7. Placeres nocturnos. Henry. Yo hago lo que pide y mi amada señora, y ella comienza a desvestirse. Mis ojos ansiosos devoran cada una de las encantadoras prendas que se va quitando. Suelta su cabello y le cae como cascada sobre la espalda. Su camisón de noche transparente es de seda fina y tiene un aspecto divino. Un momento después ya estoy en su cama y me estrecha entre sus brazos. —Y ahora, Henry, debes comportarte como un buen chico, y no hacer ruido, mientras te doy tu primera lección de amor. Mira, yo me echo de espaldas, ponte de rodillas entre mis muslos abiertos, así, muy bien, cariño, y ahora deja que yo dirija tu asombroso instrumento de placer. Ya puedes tumbarte sobre mí. Me echo sobre su delicioso vientre blanco y me aprieto contra el vello de su monte de Venus. Ella,

