2. El castigo de la maestra Sofía.

1326 Words
2. El castigo de la maestra Sofía. Henry. Pasan los días y la maestra Sofía se convierte para mí en una diosa, en una criatura a la que, en lo más profundo del corazón, venero. Cuando ella abandona el aula y me deja solo, beso el lado de la sala que ha pisado y el lugar donde ha posado ese redondito culo, incluso el aire que flota, unos centímetros más arriba, donde situaba con la imaginación su adorable coño. Ansío algo más de todo esto, pero no sé exactamente lo que quiero; y es que en realidad sigo ignorando todo acerca de la unión de los sexos. Llevado por mis ansias, subo a la habitación que mis hermanas comparten con la ella, quiero arrojarme sobre su cama y abrazar en sueños su precioso cuerpo. De pronto escucho que alguien se acerca y, sabiendo que no tengo nada que hacer aquí, voy rápidamente a esconderme debajo de la cama. Un instante después la propia Sofía entra y cierra la puerta. Falta aproximadamente una hora para la cena. Se quita el vestido y, después de colgarlo en el placard, saca una caja de madera con sus objetos personales, la abre. Abre la ducha y coloca a su lado una esponja. Luego, delante del espejo se baja la falda, se sube la camisa hasta la cintura, ofrece a mi devoradora mirada su glorioso culo blanco en todo su esplendor y al darse la vuelta para acercarse a la ducha, me muestra su bajo vientre y su hermoso monte de venus, con todo su abundante vello. Por fin, cuando se va a meter a la ducha, los rosados labios de su coño estallan ante mis ojos atónitos, cuando se toca y acaricia ella misma. Jamás podré olvidar la emoción de este instante, por suerte ya que es demasiado para mis excitados sentidos, al sentarse desaparece el motivo que estaba a nada de volverme loco. Sofía se lava las tetas, las entrepiernas con la esponja durante casi cinco minutos. Luego se sale de la ducha y vuelve a mostrarme por un momento los prominentes labios de su coño. Permanece de pie delante de mí dos o tres minutos más mientras se seca con la toalla las gotas de agua que quedan sobre sus ricos rizos que le rodea la concha, de ese modo veo como nunca antes y en la postura más voluptuosa, sus carnosos muslos, vientre y monte de venus. ¡Maestra Sofía, querida y deliciosa maestra Sofía! ¿Qué pensarías dw mí si te llegas a enterar que me dedico a contemplar tus admirables encantos, y que mis ansiosos ojos luchan por atravesar aquel bosque de rizos rubios que ocultan esos labios prominentes y maravillosos que tienen en tus entrepiernas? ¡Y lo que más deseo es besarte, besarte y nada más! porque no se me ocurre otro modo de poseerte y menos la posibilidad de penetrarte. Cuando termina de vestirse se pone medias de seda, una blusa escotada y una falda tubo, se arregla el pelo y se aplica un suave labial, y abandona la habitación. Yo salgo de debajo de la cama. Llevado por mi gran excitación fui a olisquear las prendas que se ha cambiado. De la sesta de ropa sucia tomo su calzón y lo huelo, me impregno con su aroma a mujer y lo beso. Pasan varias semanas desde su llegada a casa, y el deseo que siento por ella hace que sea un alumno impecable, deseoso de cumplir con todo lo que ella pidiera, siempre que no me distrajeran las circunstancias ya explicadas. Mi ejemplo provoca que mis hermanas muestren más o menos la misma actitud que yo, pero aquella situación no puede durar, para mis hermanas y para mí es poco natural. Mientras las cosas marchan bien, Sofía nos trata con amabilidad, y nosotros, comenzamos a creer que podemos hacer lo que nos venga en gana, comenzamos a portarnos cada vez peor. Con nuestro tan pésimo comportamiento Sofía se vuelve cada vez más reservada, comienza a llamarnos la atención seguido y acaba amenazándome con la regla, pero nosotros no creemos que vaya a lastimarnos, y continuamos. Lucy se comporta de un modo cada vez más insolente con ella, hasta que una tarde se atreve a desafiarla y se niega a terminar con la tarea. —Lucy. Ponte de pie —le ordena Sofía, completamente irritada. A lo que mi gemela desobedece. —Ni sueñes —le dice Lucy, y entonces Sofía la coge por un brazo y la arrastra hacia el jardín. Mi hermana es fuerte y se resiste con uñas y dientes, pero es inútil. Sofía enrojece de ira, la alza en brazos y trata de sacarla sujetándola con una mano mientras con la otra le rodea el cuerpo, y en el forcejeo le toca la teta, eso me calienta, la lleva a rastras hacia el jardín, la forza a recostar el cuerpo, sobre la mesa en la que a veces desayunamos y la hace apoyar parte del cuerpo sobre la mesa, hace que separe las piernas y doblar un poco las rodillas, y con la ayuda de una regla comienza a darle en su trasero, pero como mi hermana lucha por soltarse, enel forcejeo hace que se le caiga la falda al piso, dejando expuesto su culo, al igual que todas sus partes íntimas. Sofía está tan furiosa que no repara en ello y le sigue dando reglazos. Como han pasado al menos dos meses desde la última vez que a mi gemela le vi sus partes íntimas, me sorprende mucho descubrir que ahora los labios le sobresalen más y que su monte está cubierto por un musgo bastante más tupido. La visión de mi gemela en ese estado me resulta más excitante de lo esperado, dado que, con mi mente totalmente absorbida por mi diosa Sofía, durante ese tiempo he dejado prácticamente de juguetear con Lucy. Aquella visión de sus partes íntimas despierta en mí viejas sensaciones y aumenta su intensidad, y mientras va castigando a mi hermana, me doy cuenta que a Sofía le brillan los ojos de una manera especial. Está hermosa. Jamás voy a olvidar este instante, aunque dura sólo unos minutos, la regla termina por romperse, sobre el pobre culito de Lucy. La carne vuelve a estremecerse, y Lucy, que está decidida a no llorar, enrojece y muerde su lengua. El brazo en alto de Sofía se está preparando para dar el siguiente reglazo, con un silbido cortante, estalla sobre las palpitantes nalgas de Lucy. Su terquedad le impide rendirse, y, aunque la vemos hacer una mueca de dolor, ni un solo sonido escapa de sus labios. Retrocede otro paso, Sofía vuelve a alzar la mano y el brazo, ahora con una intención tan clara que las puntas más largas de la regla se parten entre las nalgas. Mi gemela esta vez ya no puede aguantar el dolor y lanza un grito desesperado. La regla vuelve a golpear en el mismo punto que la ultima vez. —¡Ay, ay, ay, maestra! Le prometo que nunca, nunca más me portaré mal, ya no me lastime. Era algo penoso de ver, y sin embargo, verla resulta al mismo tiempo, excitante. Yo no puedo apartar los ojos de su culito enrojecido, adolorido. Cambio de posición y puedo ver incluso su raja, sus labios abultados no sólo aparentan ahora una mayor hinchazón por efecto de tan severo castigo, sino que además comienzan a abrirse y cerrarse, sin duda estremecidos de dolor. Pero para mí es excitante presenciar todo esto. Tengo que hacerle un exámen minucioso en un momento más oportuno, sé que será pronto. Ahora mi gemela, se encuentra totalmente molida. En realidad, todos estamos asustadísimos, pero ahora ya sabemos lo que nos pasará si nos portamos mal. A partir de ahora ya no podemos permitirnos la menor rebeldía y tenemos que obedecer a nuestra maestra en todo cuánto se le antoje ordenarnos. Hemos aprendido a tenerle miedo.
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