Fillip caminaba lento con la mirada triste y mirando al suelo, no podía levantar su mirada, porqué sentía llevar una pesada carga en su espalda, su pena era grande y aunque sabía desde muy niño de su compromiso, nunca imaginó encontrar el amor en aquella bella muchacha.
Ni mucho menos entregarle el corazón de la forma en como lo había hecho.
El príncipe Fillip sufría tremendamente y mientras se alejaba de su Palacio su corazón se sentía más cerca de la mujer que amaba, haciéndole eso más dificul a el pobre muchacho.
Su padre el rey Hernaldo se preocupaba de la actitud de su hijo Fillip y platicaba con su esposa tratando de calmarse él también.
¿Temes que nuestro hijo se retracte?
Le preguntaba su esposa
¡No lo sé nujer!
Fillip ha venido actuando extraño y tengo el corazón inquieto, creo que sólo estaré en paz cuando lo vea casado con la princesa Andreina...
¡Yo también querido!
Creo que dormiré tranquila cuando Fillip se case con la princesa Andreina y nuestros reinos esten aliados y en paz...
Los padres del príncipe Fillip eataban preocupados por su hijo, porqué deade que había vuelto de su viaje al campo su conducta había cambiado mucho y a su madre la reina le preocupaba más porqué notaba su tristeza aunque él negaba estar triste.
En su corazón de madre, la reina sabía que su hijo tenía una pena.
No lograba imaginar qué lo hacía sufrir, pero sabía que su hijo Fillip no se lo diría para no preocupararla.
Ambos reyes padres del príncipe Fillip esperaban que la caminata le sirviera a su hijo para ordenar sus ideas.
Mientras el príncipe Fillip luchaba con su corazón tratando de callar sus sentimientos y poner su razón y su deber en su lugar.
Esa batalla no le estaba siendo fácil al príncipe que respiraba amor y recuerdos y se sumergia en el recuerdo del sabor de los besos de su bello ángel.
¡Sé qué no debo recordar ni desear esto!
Pero solo ésta vez, ¡por solo ésta vez!
Me sumergere en el recuerdo del sabor de sus labios y enloquecere por unos segundos de la sed de besarlos...
¡Mi amor!
Serán mis últimos besos, aunque no estés aquí para comerme tus labios, aunque no estés en mis brazos, yo me hundire en tus recuerdos para sentirme tuyo aunque sea unos instantes...
Después dejaré mi alma en estos parajes y mi corazón se llenará de deber y obligaciones reales...
¡Adiós mi amor!
¡Adiós a la miel de tus besos!
¡Adiós al calor de tus brazos!
¡Adiós a tus recuerdos!
¡Adiós mi bello ángel!
Mientras el príncipe Fillip se desprendía de su amor por su amando ángel, sintiendo que su corazón se hacía mil pedazos en su pecho, el carruaje de su prometida se acercaba trayendo su destino hacía él.