El asedio de las sombras

1264 Words
El ariete golpeó la puerta de la cabaña con un estruendo que pareció sacudir la montaña entera. El polvo de madera vieja bailaba en los haces de luz de las linternas tácticas que se filtraban por las grietas. Dentro, el aire era espeso, cargado con el olor a azufre de los cartuchos de humo que Elena había ordenado lanzar por las ventanas. —¡Sara, por favor! —el grito de Thiago volvió a sonar, esta vez más cerca, cargado de una desesperación patética—. ¡Tu madre no quiere matarte! ¡Solo entrégalo y volveremos a casa! ¡Todo se olvidará, lo juro! Sara, agazapada tras una mesa de roble maciza, apretó el gatillo de su ballesta. La flecha de punta de plata silbó en la oscuridad, incrustándose a milímetros de la cabeza de Thiago cuando este asomó por la ventana rota. El grito de terror del chico fue música para sus oídos. —¡Vete al infierno, Thiago! —rugió Sara, su voz resonando con una autoridad que nunca había tenido—. ¡Dile a mi madre que si quiere a su "heredera", tendrá que venir a buscarla entre las cenizas de este lugar! Al lado de Sara, Liam ya no era el chico vulnerable de la clínica. Su transformación era incompleta pero letal: sus ojos eran orbes de fuego ámbar, sus colmillos sobresalían de sus labios partidos y sus garras habían desgarrado el suelo de madera. No hablaba, pero su gruñido era una vibración constante que hacía que los objetos de cristal en la cabaña tintinearan. El ataque de la tecnología De repente, un zumbido agudo y ensordecedor inundó la habitación. Era la frecuencia sónica de Elena. Para Sara era un ruido molesto, pero para los oídos ultrasensibles de Liam, fue como si le clavaran agujas de fuego en el cerebro. Liam cayó de rodillas, cubriéndose los oídos y aullando de agonía. El lobo en su interior se retorcía, tratando de escapar del sonido que estaba diseñado para "desactivar" el sistema nervioso de los cambiaformas. —¡Liam! ¡No! —Sara corrió hacia él, pero la puerta principal finalmente cedió con una explosión de astillas. Elena entró primero, moviéndose con una gracia felina, sosteniendo un emisor sónico en una mano y una pistola de precisión en la otra. Detrás de ella, Thiago entró tropezando, con el rostro desencajado por el miedo, tratando de parecer un héroe mientras sostenía un arma que claramente no sabía usar. —Mírate, Sara —dijo Elena, caminando sobre los restos de la puerta con sus botas de cuero impecables. Miró a Liam, que se convulsionaba en el suelo, con el desprecio de quien mira a un insecto—. Has arriesgado el legado de mil años por un experimento de tu abuelo que salió mal. Silas siempre fue un romántico de la genética, pero yo soy una pragmática. Este chico es inestable. —Él es más humano que cualquiera de ustedes —escupió Sara, levantando su ballesta y apuntando directamente al corazón de su madre. —Sara, baja eso —intervino Thiago, dando un paso adelante, con la voz temblorosa—. Tu madre tiene razón. Mira a esa cosa... no es el chico que conociste. Es un monstruo. Vamos, dame la mano, salgamos de aquí. Thiago cometió el error de acercarse demasiado. En su arrogancia, pensó que Liam estaba totalmente incapacitado por el sonido. Pero Liam, impulsado por una rabia que superaba el dolor físico, logró concentrar su odio en el intruso. Con un movimiento que la vista humana apenas pudo seguir, Liam lanzó un zarpazo desde el suelo. Las garras rasgaron la pierna de Thiago, quien soltó un alarido de puro horror mientras caía al suelo, viendo cómo su pantalón de diseñador se teñía de un rojo intenso. El giro de la sangre Elena, al ver a su "aliado" caído, no mostró piedad. Simplemente le dio una patada a Thiago para apartarlo del camino y apuntó a Liam. —Suficiente —sentenció Elena. Pero antes de que pudiera disparar, un rugido mucho más poderoso que el de Liam sacudió la cabaña. El muro lateral de la estructura estalló cuando Silas, en su forma de Alfa gigantesco, irrumpió en la habitación. Su presencia era abrumadora; el aire se volvió pesado y frío. Silas no atacó a Sara ni a Liam. Su objetivo era Elena. El Alfa se transformó parcialmente, su rostro volviéndose una máscara de rasgos lobunos y humanos. —Elena... —dijo Silas, su voz como el crujido de piedras—. Te advertí que no interfirieras en mi diseño. Liam y Sara son el futuro. Tú solo eres el pasado que se niega a morir. —¡Tu diseño es una abominación, padre! —gritó Elena, disparando dos balas de plata que impactaron en el hombro de Silas sin siquiera hacerlo retroceder—. ¡Este pueblo es una granja y tú eres el carnicero! En medio del caos, con Liam recuperándose lentamente del sonido sónico y Thiago desangrándose en un rincón, Sara comprendió la verdad absoluta. No había bandos buenos. Su padre quería cazar, su madre quería control y su abuelo quería crear una r**a de esclavos. —¡Basta! —el grito de Sara fue tan potente que incluso Silas se detuvo—. ¡Nadie va a decidir nuestro futuro! Sara activó una granada de fósforo que había encontrado en el equipo de su abuelo. La luz blanca fue cegadora. En la confusión, agarró a Liam por el brazo. —Tenemos que irnos, Liam. Ahora o nunca —susurró al oído de la bestia. Liam, recuperando su fuerza al oler la sangre de Silas —la misma que corría por sus venas tras la mordida—, rugió con una potencia nueva. Se lanzó sobre Elena, no para matarla, sino para desarmarla, destrozando el emisor sónico de un mordisco metálico. Mientras Silas y Elena se enzarzaban en una lucha familiar de proporciones épicas, destruyendo lo que quedaba de la cabaña, Sara y Liam saltaron por el hueco en la pared. Corrieron hacia la negrura del bosque, escuchando los disparos de los policías que Marcus lideraba desde la distancia, acercándose al lugar. Se internaron en lo más profundo de Blackwood Falls, donde los árboles eran tan viejos que habían olvidado sus propios nombres. Detrás de ellos, una explosión iluminó el cielo nocturno: la cabaña de Silas estaba ardiendo. Se detuvieron en un risco, mirando las llamas a lo lejos. Liam volvió a su forma humana, temblando, pero sus ojos ya no cambiaban de color; se habían quedado en un ámbar permanente, un recordatorio de que su humanidad y su lado salvaje finalmente se habían fusionado. —¿A dónde iremos? —preguntó Liam, abrazando a Sara para protegerla del frío. Ya no había rastro de Thiago, ni de la autoridad de Marcus. Solo quedaban ellos dos. —Lejos de aquí —respondió Sara, mirando el horizonte—. Mi familia cree que somos su experimento, pero vamos a ser su peor pesadilla. Vamos a encontrar a los otros que Silas infectó. Vamos a crear nuestra propia manada. Una que no siga sus reglas. El amanecer empezaba a romper el horizonte, pero ya no era un amanecer de miedo. Era el primer día de su nueva vida como los dueños de las sombras. La cacería de Marcus continuaría, la obsesión de Elena no moriría, y Silas los buscaría, pero ahora, la bestia y la cazadora estaban juntas. Y el mundo, finalmente, iba a saber lo que sucede cuando el amor y la furia se convierten en una sola sangre.
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