CAP. V

2373 Words
Un día comenzó y con ellos un sol radiante, dónde Isla está en un restaurant esperando a una persona que tanto ama, mira su reloj de muñeca que le dio en su cumpleaños, hace poco; su sonrisa la lleva a ese momento y como también la sorprendió con un postre de torta de fresas, nunca imagino que se acordara de sus gustos; claro después le contó que adoraba esa fruta como nada más. Su mirada pasa por todo el lugar, está lleno y cada persona disfrutando el día; luego mira por la amplia ventana a su lado visualizando la calle y como también pasan los transeúntes en su mundo, está algo inquieta porque Omar no llega y él mismo le indico que debía esperarla ahí, cosa que van quince minutos esperando. Enseguida; un camarero se le acerca para darle el menú, al mirarlo niega diciendo que espera a su acompañante que no tarda en venir; haciendo que se retire sin problemas. — Dios… ¿cuánto más debo esperar? — comenta para sí misma, mirando hacia la puerta del restaurante. El lugar es hogareño y elegante a la vez, sirven la mejor comida mexicana, claro dejando de lado esa sustancia picante como el chile, odia el picante; pero su adorado Omar le fascina lo deja pasar por él. No obstante, siente un ruido del lado de la gran ventana en dónde está, se gira y ve en el mismo vidrio a su tío Atticus, con las manos en ese objeto niega mostrando su rostro serio. — ¿ Que haces aquí? — dice, en su lugar cosa que la sonrisa del aludido se amplía a una cruel. Al ponerse de pie, mira a su alrededor y todo sigue igual, sin problemas; que al voltear la vista a el, detalla como le hace seña que estará muerta enseguida se inquieta, pero niega mostrando su sonrisa de suficiencia, para estar más cerca del vidrio negando ante su amenaza. — Adiós Isla. — pudo ver, al mover sus labios. De pronto, es sujetada desde atrás y a la vez le tocaron su cuello, infringiendo presión; casi haciendo que se ahogue, pero el revolver en su sien, la puso más temblorosa trato de hacer una llave, pero no pudo estaba completamente sujetada por unas manos de hombre muy fuerte, que al mirar al frente su tío, se reía en su cara era una maraña de sentimientos que le hacían sacar lo peor de ella, hasta que sintió el primer disparo siendo en su abdomen, sus ojos se ampliaron tanto y más al oír la voz de Omar a lo lejos; dejándola más destrozada aún sin detener al hombre que la sujetaba. — Estás sola Isla y morirás de ese modo. — sus lágrimas salieron; sin esperarlo. — No… — Despídete de este mundo Belicosa. — la voz grave de su atacante, la sintió; desde lo más profundo de su ser, al igual que la bala traspasar su cabeza. El aire dejo de existir, como los sonidos de su alrededor la vista borrosa tanto, que sólo su cuerpo fue llevado al suelo y ella morir dejando ese mundo completamente sola. *** — ¡NO! — grito tan duro, levantándose muy sudada toda su frente lo evidenciaba. La reacción que tuvo, fue solo acomodar sus piernas, hasta su abdomen y cruzar sus brazos en las rodillas, drenando sus lágrimas que no dejaban de salir iban en aumento, tanto que temblaba en el proceso, ni se dio cuenta de unas manos que la tocaron en la espalda, así como fue llevada a unos brazos que la apretaron, dándole la oportunidad de sacar todo eso que siente. — ¡Isla estoy aquí! — le dijo en susurros, demostrando que no estaba sola. — Mentira… estoy so-la… — pudo medio hablar, detallo Omar al verla en ese estado crítico de nervios. — No es así, nunca lo estarás Isla Yilmaz Sánchez; eres una mujer fuerte, osada y llena de pasión. — hablo al tocar su rostro, dejando que ella lo mire a los ojos, detallando más sus lágrimas. — Es… una farsa esa… — Lo sé cariño; pero debes buscar ser mejor que esto, las pesadillas no te dejarán vivir en paz; quiero verte feliz y lejos de este mundo al que te dedicas. — aconsejo serio, limpiando cada lágrima que estaban cesando de a poco. La mirada de Isla se clavo en él, tratando de ver si era la misma voz de sus sueños y lo que ha visto de él que no la ama, siente que está mendigando un amor que no le corresponde, bajo la mirada los miedos se estaban yendo, abriendo paso a la ira; que al elevar la vista hacia él, se fue separando de su cuerpo marcando una distancia se colocó de pie, fuera de esa cama en que estaba sentado Omar. Se abrazo así misma, con solo una camisa de hombre puesta, sus pies tocando el piso de madera de esa habitación, muchas cosas tenía su mente y una de ellas era entender que ese hombre; detrás no la ama, así que respiró hondo para así comenzar hablar. — Omar… necesito ¿que me conteste con la verdad?, lo que te voy a decir. — anuncio y el hombre solo guardo silencio esperando. La posición en que estaba nunca cambio, seguía de espaldas a él volvió a respirar hondo y continuar. — Tú ¿me amas? — pregunto, sabiendo su respuesta. Sintió como bufaba por lo bajo. — No Isla; te aprecio solamente, pero amarte no está en mi mente ni corazón. — fue un duro trago para ella, como a su corazón frágil. — Entiendo… sabes mi pesadilla fue clara; solo que uno se hace ilusiones en este caso debo asumir la verdad… — ¿Sobre qué? — la interrumpió, al salir de la cama para irse acercando a ella. — Que estaré sola y moriré sola. — confesó, su peor temor. El silencio reino entre ellos, dejando que sólo las respiraciones de ambos se sientan en el aire; pero ella decidió cortar con ese momento. — Isla… — Ya es suficiente Omar. — dijo de forma fría, al darse la vuelta y encararlo. — Eso que dices no es cierto, jamás dejaré que estés sola ni menos morir… — No digas estupideces Topal; porque no las necesito, así que desde este momento, serás un soldado en mi búnker nada más, el amor que por ti siento va a desaparecer, eso te lo aseguro. — Pauso. — así que al terminar el trabajo, volverás con la señora Bianca y tú amada Teressa para ser feliz. — Los ojos de Omar se ampliaron de asombro, tanto que asintió a sus palabras, debía volver más ahora en saber; que Isla lo tendrá solo como un soldado de los que tiene, le asegura que pronto saldrá, aunque ella dijera todo de forma fría y sin nada de sentimientos; él sabía que sus ojos reflejaban el dolor como desolación, apretó sus puños por ser un tonto egoísta pero no podía mentirle. — Entendido señorita. — Me dirás Belicosa de ahora en adelante soldado Topal; así que desde este momento dormirás en la habitación del pasillo final, allí está Zoku solo y una cama extra; dónde pasaras tu estadía aquí. — le dio la orden, cosa que Omar no espero ser sacado de ahí tan rápido. — Eso es lo que deseas. — ¿No es un deseo? es una orden, tienes solo una hora para irte, voy a estar en mi despacho y al regresar no quiero verte. — Hablo con tenacidad; sin importarle salir de su habitación con solamente esa pijama puesta y sin calzado encima. Para cuándo estuvo solo, se dispuso a buscar en el armario un bolso para meter toda su ropa duro quince minutos, tanto que se colocó solo una camiseta blanca con unos zapatos deportivos, para así llegar al dormitorio compartido, al estar en la puerta miro por un momento el lugar, negó dentro de sí y sin dudar salió para pasar el largo pasillo y tocando la última puerta, espero como tres segundos, hasta ver qué alguien le abrió miro a un dormido chino delante de él, enarco una ceja viendo su vestimenta de solo un bóxer puesto mostrando su cuerpo. — ¿Te ayudo en algo? — hablo con flojera y bostezando. — En realidad me mandaron aquí, seré tu compañero de habitación, déjame pasar. — Informo de manera neutra, mientras él otro entendió algo del mensaje. — Ya veo… entra, solo te digo no me vuelvas a tocar a esta hora, mi sueño es valioso y mi trabajo lo es más. — le aclaró, haciéndose a un lado. — Perfecto lo tendré en mente Zoku, ahora mi regla es darme mi espacio sino tendremos problemas. — le respondió, al tomar su lugar en esa cama que debe acomodar. — Me caes bien turco, bueno descansa porque el verdadero trabajo inicia mañana. — fue lo último; que dijo al acostarse en su extremo evidenciando que ama la tecnología. Dio un repaso breve, siendo dos camas individuales un escritorio, baño para compartir y el piso de madera, como el techo de concreto en color gris y las paredes blancas su luz tenue; sin tratar de afectar la vista, estaba apagada, pero la lámpara iluminaba un poco cosa que dejo su bolso en el suelo; ya mañana desempacaría, como pudo arreglo su cama y se acostó de medio lado, dando por terminado apagar la lámpara. En la mente de Omar se repetía una y otra vez, la actitud de Isla y más por no conocer, de que era su pesadilla, estaba seguro que algo la marco y más al conocer sus palabras que lo hicieron cerrar lo ojos meditando su proceder. — Estaré sola y moriré sola. — su sueño llegó, dejando esas palabras en el aire. Turquía Ankara El comando estaba muy alerta, la noche fue pasando llegando después la mañana y un hombre mayor estaba con su taza de café viendo en su oficina muchos papeles como mapas, para dar con el paradero de Isla, nunca imagino que ayudar a esa niña le traería problemas. Siempre imagino, que al sacarla de ese hogar detestable podía sacar de ella un mejor soldado, claro está manipulable solo ejerciendo su orden; pero no fue de esa forma por lo que se pone de pie tomando otro sorbo de café. Estos tres meses le ha servido, para entender que su sobrina no era una tonta; aún más cuando supo de buena fuente que tiene el chip de la familia Yilmaz eso le asquea ya que siempre deseo tenerlo en su poder, en sus manos tiene más utilidad de lo que otros puedan llegar hacer. De un momento a otro la taza que tenía en sus manos la tira al suelo, dejando un sonido estridente en el lugar, junto a las piezas rotas como esparcidas por su oficina. — ¡Maldita sea! Porque lo que ordenó sale mal. — confiesa al tocar después el puente de su nariz, lleno de frustración. Cuando vuelve a su asiento, su mente divaga en ese instante que le dio la misión a Isla de ir a Perú, era otra distracción necesitaba tiempo, estaba dando justo en el blanco de poder llegar al chip; pero jamás imagino se voltearan las cosas, pero su ex mano derecha le llevo la noticia procediendo hacer lo que corresponde para su trabajo. — Señor tenemos problemas. — dijo Ignacio; al estar en su oficina y él mirar fijamente su rostro. — ¿ Que sucede? — Isla está en una misión ¡ Cierto! — aclaro y el otro asentir. — ¿ Y? Hay problema con eso. — le volvió a decir, ahora algo molestó. — Me temo señor que Isla no va a Perú como orden y mandato de usted; se desvió de la misión en esta ahora en otro lugar. — Informo, dejando que su jefe se ponga de pie de golpe. — ¿ Cómo dices? No andes con rodeos Ignacio te ordeno decirlo todo. — le insistió de forma severa. — Me temo que Isla cambio de ir a Perú, por Suiza y eso no es bueno señor. — comento lo evidente, dejando que el señor Atticus se acerque a él. — Mierda… eso no es bueno. — le tomo de las solapas de su chaleco antibalas. — Es así señor… pero véalo de ese modo es seguro que Isla nos lleve al objetivo que desea. — sus palabras lo dejaron con extrema duda, terminando así por soltarlo. Para Atticus Cruz, conocer que Isla puede llevarlo fue la mejor opción miro a su mano derecha y le dijo con la mirada lo que debe hacer y es buscar el chip matando a todo aquel que se presente en su camino, sin dejar evidencia. Asimismo lo hizo, salió de su oficina directo a la misión fue a su escritorio tomo su celular e hizo llamadas hacia Suiza, sus soldados harían caso a sus órdenes dejando sola a su sobrina como indefensa importándole poco si muere o no ahí; su sonrisa se expandió al saber que todo va a salir como desea y en sus manos tendrá la creación de su Padre la que siempre le negó conocer, dejando solamente a Piero conocer su trabajo como también guardar una joya de gran poder mundial. Se froto la frente, saliendo de ese recuerdo que lo lleno de Felicidad dando el paso más delante de obtener ese chip; pero fue evaporado al saber que su sobrina se llevo la evidencia y con ello mato a casi más de cinco hombres incluyendo su mano derecha, que se llevo a la tumba su declaración, como la oportunidad de encontrar a esa malagradecida; que le dio años de su vida por cuidarla, uniendo su trágico pasado que la marco y poco le importó; solo la veía como un soldado más, ahora era una desertora fuera de su alcance, pero eso va a cambiar se dijo así mismo, tomando su celular marcando un número especial, esperando que el acuerdo se realice y sus soldados procedan con el cargamento de armas.
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