Margeritt había sido raptada el día de su boda y escondida en una cueva, no lejos del palacio dónde nadie se imaginaria que la habrían ocultado de su esposo el rey Frederick. Albert se reía de la situación, su astucia ponía en ridículo al rey y al reino de Concordia que no lograba encontrar a la esposa de su rey. Mientras Frederick estaba muy preocupado por Margeritt y su hijo, caminaba por los pasillos del castillo buscando una respuesta: ¿Cómo habían podido pasar los guardias de la entrada y llegar hasta la capilla. Prontamente la respuesta llegó a él, los guardias estaban muertos. Frederick se angustio mucho al saber a sus guardias muertos, era un hecho que esos hombres hablaban un lenguaje de sangre y venganza, estaban decididos a todo, lo que no comprendía Frederick era si esos

