El Aliento del Abismo

1221 Words
La vibración no era un temblor; era un latido. Un pulso sísmico que subía desde las capas más profundas de la corteza terrestre de Blackwood Falls, haciendo que las estalactitas de la bóveda se desprendieran como lanzas de cristal. Elara cayó de rodillas, cubriéndose los oídos mientras sus ojos se dilataban hasta volverse completamente grises. —No es posible... Silas dijo que lo había consumido... que su sangre era el cimiento de la manada —sollozó Elara, el terror anulando su instinto de guerrera. Liam se interpuso entre Sara y la grieta que se abría en el centro de la caverna. Sus garras se hundieron en el suelo de piedra para no ser succionado por el vacío que empezaba a generarse. De la oscuridad abisal surgió una mano. No era de carne, ni de metal; parecía hecha de obsidiana viva y raíces petrificadas, con uñas que brillaban con un fuego fatuo verdoso. Era el Alfa Original, el progenitor de toda la maldición, despertado por la explosión de la Quimera y el torrente de energía azul de Sara. —¡Corran a los túneles superiores! —rugió Liam, pero su voz fue ahogada por un rugido que no salió de una garganta, sino del aire mismo. Era una frecuencia que paralizaba los pulmones. El Encuentro en las Sombras Mientras los "fallos" huían en estampida hacia las salidas de emergencia, una ráfaga de granadas de humo cegador estalló en la entrada norte. Figuras con armaduras de grafito descendieron a rápel desde los conductos de ventilación. —¡Fuego a discreción sobre la anomalía biológica! —la voz de Marcus resonó, filtrada por el modulador de su casco. Marcus y su unidad de élite aterrizaron en medio del caos. El jefe de policía, con su brazo mecánico zumbando a máxima potencia, se quedó petrificado al ver la mano colosal que emergía del suelo. Sus sensores térmicos se volvieron locos; la criatura no tenía temperatura, era un vacío absoluto en el espectro infrarrojo. —¡Papá, detente! —gritó Sara, envolviendo a Liam con su escudo de energía azul—. ¡Tus armas no le harán nada! ¡Estás disparando a una fuerza de la naturaleza! Marcus giró su casco hacia ella. Por un segundo, a través de la visera reforzada, Sara creyó ver el destello de una lágrima. —Sara... sal de aquí. Esto ya no es una operación de captura. Elena ha activado el protocolo de "Tierra Quemada". Si esa cosa sale a la superficie, los satélites vaporizarán todo el valle en diez minutos. La Alianza de Ceniza El Alfa Original emergió a medias. Su rostro era una máscara de madera quemada y hueso, con cuencas vacías que parecían observar el alma de cada persona en la sala. Con un movimiento lento, barrió a dos de los rastreadores de Marcus, desintegrando sus armaduras y sus cuerpos en una nube de ceniza gris con un solo roce. —¡Necesitamos combinar el poder! —gritó Liam, recuperando su forma híbrida, sus músculos hinchándose bajo la presión—. ¡Marcus, usa el pulso de tu brazo para distraerlo! ¡Sara, drena su energía! Marcus dudó. Su programación le decía que debía capturar a Liam, pero su instinto de supervivencia —y lo poco que quedaba de su amor por su hija— lo obligó a actuar. —¡Unidad Alpha, flanqueen! ¡Carguen los condensadores de plasma al 100%! El espectáculo fue dantesco. Marcus disparó un rayo de energía azulada desde su brazo mecánico que impactó en el pecho del Anciano, mientras Liam saltaba sobre el hombro de la criatura, desgarrando la corteza de obsidiana con sus garras de oro. Sara se situó en el centro del huracán. Extendió sus manos y sintió la conexión con el Alfa Original. Era como intentar beberse el océano. La oscuridad de la criatura era infinita, llena de siglos de hambre y soledad. —¡Ahhhh! —Sara gritó cuando el poder del Anciano empezó a fluir hacia ella. Sus venas azules se tornaron negras. Estaba absorbiendo la esencia de la creación misma. El Giro del Traidor En medio del combate, una figura se movió entre las sombras de los túneles laterales. Era Thiago. Sus ojos brillaban con un rojo artificial, producto de los implantes que Elena le había colocado para salvarle la vida. En su mano sostenía un detonador remoto. —Si no puedo tenerte, Sara... nadie lo hará —susurró Thiago, su mente quebrada por el dolor y la envía. Thiago no apretó el botón para matar al monstruo. Lo apretó para derrumbar los pilares de carga de la cueva sobre todos ellos. Las explosiones en cadena sacudieron la montaña. El techo de la caverna empezó a colapsar en bloques de toneladas de granito. Marcus vio cómo una enorme roca se dirigía directamente hacia Sara, quien estaba atrapada en su trance con el Anciano. —¡SARA! —Marcus se lanzó, usando su brazo mecánico para sostener el bloque de piedra. El metal de su prótesis chirrió y empezó a doblarse bajo el peso imposible. —¡Váyanse! —rugió Marcus, mirando a Liam—. ¡Llévala a la superficie! ¡Es una orden, animal! Liam agarró a una Sara semiinconsciente y, con un salto desesperado, se internó en el túnel de escape justo cuando la caverna principal se derrumbaba por completo, sepultando a Marcus, a Thiago y al Alfa Original bajo kilómetros de roca. Liam y Sara salieron a la superficie, emergiendo por un respiradero en el cementerio del pueblo. El aire de la noche era gélido, pero el silencio era aún peor. Blackwood Falls estaba desierto. Las luces de las casas parpadeaban y un zumbido de alta frecuencia vibraba en el ambiente. Sara abrió los ojos, sus venas negras volviendo lentamente al azul, pero su mano estaba manchada de un fluido oscuro que no era sangre humana. Miró hacia el centro del pueblo y vio a su madre, Elena, de pie sobre el campanario de la iglesia, sosteniendo un mando de control. —El sacrificio de tu padre ha sido muy útil, Sara —la voz de Elena llegó a través de los altavoces de emergencia del pueblo—. Ha sellado al Anciano por ahora. Pero me ha dejado el camino libre para la fase final. Elena señaló hacia el bosque. Del suelo empezaron a emerger decenas de cápsulas de criogenia. —Saluda a tus nuevos hermanos, Sara. Los "Hijos de la Superluna". Las cápsulas se abrieron. De ellas no salieron lobos, sino seres humanos con armaduras biológicas, todos con el rostro de un joven Liam. Elena había clonado al Alfa perfecto, y ahora tenía un ejército. Pero el verdadero terror golpeó a Sara cuando sintió un movimiento en su propio vientre. Un calor repentino y un latido doble que no era el suyo. El trance con el Anciano había despertado algo más que poder en ella. —Liam... —susurró Sara, tocándose el abdomen con manos temblorosas mientras el ejército de clones empezaba a rodearlos—. Creo que el experimento de Silas ha tenido éxito de una forma que nadie imaginó. Liam la miró, y luego a los clones de sí mismo que avanzaban con hachas de plata. Estaban rodeados, superados en número y con el secreto de una nueva vida creciendo en medio de una guerra de exterminio.
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