POV Vladimir Apenas giré, la vi. Fernanda, de pie junto a Ángel. La mano de ese imbécil descansaba en su espalda con una naturalidad que me revolvió el estómago. Protector. Posesivo. Como si tuviera derecho. Pero ella… Ella no necesita a nadie. Mucho menos a él. Di un paso hacia ella, pero Ángel también. Se cruzó en mi camino, como si su maldita sombra tuviera más derecho que yo. Ella ni me miró. Solo volvió el rostro hacia él. —¿Acabó la audiencia? —preguntó con voz suave. —Sí. En una semana regresamos —respondió él, como si tuvieran una rutina juntos. Ella asintió y dijo, casi para sí: —Vamos. El murmullo de los asistentes se hacía lejano. Para mí, solo existíamos los tres. Ella, él… y lo que alguna vez fue nuestro. —¿Puedo hablar contigo? ¿Puedo llevarte a casa? — dije, dando un

