El frío de la madrugada en las cumbres de Blackwood Falls cortaba como una hoja de afeitar. Sara y Liam se movían entre las sombras, alejándose de la columna de humo que antes había sido el santuario de Silas. Liam caminaba con una rigidez sobrenatural; aunque sus heridas externas habían cerrado, el veneno de acónito y la frecuencia sónica de Elena habían dejado una cicatriz en su conexión con el lobo. Sus ojos ámbar parpadeaban, luchando por no apagarse.
—No podemos seguir hacia el norte, Liam. Mi padre conoce esos senderos. Él los trazó cuando yo era niña —susurró Sara, sosteniendo su ballesta con una mano y guiando a Liam con la otra.
—Tu abuelo... él todavía está ahí atrás, Sara —la voz de Liam era un crujido áspero—. Puedo sentir su aullido en mi cabeza. No nos dejó escapar porque nos amara. Nos dejó ir porque somos sus peones.
Sara se detuvo en seco bajo un roble centenario. La revelación del diario seguía quemándole el cerebro: ella no era una víctima, era el objetivo de un experimento genético. Su linaje de cazadora no era para destruir a los lobos, sino para perfeccionarlos.
El regreso del verdugo
De repente, el silencio del bosque fue interrumpido por un sonido rítmico y metálico: el batir de las aspas de un helicóptero de reconocimiento. Pero no era la policía local. Las luces eran rojas, el código de "La Orden", la organización secreta a la que pertenecía Elena.
—¡Abajo! —ordenó Sara, empujando a Liam tras una formación rocosa.
A pocos metros de ellos, una patrulla terrestre apareció. Pero no caminaban como soldados normales. Eran tres figuras vestidas con trajes tácticos reforzados, moviéndose con una agilidad que desafiaba la gravedad.
—Son "rastreadores" —dijo Sara con horror—. Cazadores mejorados con suero. Mi madre finalmente ha sacado sus juguetes caros.
Pero el giro vino de la figura que lideraba la patrulla. Al quitarse el casco de visión nocturna, la luz de la luna reveló un rostro desfigurado por tres profundas cicatrices de garras. Era Marcus. Su padre no estaba muerto, ni se había quedado atrás. Pero ya no era el hombre que ella conocía. Su brazo izquierdo estaba envuelto en un exoesqueleto mecánico que brillaba con una luz azulada, un prototipo diseñado para enfrentar la fuerza bruta de un Alfa.
—Sé que estás escuchando, Sara —la voz de Marcus, amplificada por el comunicador de su traje, rebotó en los árboles—. El chico te está infectando la mente. Lo que viste en la cabaña fue una ilusión. Tu madre y yo solo queremos extraerte de este error antes de que la transformación sea irreversible en ti también.
La infección silenciosa
Sara sintió un escalofrío que no era por el clima. Se miró las manos y notó, por primera vez, que sus venas tenían un ligero tono plateado bajo la piel. Recordó el diario de Silas: "El nuevo orden comenzará con su unión".
—Liam... —susurró Sara, tocándose el cuello—. Yo no he sido mordida... ¿por qué siento que mis sentidos se agudizan?
Liam la miró con una tristeza infinita. Él ya lo sabía. La presencia del Alfa Silas en la cabaña no solo fue para pelear; él había liberado una cepa viral en el aire, diseñada específicamente para activarse en la sangre de los descendientes de su propia estirpe. Sara no necesitaba una mordida. Ella estaba despertando como algo nuevo: una Cazadora Híbrida.
—Es el diseño de Silas, Sara —dijo Liam, apretando los dientes—. Él te está convirtiendo en mi pareja de manada, quieras o no. Tu padre lo sabe, por eso tiene tanto miedo. No quiere salvarte; quiere llevarte al laboratorio de tu madre para "limpiarte".
La trampa de Thiago
Mientras intentaban retroceder para evitar a la patrulla de Marcus, una figura salió de entre los arbustos. Era Thiago. Pero ya no era el chico asustado que orinó sus pantalones. Tenía la pierna vendada con tecnología médica avanzada y sostenía un dispositivo de pulso electromagnético.
—Sara, detente —dijo Thiago. Su voz estaba vacía, casi robótica—. Marcus me prometió que si te entregaba, me darían el tratamiento. Yo también estoy infectado, Sara. Las garras de Liam... tenían el virus.
Thiago no estaba allí para rescatarla. Estaba allí como un cebo desesperado. En su egoísmo, había aceptado convertirse en el primer "perro de caza" de Marcus a cambio de una cura que probablemente no existía.
—¡Corre, Liam! —gritó Sara, pero Thiago activó el pulso electromagnético.
Una onda de choque invisible golpeó a Liam, haciendo que el lobo en su interior reaccionara de forma caótica. Liam no se transformó en el lobo majestuoso de antes; se convirtió en una masa de furia ciega, incapaz de distinguir amigos de enemigos.
Liam soltó un rugido que hizo que Marcus y sus rastreadores se lanzaran al ataque. En medio del caos, Marcus disparó una red de fibra de carbono electrificada que atrapó a Liam contra el suelo.
El suspenso final
Sara levantó su ballesta para disparar a su propio padre, pero Marcus fue más rápido. De su brazo mecánico salió un cable que la inmovilizó.
—Lo siento, hija —dijo Marcus, acercándose mientras Liam luchaba bajo la red—. Pero tu madre tiene razón. Eres demasiado valiosa para dejarte con este animal.
Marcus miró a Thiago, quien sonreía con malicia.
—Buen trabajo, muchacho. Ahora, deshazte de la evidencia.
Marcus señaló a Liam. Thiago sacó una daga de plata, acercándose al cuello del lobo atrapado. Pero justo cuando la hoja iba a descender, un aullido ensordecedor, diferente a todos los anteriores, resonó desde las profundidades del bosque. Un aullido que no venía de Silas, ni de Liam.
Era un aullido femenino.
Sara sintió que su sangre hervía. Sus ojos cambiaron, no al ámbar de Liam, sino a un color azul eléctrico puro. Sus uñas se alargaron y, con una fuerza que destrozó los cables de Marcus, se puso de pie.
—¡Aléjate de él, Thiago! —rugió Sara.
Pero no fue Sara quien atacó. De la oscuridad surgió una nueva manada de lobos, más pequeños pero más feroces, liderados por una loba de pelaje blanco como la nieve que se lanzó directamente sobre la patrulla de Marcus.
¿Quiénes eran estos nuevos aliados? ¿Acaso había otros experimentos de Silas ocultos en el bosque?
Marcus retrocedió, activando su escudo mecánico.
—¡Retirada! ¡No estamos solos!
En medio de la confusión, la loba blanca se detuvo frente a Sara y, por un segundo, la miró con una inteligencia humana aterradora. Luego, miró a Liam y soltó un gruñido que sonó casi como una advertencia.
La loba blanca se dio la vuelta y empezó a arrastrar la red de Liam hacia la oscuridad profunda, obligando a Sara a seguirlos si quería salvarlo.
Sara miró a su padre por última vez, viendo la duda en sus ojos por primera vez en su vida. Luego, se internó en la negrura, siguiendo a la nueva manada hacia lo desconocido.