Capítulo 4

3290 Words
Allan la apresó con sus brazos y gruñó eufórico, sonrió por dentro y siguió probando esa boca que lo tenía completamente enloquecido. Emma sintió la primer arcada al segundo en que la lengua del idiota usurpó su boca. Se alejó de inmediato pero no logró apartarse de él. Intentó morderlo para poder liberarse, y aunque lo consiguió, Allan continuó su labor tras soltar un pequeño quejido. Él quería seguir con ese momento sublime, que ese beso diera lugar a algo más íntimo, más interesante. Quería llevarla a un lugar oscuro en el que pudiera seguir grabando cada detalle de sus deliciosos labios. Un segundo bastó, un pequeño instante de descuido por parte de Allan —confiaba en que ella no se apartaría— para que Emma pudiera zafarse de su agarre, liberó su boca en busca de aire, dio un paso atrás y lo empujó con todas sus fuerzas. Allan abría sus ojos lentamente mientras su cuerpo caía sin tregua hasta estamparse de espaldas al suelo. La miró completamente asombrado, ¿por qué lo había empujado? Emma respiraba con dificultad, tallaba su boca con violencia, su ceño fruncido denotaba su mal humor. Estaba tan furiosa que Allan de verdad temió ser pateado. La miró fijamente, sin poder comprender su acción, apretó los labios, ofendido, ¿de verdad no le había gustado? Emma miró a Tony, el niño los observaba con un rostro de completa confusión. Ella dejó salir su frustración y se obligó a sonreír a su sobrino. Dio un paso atrás, ya que sentía que en cualquier momento se abalanzaría a golpear a ese desgraciado. —Nunca vuelva a hacerme eso —siseó en un tono más alto, evitando gritar— No respondo por lo que pueda hacer, señor Estrada. Allan tragó el nudo en su garganta con auténtico miedo, hablaba en serio, podía ver el odio irradiar por sus ojos. Y sabía que la única razón por la que seguía con vida, era por la presencia del pequeño Tony. Sintió un escalofrío recorrer su espalda, pero tragó para darse valor.  —Quería hacerlo —dijo en voz tenue, a pesar de su miedo— Es un impulso irresistible que me da cuando te tengo cerca. Emma aspiró con fuerza y dio un paso adelante. —Lárguese…. —su voz salía entre susurro y grito ahogado. Allan se puso de pie lentamente sintiendo un ardor en la espalda baja, había caído mal y podía jurar que el día de mañana le dolería mucho. Miró a Emma que no perdía detalle de sus movimientos. No podía perder nada ya, así que decidió arriesgarse y decirle su verdadero motivo. —Quiero que trabajes para mí —aclaró hablando lentamente —No quiero volver a verlo —escupió tras acercarse a Tony, lo tomó en brazos — Después de todo lo que me ha hecho no tiene derecho a decir nada, fuera de mi casa, ahora —exigió. Allan frunció el ceño, frustrado, no quería que las cosas terminaran así. De verdad la necesitaba. —No me iré hasta que escuches lo que quiero decirte —respondió, nervioso. Emma estaba harta. Lo miró antes de caminar hacia las escaleras. Allan la siguió de inmediato, negándose a terminar esa conversación. Ella quería gritar, se detuvo al subir al primer escalón y lo encaró. —Si siente algún respeto por mi padre, se irá en este momento —dijo ella— De lo contrario me veré obligada a gritar, no me importa nada ya, no permitiré que continúe engañando a mi padre, usted no es un buen hombre, es un maldito desgraciado. Allan se tensó ante sus palabras, de verdad lo hirieron. —No soy la persona que crees —dijo, defendiéndose— Antonio sabe perfectamente quién soy, yo no engaño a nadie. —Váyase —siseó— O gritaré. Allan cruzó sus brazos, expectante. —Hazlo. Emma abrió la boca tras dar una mirada a su sobrino que parecía preocupado. Agarró aire con fuerza, pero Silvia bajó las escaleras. Ella tragó su odio acumulado y agradeció la interrupción. Silvia observó la escena con toda atención, tras verificar que esos dos se habían besado otra vez, fue hasta Emma y le quitó a Tony. —Este niño debe dormir —dijo divertida. —Yo lo llevo —la detuvo ella en un tono más agudo del que quería. —No te preocupes —sonrió con total inocencia— Sigan con su charla, papá bajará en unos minutos. Emma apretó los labios y la miró irse al segundo piso. —Nos deja solos a propósito —dijo Allan sonriendo— Aunque me pregunto por qué razón. Ella ignoró sus palabras y se dio media vuelta para subir tras Silvia. Allan la detuvo al segundo tomando su brazo. —Por favor —pidió— De verdad necesito tu ayuda. —No tengo nada más que decir —respondió liberando su agarre. —Entonces escúchame —pidió nervioso— Quiero que trabajes para mí, solo eso. —Váyase —dijo sin mirarlo— Déjeme tranquila. —Por favor —volvió a rogar— Solo eso te pido. Allan no mentía, de verdad la necesitaba para el trabajo. Emma lo miró unos largos segundos, estaba cansada y demasiado enfurecida para creer una sola palabra. Allan frunció el ceño sintiendo que perdía la batalla. —Hazlo por Antonio —dijo como último recurso. Emma abrió los ojos, sintiendo esas palabras como una bofetada. ¿Quién se creía él para chantajearla? Decir eso no cambiaba nada. Bajó el escalón con lentitud, sus manos en puños y su quijada muy tensa. —De verdad te necesitamos, los dos, no solo yo —dijo con toda honestidad— Dame una oportunidad. Allan dio un paso adelante, sus ojos fijos en los de Emma. —Lárguese de mi casa —respondió ella. Allan sintió un golpe en su pecho, ¿por qué era tan terca? De verdad la necesitaba, y Antonio también, ¿acaso no lo entendía? No le importó nada en ese momento, se acercó a ella con toda la intención de besarla, pero Emma previó sus movimientos y lo detuvo golpeando sus costillas con su codo. Allan se alejó un paso, ella aprovechó el momento y puso sus manos sobre los hombros del idiota, y antes de que Allan dijera otra cosa, le dio un rodillazo en la entrepierna. Escuchó su grito de agonía y se alejó de él. —Espero que con esto no se atreva a poner un pie de nuevo en mi casa —su voz tranquila la sorprendió, ya que por dentro estaba ardiendo en odio— Lárguese, tenga por seguro que mi padre no querrá saber nada de usted después de que le diga las cosas que me hizo.    Caminó escaleras arriba con una sensación de triunfo llenando cada centímetro de su cuerpo. Sabía que el hombre seguiría retorciéndose de dolor al menos otros diez minutos. Y así era, Allan sintió un ardor caliente y punzante recorrer su cuerpo, haciendo que se hincara. Nunca le habían hecho eso, estaba enojado, con ganas de darle una lección a esa orgullosa chica. Pero se limitó a mirarla alejarse y contó hasta diez. Se recuperó a los minutos y se puso de pie.  Estaba enojado, mucho, pero también emocionado. Sabía que Antonio no permitiría que Emma rechazara el empleo, y eso significaba que tarde o temprano la volvería a ver. Al llegar al segundo piso se encontró con Silvia. — ¿Allan ya se fue? —preguntó, sorprendida. Emma negó con la cabeza y siguió de largo hasta entrar a su vieja habitación. Silvia cubrió su boca con su mano para no soltar una carcajada, Emma echaba chispas, nunca la había visto tan enojada, de hecho no creyó que algo pudiera ponerla en ese estado. Miró hacia las escaleras con total sorpresa, ¿qué era lo que hacía el amigo de su padre en Emma? Quería saberlo, nadie creaba esas reacciones en ella, al menos no sin salir ileso. Caminó a las escaleras tras dar una mirada a su padre que veía un programa animado con Tony, se había olvidado por completo de su invitado. Miró a Allan en el recibidor, se ponía su abrigo y lucía pálido. — ¿Disfrutó de la cena? —preguntó sonriendo. Allan giró al escuchar a la hermana mayor, la sonrisa de burla era obvia. — ¿Antonio no bajará? —Se quedó jugando con mi hijo —respondió ella. —En ese caso me retiro —aclaró— Gracias por la cena. Silvia asintió. — ¿Qué le digo a Emma? —preguntó lentamente. Allan se detuvo y miró a la mujer. Era muy directa. — ¿Por qué nos dejaste solos? —preguntó— Fue algo muy obvio. —Quería ver qué ocurría —confesó sin parecer arrepentida— Contigo mirándola lascivamente y mi hermana tensa y nerviosa, era obvio que algo pasaba, creí que sería bueno darles una oportunidad. Allan sonrió con genuino humor. Silvia sabía de sus intenciones, aunque solo un ciego no las vería. —Quiero que Emma trabaje para mí —dijo sin rodeos— Pero ella no aceptó. —Puedo imaginar lo que le propusiste —sonrió divertida. Allan apretó los labios. —Fui honesto —hundió los hombros— Ser directo en lo que quiero es lo que siempre hago. —Error… —dijo negando con la cabeza— Si de verdad quieres que Emma acepte “el trabajo”, tratarla como supongo, tratas a todas las mujeres, no funcionará. — ¿Acaso intentas ayudarme a conquistar a tu hermana? —la miró sin creerlo— ¿No deberías protegerla? No me conoces. —Cierto, pero hay algo en ti que me da confianza —confesó— Supongo que me siento en deuda contigo, ayudaste a mi padre en incontables veces, y a Emma también, no sé qué hubiera pasado si no hubieras estado ahí para mi padre. Allan frunció el ceño ante el recuerdo. —Además sería grandioso ver a Emma saliendo con un hombre que muestre algo de vida, para variar —cruzó sus brazos, esperando una respuesta. —Ayudar a Antonio fue algo que quise hacer, y lo haría de nuevo sin dudarlo —habló en voz baja— No necesitas pagarme nada. —Gracias —dijo contenta— Hablo en serio con lo de Emma. —Confío en mi capacidad —dijo orgulloso. —Bien, has perdido la oportunidad, haz lo que siempre haces —apretó los labios— Yo me reiré de ti cuando te des cuenta que cometiste un error. Allan frunció el ceño, miró a la castaña de reojo. Silvia agitó su mano en despedida y fue rumbo a las escaleras. Él acomodó su abrigo y salió al frío de la noche, las palabras de la mujer resonaban en su cabeza, pero no necesitaba la ayuda de nadie. Confiaba plenamente que Antonio se encargaría. Silvia llegó a la habitación y habló a su padre. —Tu amigo se ha ido —informó a Antonio. —Oh, lo olvidé —sonrió sin sentir culpa— ¿Lo despediste? —Sí, envía un cordial “gracias” por la cena. —Qué bien, ya tenía tiempo queriendo conocerlas, cada vez que le contaba de Emma me preguntaba muchas cosas, y hace unos días me pidió que lo trajera a la casa a conocerlas, pero como tú me dijiste que vendrías le dije a Estrada que lo pospusiéramos para este día —abrazó a su nieto que dormía en su regazo— Lo llamaré, esperó mucho tiempo para poder conocerlas y me gustaría volver a invitarlo. — ¿Quería conocer a Emma? —preguntó con genuina curiosidad. —Sí, siempre se mostró más interesado en conocerla, las personas reaccionan de manera diferente cuando hablas sobre tu hermana —confesó Antonio— A Allan le costó creer lo inteligente que era, y sobre todo la manera en que nos tratamos. Y de un tiempo atrás comenzó a preguntar cosas sobre ella. Silvia comenzó a sonreír abiertamente. —No solo vino este día para conocerlas, queremos que Emma nos ayude en el trabajo, Allan necesita un asesor financiero porque ha sufrido varios fraudes y no encuentra a alguien de confianza. — ¿Y quiere que Emma ocupe el puesto? Antonio asintió. — ¿Le dijiste de esto a Emma? —No —apretó los labios— ¿Se ha ido? —No, está en su habitación. —Me alegra —suspiró— Pensábamos hablar con ella después de la cena, pero Allan ya se fue. —Papá, si es un problema grave debieron hablarlo antes —regañó a Antonio. —Lo sé, pero así fueron las cosas —se levantó con cuidado dejando a Tony dormido en la cama— Hablaré con ella antes de que se vaya. Silvia talló su sien porque obviamente había sido su culpa que la charla no se diera. Aunque lo que sucedió entre esos dos fue mejor de lo que esperaba, había visto y oído todo. Tuvo que cubrir su boca para no soltar una exclamación en más de una ocasión. Emma se había dado a respetar y dejó a Allan completamente derrumbado, se sintió muy orgullosa de ella. Emma cerró la puerta de su vieja habitación y se recargó en ella. Su temperatura corporal estaba por las nubes, sentía que le costaba respirar y su garganta seca le impedía articular palabra. No podía recordar un momento en el que se sintiera tan enfurecida. Ni cuando su padre estuvo ebrio hasta las orejas y llegaba gritando y rompiendo todo, nada la había hecho sentir llena de odio, nadie hasta ahora. Y todo era debido al desgraciado jefe de su padre. —Maldita sea, papá... —susurró, enfurecida— Todo esto es culpa tuya. Claro, era obvio que su padre era el culpable, el engaño la golpeó con violencia, si tan solo su padre comprendiera que debía dejarla en paz, nada de eso habría pasado, no habría ido a esa horrible entrevista de trabajo, no habría conocido al mal nacido hijo de perra de su mejor amigo. Dejó salir el aire que comprimía. Bien, lo iba a conocer esa noche, sin saberlo, ¿habría sido diferente ese encuentro? Negó con la cabeza, por supuesto que no.  Se sentó en su cama y sus ojos buscaron las viejas fotografías de su familia. Al encontrarlas sonrió con nostalgia, una en especial siempre la hacía sentir mejor. Fue en el cumpleaños de su madre unos años antes de que muriera. Habían preparado la cena entre ella y Silvia y terminaron quemando la cocina; tenían solo doce y ocho años de edad. Su madre se asustó de muerte y corrió por el extintor, sacó a sus hijas de la cocina y apagó el fuego con rapidez. La cena quedó arruinada al igual que la cocina y terminaron cenando hamburguesas de un puesto ambulante cercano a la casa. La foto mostraba eso, los cuatro sentados en la banqueta, comiendo su hamburguesa, y tanto Silvia, como ella y su madre, estaban cubiertas de hollín. Antonio los alcanzó al recibir el llamado de su madre, las encontró en ese lugar, sonrientes y con la boca llena de una cena deliciosa, le pidió al encargado del negocio que tomara la foto. Fue un momento muy feliz. Suspiró al sentir como la rabia disminuía. No creía poder dejar de odiar a ese imbécil, pero se sentía mejor. Se puso de pie y decidió que lo mejor era hablar con su padre. Bajó las escaleras con rapidez y lo encontró en la sala, la estaba esperando. —Necesito hablar contigo —dijo sin rodeos. —Yo también, cariño —tomó su mano cuando Emma se sentó junto a él. —Disculpa que te haya obligado a ir a la entrevista —comenzó a decir, sorprendiendo a Emma. Ella lo miró fijamente, esperando algo más. Antonio la veía arrepentido, preocupado. —No vuelvas a hacerme algo así —pidió— Por favor. —No lo haré —aseguró— Ahora me doy cuenta que fue un error no hablarte con la verdad desde el principio. Emma cruzó sus brazos, sin entender. —Allan… —dijo apretando los labios— No, ambos te necesitamos. —Papá —lo detuvo— Necesito que sepas algo sobre tu amigo. Antonio parpadeó. —Por favor, no quiero que vuelvas a mencionármelo —frunció el ceño— Fui a la entrevista, cumplí con mi palabra, y ahora te pido que no me insistas de nuevo con nada que tenga que ver con él. — ¿Por qué lo dices? —palideció— ¿Ocurrió algo malo? Emma se debatió en contarle la verdad o no. ¿Le creería? ¿Terminaría su amistad con ese sujeto? Cerró los ojos. No podía decirle la verdad, había sido un mal nacido con ella, pero a su padre lo ayudó mucho. Maldijo en sus adentros y tuvo que quedarse callada. —Por favor papá, deja de intervenir en mi vida —pidió en voz alta— Quiero trabajar en un lugar cómodo, en el que las personas me respeten y valoren mi trabajo por lo que es y no por mis contactos. — ¿Acaso alguien de la oficina te incomodó o te faltó al respeto? Dime quién fue y yo lo arreglaré en este momento —se sentó junto a ella. Emma soltó un suspiro de frustración, e ignoró la pregunta. —Esa oficina es tu lugar de trabajo, no el mío —sentenció poniéndose de pie. Antonio la miró decepcionado, se sintió mal por Allan, y por toda la empresa, de verdad la necesitaban. —Emma —tomó su mano de nuevo y la regresó al sofá— La razón por la que quiero que trabajes con Allan, es porque eres excelente en lo que haces. —Eso no es razón suficiente, hay muchos profesionales que son iguales o más buenos que yo —cruzó sus brazos. —Allan ha pasado por varios fraudes en los últimos años, empleados que entraban por unas semanas y después robaban dinero en grandes cantidades —comenzó a decir como último recurso— Solo logramos capturar a uno, pero no se recuperó la cantidad. Emma lo miró fijamente, mostrando sólo algo de interés, esa situación era muy mala, pero no era su problema. —Allan me pidió que te contratara a ti para ese puesto, y yo no pude pensar en una mejor persona para hacer ese trabajo —sonrió a su hija— Él, a pesar de no conocerte, se sorprendió de lo brillante que eras, le conté muchas cosas sobre ti, y hace unos días me dijo que quería que trabajaras para él. Antonio aclaró su garganta, eso no era una mentira, pero tampoco podía decirle a su hija que el hombre lleva escuchando sobre ella desde hace años. Emma lo tomaría muy mal, como siempre. —Por eso te pedí que fueras —dijo palpando la rodilla de su hija. —Entiendo tus razones, papá —se puso de pie— Lamento que tú y tu jefe estén pasando por esa situación, pero yo no soy la persona indicada para ese trabajo. —Pero hija... —se levantó, tomó por los hombros a Emma— ¿No puedes reconsiderarlo? —No, lo siento papá —se soltó de su agarre y dio un paso atrás. —Emma, por favor —pidió— De verdad necesitamos tu ayuda, no confiamos en nadie más. —Ese hombre no me conoce, papá —sintió la ira volver a fluir como una llamarada de fuego— Todo esto se debe a que tú quieres tenerme en ese lugar. Antonio suspiró, Emma era tan terca. Si tan solo supiera que quien realmente la quiere ahí es su amigo. Pero no se lo iba a decir, solo arruinaría más las cosas. —Lo siento, papá —repitió— No accederé a lo que pides. —Emma —se entristeció. —Buenas noches, papá —dio un paso atrás— Nos veremos después. Y se fue. Antonio no la detuvo, aunque quería hacerlo. Pero primero hablaría con Allan, sabía que algo había pasado entre él y su hija, no era tonto como para no notar el evidente beso que se habían dado. Sacó su celular y marcó el número, le sorprendió escuchar que entraba el buzón de voz. Pero a como estaba la noche no podía pedir nada, suspiró antes de hablar. —Dada tu retirada repentina y la actitud de mi hija, debo suponer que algo pasó entre ustedes, y también supongo que es algo muy delicado para que se hayan dado las cosas de esta manera —otro suspiro— Llámame mañana a primera hora, quiero que hablemos antes de ir a la oficina. Silencio. —Lo siento, no pude convencer a Emma. Colgó, talló su sien y se puso de pie. Estaba seguro que le esperaban muchas sorpresas, Allan no tendría problemas en contarle abiertamente lo que había pasado —a diferencia de Emma— y de verdad estaba preocupado. Su hija no quería saber nada de ese trabajo, y de verdad necesitaban su ayuda.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD