Danilo’s POV
Caminaba en la plaza de la paz que es un lugar bastante conocido de la ciudad, pero no lo hacía por pasear ni mucho menos, es que me encontraba extraviado, tenía que ir a comprarles unas cosas de la escuela a los niños en el centro, pero no sé cómo terminé aquí y también olvidé donde estacioné mi auto, es que soy bien tonto a veces. Al final me rendí y decidí no darme mala vida, me compré un helado enorme, de chocolate, vainilla y fresa, también le añadí cosas encima porque era divertido, le puse chispitas, hershey, masmelos y caramelos, es que era tan grande, que me hizo muy feliz, pero lógicamente, cuando iba por la mitad, empezó a derretirse y no supe qué hacer, avanzaba a toda velocidad y no podía comerlo tan rápido, es que era más grande que un balón de baloncesto y no podía acabarlo, me empalagué y empezó a regarse en mis manos, así que empecé a desesperarme, odio ensuciarme, no lo soporto, no lo soporto. Mierda, al final, lo aventé al piso, enojado y sabía que eso me había arruinado el día por completo.
-¡Maldito!-Exclamé, enojado mientras me limpiaba las manos con servilletas y noté que un par de mujeres me veían entre risas. Esto es vergonzoso, creo que vieron todo el espectáculo tan deplorable que hice. Pensarán que soy un retrasado o bueno, no podría culparlas por eso, lo era en cierta parte y ya como que lo acepté, después de mucho.
-No deberías aventar comida al piso.-Dijo una de ellas quejándose, apresurándose en limpiar mi desastre, es que aventé el helado lejos y ensucié varios metros con este.
-Perdón.
-Estás contaminando.
-O era el piso, o era mi brazo.-Dije intentando defenderme y siempre sería prioridad el no ensuciarme.
-Tu brazo lo puedes lavar, ahora el piso se llenará de hormigas y estará sucio, olerá mal.
-Oh, lo siento.-Dije avergonzado y de nuevo, ambas rieron. No sé por qué reían, nunca fui una persona graciosa ni mucho menos. Terminé de limpiarme y cuando me disponía a irme, una de ellas me llamó.
-Oye, tú.-Dijo la mujer de pelo n***o. Era bastante blanca y delgada, mucho y no tengo idea de cómo se mantiene en pie, más con esta brisa. Es que si sale volando como cometa, creo que sería una noticia nacional, algo sin precedentes, pero posible.
-¿Eh?
-Danilo.
-Oh, soy Karina.-Estiró su mano hacia mí y pensé en darle la mía, creo que eso es lo que la gente normalmente hace, pero lo pensé mejor y no lo hice. Me miró extraño cuando me vio desistir de tomar su mano.
-Lo siento, prefiero evitar los gérmenes o contaminación como tú dices.
-Te dije que era extraño.-Le comentó la mujer al oído, pero no lo suficientemente bajo porque alcancé a escuchar claramente. Resoplé. Esta era algo diferente a la flaca, era trigueña, bastante alta y usaba el pelo muy corto.
-Bueno, adiós.-Dije dándome la vuelta para irme, porque se me hacía tarde, pero de nuevo, me detuvieron.
-Oye, ¿eso es tuyo?-Escuché la voz de “Karina”, señalándome a un costado y cuando miré, noté que mi teléfono yacía en el piso y ni me di cuenta de cuando se cayó. Creo que fue cuando me limpiaba frenéticamente, es que lo hice muy rápido y de forma desesperada porque no quería quedar pegajoso y mucho menos sucio. Lo levanté y noté que tenía tremendo rayón en todo el centro de la pantalla. Bien, genial. Al menos prende.
-Gracias.-Dije mientras lo limpiaba, porque le había caído arena, polvo, helado y quién sabe qué otras porquerías.
-Ya que veo que tienes teléfono, ¿me das tu número?-Preguntó y me quedé un poco en blanco.
-¿Sí? ¿por?
-No sé, porque sí.-Dijo encogiéndose de hombros y no comprendí, no había un motivo por el cual quisiera mi número, pero bueno. Se lo di, para que me dejara en paz porque debía irme cuánto antes, se me hacía tarde, debía encontrar mi auto quién sabe dónde, es que me pierdo aún en los vecindarios de esta ciudad porque no crecí en ella, me mudé aquí cuando me casé y desde el principio viví en el norte, así que desconozco bastante el centro y mucho más el sur. Iba a caminar hacia atrás, por la estación de policía, pero luego recordé que no dejé el auto por esos lares, creo que fue… ¿por el centro comercial? Sí, creo que sí, me di la vuelta de nuevo, en esa dirección y noté que de nuevo, esas dos me miraban entre risas y no lo comprendía, ¿había un fallo en la realidad hoy o algo así?
Al final, encontré mi auto como a cinco calles y fue de suerte o bueno, fue porque me llamaron porque estacioné mal y lo iban a remolcar, pero como corrí llegué a tiempo y evité la desgracia, es que no quería que me remolcaran de nuevo como hace unos meses, fue muy costoso de sacar y tedioso, ah y por cierto, papá casi me mata cuando se enteró, es que viajó exclusivamente para regañarme y duró más de dos horas haciéndolo.
Al subirme en el auto, aceleré y conduje por un rato por una de las vías principales, la 46. Escuchaba música de Caifanes y más adelante, me detuve en un semáforo y miré alrededor en lo que cambiaba de color. No había nada en especial, excepto a un costado… justo afuera de un hotel que tiene un enorme reloj afuera, vi a Mila bajarse de un auto oscuro que desconocía, nunca lo vi antes, pero… no iba sola, la acompañaba Sebastián y… no sé ni qué pensé. Es que no sabía que seguían en contacto aún, pensé que no era así o más bien, eso quise creer, pero… ahí estaban, se bajaban juntos de un auto que supongo es el de él y yo… como siempre, no me sentí bien. No entiendo cómo es que aún me siento así, que me afecte tanto el verla con él, me dan celos, muchos celos y más, porque mis sentimientos siguen intactos, la sigo adorando, aún cuando hace más de un año ella decidió salir de mi vida y ahora que la tenía cerca, tampoco parece querer regresar, pero… no me voy a rendir por esto, la quiero en mi vida y no descansaré hasta que estemos juntos de nuevo, así que preferí como pude, dejar los celos a un lado y concentrarme, porque si empezaba a sentirme mal y triste, lo arruinaría todo y no es lo que quería. También ahora más me había decidido, cuando no solo yo la quería en mi vida, si no también los niños. Sé que deseaban que volviera a casa, Lucy me pregunta todos los días si Mila vendrá, que cuando vendrá y Cris la llama del teléfono fijo todas las noches, la llama alrededor de una hora y le cuenta sus historias fantásticas o si tuvo alguna pelea con algún compañero o lo que fuera. Los conozco y sé que la necesitan, la extrañan y lo tenía claro, quería a esa mujer en mi vida de nuevo, así que empecé a tomar cartas en el asunto.
Al día siguiente, llegué temprano a la empresa después de dejar a los niños en la escuela, pero antes de llegar al trabajo, hice una pequeña parada y luego, me dirigí rápidamente a esta porque quería llegar temprano, mucho antes que ella lo hiciera. Subí y saludé a los compañeros, a los que conocía y luego, me dirigí hasta su oficina y al ver que estaba abierta, entré y me quedé de pie allí, esperándola en lo que llegaba. No pensé en nada en específico más que en querer que venga rápido, deseaba verla. No veo a Mila desde hace unos cuatro días, desde el viernes cuando salí de la oficina y cómo hubo lunes feriado, no trabajé y poco me comuniqué con ella, es que tardaba en contestar y no quería ponerme intenso de estarle escribiendo, no quería hartarla.
Esperé por lo que pareció eterno, pero unos diez o quince minutos después, la vi entrar, algo apresurada y llevaba un par de bolsas encima. Se sorprendió por completo al verme aquí, al saber que la esperaba y más, porque miró las rosas que traía en mis manos, las cuales por supuesto eran para ella. Me puse un poco nervioso, jamás había hecho algo así antes.
-Hola…-Dijo mientras dejaba las cosas en uno de los muebles. Es que su oficina era muy amplia, no solo tenía el escritorio y las sillas, tenía pinturas, muebles, decoración en general. Se acercó a mí, algo tímida y dudosa, inhalé fuertemente.
-Toma.-Le dije y acto seguido le entregué las rosas. Muerta de nervios, las aceptó y la vi sonrojarse por completo, no pude evitar sonreír como tonto al verla así. Siempre me había gustado el verla de esa manera.
-Pero… ¿por qué las rosas? Hoy no es mi cumpleaños…
-Lo sé, es que… las vi y pensé en ti.
-Danilo, no hagas esto.-Dijo intentando regresármelas, pero negué con la cabeza.-No debes comprarme nada, sabes que te dije que…-La interrumpí.
-Sí, sé que me dijiste que me mantuviera distante, que no me ilusionara, pero es que… nunca dejé de estarlo y todos lo saben, sé que puedes notarlo.
-Danilo…
-Te adoro, Mila.
-Oh.-Bajó la mirada, mordía sus labios y parecía más nerviosa aún, tanto que hiperventilaba y no me gustaba que se sintiera así. Sé que soy un poco lento para las cosas, pero no quería hacerla sentir mal o incomoda.
-Mila, no te estoy pidiendo que regresemos, tranquila. Sé que eso no es así de sencillo, sé que va a costar si llega a pasar, pero… lo quiero intentar, que tú me quieras de nuevo y…-Me interrumpió.
-Danilo, en serio, no hagas esto…
-Lo quiero intentar, ¿está bien? No veas como obligación estar conmigo. Sólo lo quiero intentar y si vuelves a quererme, seré feliz de tenerte de nuevo, pero si no lo logro, me apartaré, te lo prometo. Sabes que jamás te he faltado al respeto.
-Mmm.-No me miraba, jamás la vi tan nerviosa antes.
-Sé que nuestra relación fue demasiado complicada, que fui inseguro, tuve mucho miedo y cosas de ese tipo, pero intento cambiar, ser mejor. La persona que mereces que sea.
-No deberías cambiar por nadie.
-Si son cosas buenas no debo cambiar, pero si tengo cosas malas, claro que puedo mejorar y sé que el ser inseguro y tener tanto miedo, me costó el tenerte a mi lado y por eso debo cambiar. Te quiero en mi vida.
No respondió, parecía que pasaban mil cosas por su cabecita y creo que… es mejor que deje de incomodarla y me vaya a trabajar.
-Mmm, te dejaré para que te ocupes, pero… ¿podemos almorzar juntos como todos los días?-Pregunté y ella, pareció pensativa, pero al final asintió.
-Sí, está bien.
-Genial, te veo en un rato.-Sonreí antes de alejarme y luego, fui a mi oficina porque tenía mil cosas por hacer, pero no me importaba. Es que me sentía tan bien en ese momento, con una nueva ilusión y sobre todo, estaba entusiasmado por las cosas que podrían venir, es que no iba a descansar hasta lograr que me quisiera de nuevo y poder permitir tener esperanzas, le daba un nuevo sentido a mi vida y me sentía… bien.