35. La cosita de Alexa Price. Me enderezo y le digo: —Puede azotarme si quiere otra vez si con eso va a hacerme sentir un placer como este. Su rostro está encendido y sus ojos resplandecen con el brillo de la pasión libidinosa. Mi pija apenas ha perdido algo de su fuerza después de correrme y ahora la tengo más empinada que nunca. —Caray, Henry, yo te creía un chico inocente aún, pero ahora veo que eres todo un hombre. —¡Qué rico, no me la suelte por lo que más quiera! —¿Nadie te la ha agarrado nunca de esta forma? —No, jamás he sentido un placer como este. —¿No sabes entonces para qué sirve esto? —Claro que sí. Es por donde se mea. Alexa se ríe. —¿Siempre la tienes tan dura? —Todas las mañanas cuando me levanto la tengo así, y me duele muchísimo hasta que orino. —¿Y nadie te

