A veces recordar es difícil y no solo porque se escapan algunos detalles o porque haya cosas que no sabes bien si en realidad pasaron o las agregaste con tu imaginación. No. A veces recordar es difícil porque es doloroso, y es doloroso porque los recuerdos más alegres se convierten, de un momento a otro, en los más amargos de tu existencia. Pero debes aprender a vivir con ello, porque debes seguir adelante con tu vida, a pesar de ese vacío que sientes en el pecho y de la sensación de que nunca más nada te hará feliz.
Pero te equivocas, porque por supuesto que habrá cosas que te harán muy feliz. Quizás pasen años antes de que vuelvas a sonreír de forma genuina, sin sentir que estás usando una máscara. Probablemente vuelvas a tener nuevas alegrías tan intensas como las que tuviste en el pasado y quizás, solo quizás, te sientas un poco mal al darte cuenta que vuelves a ser feliz. Sientes que estás traicionando, de algún modo, a esa otra persona que estuvo contigo en las buenas y malas, pero que, sin previo aviso, te abandonó para siempre, algo que ninguno de los dos pudo evitar.
En el fondo, sabes que no debes sentirte culpable. Pero no puedes evitarlo.
La vida sigue y debes seguir con ella, no solo dejarla pasar.
Es difícil a veces, porque la persona que estuvo contigo siempre, desde incluso antes de tu nacimiento, ya no está más a tu lado. Y lo peor es que te miras al espejo y en tu reflejo lo ves a él, porque no solo compartieron útero, sino que también el mismo rostro, las mismas expresiones, los mismos colores. Y eso te duele aún más. Pero debes seguir.
Consigues una novia, te casas, y tienes un hijo. Un precioso hijo, pelirrojo igual que tú. Pelirrojo igual que tu hermano. Y tu esposa está de acuerdo contigo con ponerle el nombre de aquel chico que fue tu otra mitad durante casi toda tu vida.
-Fred II –dices mirando ese pequeño bebé, esperando que tenga algo del alma de tu hermano que te fue arrebatado a tan corta edad.
Al poco tiempo tienes otra hija y tu felicidad es prácticamente completa. Te miras al espejo y ya no es tan doloroso. Y sonríes y ves a tu gemelo sonreír. Te gusta verlo así, después de haberlo o******o a tener tu misma cara desesperanzada y demacrada por tantos años. Ahora, en tu reflejo, tu gemelo sonríe contigo.
Los años pasan y tu hijo mayor debe ir al mismo colegio donde tú y tu hermano vivieron tantas aventuras… y donde te fue arrebatado,
-¿Estás nervioso?
-Un poco.
Tu familia ya está en el andén 9 ¾. Tu esposa, tu hija pequeña y tu hijo, quien lleva su baúl y su lechuza en una jaula. También lleva puesto el uniforme y, al verlo, ves a tu hermano. Es increíble lo mucho que tu hijo se parece a ti… a él. Y te vienen todos los recuerdos de tu propio primer año en Hogwarts.
-¿Sabes que en Hogwarts hay muchos secretos?
-¿De verdad?
-¡Claro! Tu tío y yo los descubrimos todos.
-¡Tú y el tío Fred!
-Exactamente. Y espero que como digno hijo mío y digno sobrino de mi hermano, descubras tantos o más secretos que nosotros.
-¿Y si me meto en problemas?
-Estaré aún más orgulloso de ti.
Si bien su personalidad no es tanto como la tuya y la de tu gemelo, sí tiene ese brillo en los ojos de querer romper algunas reglas y descubrir algunos secretos.
-¿Cómo es eso?
-Lo siento, cariño. Quiero decir, Fred II, que estaré muy molesto si rompes algunas reglas con tus amigos y descubres, no lo sé, los pasadizos secretos que llevaban a Hogsmeade o la sala multipropósitos o vas a las mazmorras y descubres que hay tantos Elfos domésticos que se morirían por darte tanta comida que…
-¡George!
Te disculpas con tu esposa con una pequeña sonrisa y le guiñas el ojo al pequeño pelirrojo que te sonríe feliz.
El tren hace sonar su silbato y tu hijo se despide con un abrazo de todos y sube al tren. Se asoma por una ventana y lo ves agitar su manito hasta que el tren desaparece por una curva. El pequeño Fred II vivirá sus propias aventuras, encontrará nuevos amigos y será feliz en aquel castillo. Estás seguro.
Después de volver a casa, decides salir nuevamente.
-¿Irás a la tienda?
-No. Iré a visitar a Fred.
-Ah. ¿Quieres que te acompañe?
-No, cariño. Estaré bien.
Tu esposa asiente con la cabeza y te vas.
Caminas lentamente. No hay apuro, de todas formas, tu gemelo no irá a ningún lado. Te ríes de ese pequeño chiste cruel, pero sabes que Fred habría pensado lo mismo.
Sabes el camino de memoria, a pesar de que no frecuentas aquel lugar, porque es doloroso. Pero ahora tienes algo que contarle a tu hermano.
Entras por las grandes puertas de metal y saludas al guardia. Caminas por varias calles silenciosas, con nichos a ambos lados cubiertos de flores y fotografías de los seres queridos de otras personas.
Entonces llegas frente a la tumba de tu gemelo. Está limpia y con flores nuevas. Probablemente tu madre la haya visitado hace poco. O quizás alguno de tus otros hermanos.
-Olvidé traerte flores, Fredy.
Casi puedes escuchar la risa de tu hermano. ¿Flores? ¡Esto no es una cita, George! Mejor me hubieses traído bengalas que se encienden con la humedad, ¿te imaginas el caos que causaría? Este lugar tan lúgubre se llenaría de vida… en sentido figurado.
Y no puedes evitar reír también.
-Hoy Fred II va a su primer día en Hogwarts. Estaba algo asustado y nervioso, pero sé que, como buen hijo mío y sobrino tuyo, va a causar algo de caos. Obviamente no tanto como tú y yo, que prácticamente somos leyendas. Pero algo hará mi pequeño pelirrojo. ¿Recuerdas nuestro primer año? Estuvo lleno de aventuras. Descubrimos el mapa, los pasadizos, la cocina con sus elfos domésticos.
El unicornio.
-¡El unicornio! Casi lo había olvidado. Esa vez me salvaste.
Te quedas en silencio unos minutos, recordando. Es una memoria feliz que te sabe amargo.
-Siento no haber podido ayudarte.
La voz se te quiebra, y las lágrimas no tardan en llegar a tus ojos y, aunque intentas detenerlas, se escapan y ruedan por tus mejillas.
No te preocupes, George. Siempre estuviste a mi lado, incluso en mi último momento. Siempre nos protegimos el uno al otro. Sé que habrías dado tu vida por mí y eso me hace muy feliz. Pero más feliz me hace saber que seguiste con tu vida, que nuestro negocio está por todo lo alto ¡Somos leyendas en Hogwarts!
-Te extraño tanto. Nunca he dejado de hacerlo.
Claro que no, hermano. Pero recuerda que siempre estaremos juntos. Nacimos juntos y, a pesar de que yo me fui primero, sigo vivo en tu recuerdo y en tu corazón. Y en el de nuestros padres y hermanos. Pero en ti, vivo más que en todos los demás.
-Quisiera que estuvieras aquí.
Siempre estoy aquí.
Te limpias las lágrimas y sonríes. Así me gusta verte, George. Por favor, no dejes de sonreír. Cuando te miras al espejo también me ves a mí y si tu sonríes, yo estoy sonriendo contigo, hermano.
-Siento que aún puedo escucharte. Y no puedo olvidar tu cara. Será imposible, ya sabes, porque tenemos la misma. Te veré envejecer.
Oh, claro que no. Tú serás el que se ponga viejo. Yo me fui en la flor de la juventud. Siempre estaré joven.
-De todas formas todos me verán y sabrán cómo habrías sido de anciano.
Mmmm, tienes razón. Entonces debes envejecer bien, con un rostro bonito. No puedes arruinar nuestra hermosura.
-Claro que no.
Así me gusta.
-¿Es real esto, Fred? ¿Realmente te estoy escuchando? ¿O esto solo está pasando en mi cabeza?
Está pasando en tu cabeza, obviamente. Pero eso no lo hace menos real. Yo estoy contigo siempre. Vivo en tu corazón. Así que cuando estás triste, yo también lo estoy.
-Lo siento. Pero no puedo superar que te hayas ido. Aunque cada día siento que puedo ser un poco más feliz con mi familia y mi vida en general.
¡Así me gusta!
-Aunque nunca podré invocar un Patronus otra vez. Mis recuerdos más felices son contigo.
Me halagas. Pero bueno, quién necesita un hechizo como ese en estos tiempos. Recuerda que el más importante es Expelliarmus. Si puedes con ese, el mundo está a salvo.
-Tienes razón.
Te ríes con ganas, como hace tiempo no lo hacías. Así me gusta, George.
-Bueno, tengo que volver. Ya sabes, negocios son negocios y esas bengalas que se encienden con la humedad no se venderán solas… fue bueno hablar contigo, hermano. Lo necesitaba
Lo mismo digo, George.
Te alejas a paso lento con una sonrisa en los labios y un sentimiento cálido en el corazón. Sabes que aún habrá momentos de tristeza y nostalgia, pero al menos tienes la fuerza para seguir adelante. Porque tienes la certeza de que yo estoy siempre contigo.
Sé feliz por los dos.