La belleza cuesta

1363 Words

Así que ahí estaba yo, recostada en otra camilla, en otra sala, en otro ambiente, más zen, más tranquilo, con música instrumental de fondo, velitas aromáticas, y una mujer que entró con aceites como si fuera a cocinarme. Me preguntó si tenía alguna molestia muscular. —Solo todo mi cuerpo —le respondí con una sonrisa sarcástica. Ella rió. Yo no. Lo decía en serio. Me untó un aceite con olor a lavanda. Santo cielo, qué delicia. Sus manos comenzaron a moverse por mi espalda como si me estuviera leyendo el alma. Sentía que me derretía. Literal. Cada movimiento, cada presión, era como si mis músculos dijeran: “Gracias, señora masajista, usted sí nos quiere”. Y mientras me sobaba el cuello, pensé: esto debe ser lo más cercano al cielo. Bueno, al cielo sin chocolate, claro. Cerré los ojos, re

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD