El latido del mercurio

1127 Words
El rugido que retumbó por los túneles de la mina no era el de un animal, ni el de un motor; era una amalgama de ambos, un sonido metálico y orgánico que hacía que el musgo bioluminiscente de las paredes se apagara por la vibración. Elara palideció, retrocediendo hacia el círculo de los "fallos" que se agrupaban con miedo. —El Proyecto Quimera... —susurró Elara, su voz temblando por primera vez—. Elena lo ha perfeccionado. No es un lobo, Sara. Es un cadáver reanimado con nanotecnología y sangre de Alfa. No tiene alma, solo programación para destruir. Liam soltó un grito ahogado. Su piel, antes cálida, ahora se sentía fría como el mármol, y un tinte plateado corría por sus venas como si en lugar de sangre tuviera mercurio líquido. El veneno de acónito de Marcus había mutado dentro de él, atacando su núcleo vital. —¡Liam! ¡Mírame! —gritó Sara, sosteniendo su rostro entre sus manos—. ¡No te atrevas a dejarme ahora! —Sara... el frío... me está borrando... —los ojos de Liam empezaron a volverse grises, perdiendo el brillo dorado que lo definía. El Trance de la Siphoner Sara cerró los ojos, ignorando el caos que se desataba a su alrededor. Sabía que sus manos azules no eran solo para destruir; eran conductos. Se concentró en el latido errático de Liam, visualizando el veneno plateado que bloqueaba su corazón. —Si Silas me hizo para ser el puente, entonces voy a usar el puente para salvarlo —sentenció Sara. Entró en un trance profundo. El mundo real desapareció. Ya no escuchaba los gritos de los "fallos" preparándose para la defensa, ni el sonido de las garras metálicas de la Quimera acercándose por el túnel norte. En su mente, estaba en un bosque de cristal blanco, y en el centro, un lobo n***o estaba atrapado en una red de mercurio que se cerraba lentamente. Sara caminó hacia la red. Cada paso le quemaba los pies. Al tocar el mercurio, sintió un dolor agónico que le recorría los brazos, pero no se detuvo. Empezó a absorber el veneno hacia su propio cuerpo. Sus venas empezaron a brillar con un azul violento, y su respiración se volvió pesada. Estaba sacrificando su propia estabilidad genética para limpiar la de él. La defensa de los Olvidados Afuera del trance de Sara, el túnel explotó. La Quimera irrumpió en la caverna central. Era una criatura de pesadilla: del tamaño de un oso polar, con piel de lobo n***o cosida sobre un endoesqueleto de fibra de carbono. Sus ojos eran lentes de cámara rojos que escaneaban el calor de la habitación. En lugar de garras naturales, tenía cuchillas retráctiles que goteaban un ácido verdoso. —¡Defiendan a la Heredera! —gritó Elara, transformándose en la Loba de Nieve y lanzándose contra el flanco de la máquina. Los "fallos" —aquellos adolescentes con brazos de escamas, ojos múltiples o fuerza desproporcionada— salieron de las sombras. Un chico con piel endurecida como el granito se interpuso entre la Quimera y el cuerpo inerte de Sara y Liam. La Quimera lanzó un zarpazo que habría decapitado a un hombre común, pero el chico de piedra aguantó el impacto, aunque sus costillas crujieron. —¡Ahora! —ordenó una chica con la capacidad de proyectar descargas eléctricas desde sus dedos. La electricidad golpeó los sensores de la Quimera, provocando cortocircuitos temporales, pero la máquina se recalibró en segundos. Elena la había diseñado para aprender del dolor. El Despertar Híbrido Dentro de su mente, Sara logró romper la última cadena de mercurio. El lobo n***o se puso de pie y le lamió la mano, transmitiéndole un calor salvaje. En el mundo real, Sara abrió los ojos de golpe. Su piel emitía una neblina azulada y sus uñas eran garras de luz pura. Liam se incorporó de un salto, sus ojos ahora eran de un dorado más intenso que nunca, con una pupila rasgada que denotaba que el Alfa Silas ya no tenía control sobre él; Liam había evolucionado. —Gracias, Sara —dijo Liam, su voz ahora era un trueno que resonaba en la cueva. Se miraron por una milésima de segundo, un entendimiento total entre la Siphoner y el nuevo Alfa. Se lanzaron al ataque juntos. Liam saltó sobre la espalda de la Quimera, usando su fuerza bruta para arrancar las placas de metal de su lomo, mientras Sara, con sus manos cargadas de energía azul, tocaba los circuitos expuestos, drenando la batería de la máquina directamente hacia el suelo. La Quimera soltó un chirrido electrónico ensordecedor y explotó en una lluvia de chispas y aceite sintético. El silencio volvió a la cueva, pero era un silencio pesado. Los "fallos" miraban a Sara y Liam con una reverencia que rozaba el culto. Ya no eran solo fugitivos; eran sus salvadores. El Suspenso Final Elara volvió a su forma humana, exhausta y herida. —Lo logramos... por ahora. Pero Elena escuchó todo a través de los sensores de la Quimera. De entre los restos de la máquina, un pequeño altavoz aún funcionaba. La voz de Elena, fría y carente de toda emoción maternal, llenó la caverna. —Felicidades, Sara. Has superado la fase de prueba. Pero mientras tú juegas a ser la reina de los monstruos, tu padre está instalando los detonadores sónicos en el centro del pueblo. Si no te entregas en las próximas seis horas, Blackwood Falls será borrado del mapa. Y adivina a quién hemos elegido para activar el interruptor... La voz de Elena se desvaneció, pero antes de apagarse, se escuchó un sollozo familiar. —¿Jace? —susurró Liam, reconociendo la voz de su mejor amigo capturado. Sara miró a la multitud de olvidados, luego a Liam, y finalmente hacia la salida que llevaba al pueblo. Elena los estaba obligando a elegir: salvar a su nueva manada o salvar a la gente inocente y al único amigo que les quedaba, a costa de sus propias vidas. —No vamos a elegir, Liam —dijo Sara, ajustándose la ballesta—. Vamos a quemar todo su imperio. Pero justo en ese momento, el suelo de la cueva empezó a vibrar. No era Marcus. Era algo mucho más profundo. Los ojos de Elara se abrieron de par en par. —Él se ha despertado —dijo ella con terror—. El Alfa Original, el padre de Silas... el que estaba enterrado bajo las minas. Vuestra pelea ha despertado al verdadero dueño de este bosque. Un rugido que hizo que la Quimera pareciera un juguete de cuerda surgió de las profundidades abisales de la mina, y unas garras del tamaño de troncos empezaron a emerger del suelo justo debajo de donde ellos estaban.
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