17.

1821 Words
Mila’s POV Marian me cautivó En un vistazo Todas las razones Para el amor En un buffet Marian y su luna Su preferida luna Volvió su cara una vez más a mi Y en un segundo vi pasar Mi vida junto a ella Marian y sus besos Mis favoritos Un poco de su hálito final Un poco de su labio Me he llevado   -¿Qué pasa? ¿por qué estás tan… ida o… triste? ¿es porque duramos días sin hablarnos?-Preguntó Sebastián y negué con la cabeza. Él había llegado esa noche de viernes sin previo aviso, pero llegó como si nada, como no hubiésemos discutido en la otra ocasión, pero la verdad, no le presté atención. Estos días no han sido para nada fáciles para mí, todo ha sido muy complicado, es como si mi vida hubiese dado un cambio radical, pero para mal… y no tenía idea de cómo todo se pondría mal para mí, de todo lo malo que vendría para mí ahora. Cuando se fue Danilo ese día, sabía que había cambiado algo en mí o más bien, que algo se había roto. Todo el tiempo me había forzado a creer que yo estaba bien, que estaba teniendo la vida que quería y que era “feliz” de ese modo, pero no, estaba completamente equivocada. No era feliz, es que ¿cómo serlo con alguien en quién no pienso ni una hora al día? Todo el tiempo Danilo estaba en mi cabeza y quería creer que no era así, pero… los únicos momentos en que me sentía bien y completa, eran siempre a su lado, tanto antes, como ahora. Es que era feliz incluso con las cosas mínimas, como estar con él y sus pequeños pintando en la sala, haciendo nada en especial, pero aún así, me sentía bien y odiaba cuando esos momentos se terminaban, porque no quería irme, sentía que estar con ellos era lo que necesitaba, como que eran mi lugar y ahora, al ver todo esfumarse, ahora que tengo certeza de que Danilo me odia y me quiere lo más lejos posible de su vida, me hace sentir un vacío demasiado grande y no sé qué hacer, cómo alejar el dolor, como sentirme bien cuando todo el tiempo me estoy sintiendo tan miserable, es que… dios, tengo miedo de qué será de mí ahora. No sólo con él las cosas se habían jodido, era todo en general. No sabía cómo ir a la empresa ahora y no sólo por él, tenía mucho temor de cruzarme a Adrián, no sé si siga molesto conmigo y vaya a querer agredirme de nuevo… tampoco con Carlos, él me habló con tanto enojo que me darían muchos nervios el cruzármelo y lo más probable es que Milton también deba estarme odiando, así que no sé cómo ir, ellos trabajan un día que otro en la empresa, no sé qué haré si me los cruzo o a mi hermano, o peor aún, a Danilo… todo en mi vida se complicó ahora, es como si hubiese perdido a mis personas más cercanas de un solo golpe abrupto, pero de una cosa estaba segura ahora. Sé que jodí las cosas por completo con Danilo, estoy consciente de ello, pero… aún así, no quiero joderle la vida a alguien que no lo merece. No estoy enamorada de Sebastián, nunca lo he estado y a pesar de que esta decisión probablemente me cueste el quedarme sola, no hay vuelta atrás. Iba a terminar mi relación con Sebastián. Llegó justo en un pésimo momento, en que había abierto la segunda botella de vino de esa noche y me encontraba triste, con los ojos hinchados y para acabar los males, medio ebria. Apenas lo vi llegar, porque ingresó al tener las llaves, me miró extraño y se sentó a mi lado. Yo estaba en la terraza, tenía los pies en el agua y no hacía nada en especial, solo pensaba y, ¿en qué más podía pensar? ¿en quién más? Pensaba en Danilo, como siempre estos días y es que esta semana entera, no hice nada más que pensar en él, ¡en serio nada más! Con una excusa médica falsa, me ausenté de las reuniones y citas que tenía, no fui a la empresa y es que ni siquiera salí de casa ni un segundo. No me sentía bien, estaba demasiado triste y no tenía ánimos ni de levantarme. En casa tampoco hice nada, a mi siempre me ha gustado mucho cocinar, es de las cosas que más me gusta hacer, pero no tenía ni ánimos de eso, comí sólo las cosas que ordenaba por teléfono y afortunadamente la casa no estaba hecha un desastre porque hay una señora que viene a limpiar todas las mañanas y si no es por ella, mi casa sería una destrucción total, así que le agradecía enormemente. Incluso ella, a quién conozco muy poco porque siempre que venia a limpiar yo no me encontraba en casa, pero aún así, casi sin conocerme, me miraba extraño, como preocupada y todos los días me preguntaba si estaba bien, si quería hablar, pero no quería perturbar a nadie con mis problemas. -Mila, llevo rato hablándote. ¿En qué tanto piensas?-Preguntó Sebastián agarrando mi brazo y cuando vio la copa de vino en mi mano, me la quitó.-Oye, sabes que no me gusta que bebas. -Cuando me pediste matrimonio, pediste una botella de licor. -Sí, pero no tenía alcohol.-Me guiñó un ojo. Lo que sucede es que Sebastián por su religión tiene prohibido rotundamente beber si es que no se quiere quemar por las eternidades en el infierno, así que no bebe y trata de inculcarme siempre sus creencias, como el modo de vestir, aunque por esto no molesta tanto porque de igual forma, yo no soy de vestirme tan destapado, siempre visto formal por la empresa, aunque si vistiera así, ni loca lo dejaría de hacer por él. También me inculca el tema de la música, detesta cuando me ve poner en el auto música de Ramnstein porque los considera “satánicos” o el rock en general, cuando no lo es, intenta que vaya a la iglesia y he ido un par de veces, pero no me gusta para nada ese lugar, me perturba la gente, todos son demasiado amigables, sonríen mucho, hay demasiados extranjeros, casi todos son familias grandes, con muchos hijos y se casan muy jóvenes. Recuerdo una ocasión en que él me pidió llegar a una reunión que había un sábado en su iglesia, la del norte y yo llegué luego de haber estado escribiendo, pero cuando entré, todos me fulminaron con la mirada al sentir el olor de lo que traía en mi vaso, es que me había detenido a comprar un cappuccino y fue algo fatal, a Sebastián casi debo enterrarlo ese día porque por poco muere y ese tema es otra cosa difícil, el tema de su religión. Lo de no tener sexo jamás me importó, me daba igual, no es como que me dieran ganas de hacerlo con él tampoco, pero el resto de cosas, sus creencias, eran otro motivo que me hacía desistir, aparte del principal, Danilo. -Qué porquería. Esas bebidas sin alcohol son para gente muy extraña.-Me quejé. -Debes acostumbrarte, cuando vivamos juntos no voy a dejar que tengas reservas de vino como ya veo que tienes. -Sí, no me digas.-Lo fulminé con la mirada. -Oye, sé que hemos tenido días difíciles porque me he puesto pesado, lo reconozco y me disculpo, así que quise hacer algo para recompensar un poco, que nos anime a ambos. -A ver.-Pregunté curiosa y él sonrió. -Los misioneros vendrán en una hora, para darte las charlas para ver si el otro mes te bautizas, antes de la boda civil. Sabes que eso es muy importante porque si no, no podríamos “sellarnos” en el templo. -¿Qué?-Repliqué alterada.-¿Qué son “misioneros”? y te dije que eso de “sellarse” como si uno fuese una caja, no va conmigo.-Me quejé y él frunció el ceño. Esa gente tiene creencias muy extrañas, debes estar bautizado, luego casarte por lo civil, para ir a casarte en el templo, que no, no es una ceremonia normal. Es algo perturbador, en que hacen que la pareja se miren en un espejo gigante, que te refleja infinitamente, me daría mareo, pero eso representa en teoría, que estarás con esa persona por la eternidad y no, no haré algo como eso, me parece una vil patraña y me da pánico, parece como un ritual y no quiero que dos extranjeros vengan a predicarme sobre algo en que no creo. -Los misioneros, ya sabes, los que van con la placa. -Sebas, lo siento, pero no. Desde un principio te dije, respeto que creas en eso, pero yo no y además… necesitamos hablar. -Mmm.-Me miró de reojo, nervioso de repente.-Siempre dicen en los libros cliché que esa es la frase que utilizan cuando van a terminar contigo. -Quiero ser sincera contigo, porque eres una buena persona y lo mereces, pero… no estoy lista para casarme, creo que nunca lo he estado, ni antes, ni ahora y… no estoy pasando por un buen momento, estoy triste y confundida, es que… si te soy sincera… no estoy enamorada. -Mmm, ¿sabes? Eso ya lo sabía, siempre lo he sabido.-Dijo encogiéndose de hombros, aunque no parecía tranquilo. Lucía triste y me hizo sentir mal que él siempre hubiese estado consciente de ello, no era justo para él. Era un excelente chico, demasiado para cualquiera y se merecía a alguien que lo adorara y que diera todo por él. -Oh, lo siento… -Es que… también es mi culpa, ¿sabes? Sé que siempre fui insistente con el tema de que saliéramos, insistí sin parar aún cuando sabía que no estabas segura, que acababas de salir de una relación larga que te marcó mucho y… fui egoísta en ese sentido, porque quería estar contigo como fuera y creí que ya conmigo, lograrías superar eso y me querrías, pero… sé que así no funcionan las cosas. -Sí, tienes razón… -Bueno, supongo entonces debo cancelar la boda y todo, se terminó lo de nosotros, ¿no es así?-Preguntó y tomé aire, asentí y él miró lejos, nostálgico. Sabía que estaba triste y me dolía romperle el corazón, pero era lo justo, merecía a alguien que lo quisiera por completo, no a medias como yo. -Lo lamento… -Está bien, suponía que en algún momento pasaría. Sólo… quería que tal vez hubiese durado un poco más, pero lo entiendo. No pasa nada.-Sonrió y pasó su brazo por mis hombros.   Eso era lo mejor que había hecho en mi vida, la mejor decisión que pude tomar, pero… sí, ese sería tal vez el último momento normal de mi vida, porque no tenía idea de todo lo malo que iba a venir para mí. 
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