POV Fernanda Cuando abrí los ojos, Ángel ya no estaba a mi lado. Por un segundo pensé que quizá todo había sido un sueño, pero el olor de su colonia seguía impregnado en mis sábanas. No, fue real. Todo fue real. Me senté al borde de la cama, por un momento, al sentir un mareo extraño. Las náuseas llegaron de golpe y corrí al baño. Vomité casi todo lo que había comido la noche anterior. Cuando levanté el rostro, lo vi. Ángel estaba detrás de mí, sosteniéndome el cabello con una mano firme, serena… presente. Estaba sin camisa. Y aunque mi estómago seguía revuelto, no pude evitar que mi mirada se detuviera en su pecho, en esos brazos fuertes que tantas veces me habían sostenido, literal y emocionalmente. —¿Estás bien? —preguntó, con la voz ronca, preocupada. —Me arde el estómago —respond

