Devon
Es lunes y las clases finalmente terminaron, al menos por hoy. Los estudiantes se mueven como una marea en los corredores de Brighton en dirección a la salida.
Me despido de Kendra hasta la tarde ya que tiene práctica con las porristas y no veo ni a su hermano ni a Masen ya que ambos comienzan con los entrenamientos del equipo de fútbol, así que salgo sola de la universidad.
Fuera el cielo está teñido de gris y corre una brisa fresca, la que me hace arrepentirme de no haber traído un abrigo conmigo esta mañana. No veo el vehículo de Lawrence por ningún lado mientras los estudiantes comienzan a marcharse.
Me abrazo a mi misma mientras espero a un costado de las escaleras de la entrada, creyendo que quizás está algo retrasado, pero pasados unos minutos estoy considerando pedir un taxi.
—¿Admirando el paisaje? —distingo la voz ronca de Cole antes de que aparezca a mi lado con su cabello n***o revuelto y un cigarro descansando entre sus labios.
Vaya.
Me cuesta creer que esté hablandome por cuenta propia y sin ese tono glacial o esa mirada de desagrado.
Chasqueo la lengua.
—De hecho, practicaba para iniciarme como estatua viviente.
Cole me mira un momento.
—Pues lo haces fatal.
Sus palabras no me suenan mal y hasta me sacan una casi imperceptible sonrisa, algo que no creí ni de cerca que pasaría con él.
—¿Qué haces todavía aquí? —pregunto.
—Estaba buscándote —dice para mi sorpresa. Se saca el cigarro de los labios y expulsa el humo—. Masen olvidó avisarte que Lawrence tiene la tarde libre por el cumpleaños de su hija.
—Oh —Y yo aquí parada como una tonta.
—Me envió un mensaje para que te recogiera.
Eso me extraña. Masen sabe que Cole se mantiene lejos de mí, ¿por qué le pediría eso? Pero, aún más importante, ¿por qué él verdaderamente se ofrecería a llevarme?
—No hay problema, estaba pensando en pedir un taxi…
—Vivimos en el mismo sitio, Devon, eso es ridículo —me interrumpe. Lo observo un momento en silencio, no lo había escuchado decir mi nombre antes.
Una ventisca mueve mis cabellos y me estremezco.
—Tienes frío —dice Cole pero no suena como una pregunta. Lo veo quitarse la chaqueta y entregarmela—. Pontela.
Mi mirada viaja de la chaqueta a su rostro, algo asombrada por su repentino gesto.
—¿Qué?
—Nada —La acepto. Huele a su perfume, es masculino e intenso, algo amaderado y fresco, me hace recordar a un bosque.
—Vamonos —Me da una mirada para que lo siga hacia su Ferrari n***o. Cole de deshace de su cigarro antes de subirse.
Dentro huele a cuero nuevo, prende la calefacción una vez que enciende el vehículo y acelera en dirección a la calle. Me cuesta creer que hace unos días estaba tratándome como si fuera una invasora y ahora está llevándome a casa y hasta me prestó su chaqueta en un gesto inusualmente amable.
Cuando llegamos a la propiedad ambos descendemos del automóvil y avanzamos en silencio hacia la entrada.
Me quito la chaqueta y se la devuelvo, —Gracias.
—No hay de qué —le resta importancia. Comienzo a alejarme, pero él me detiene—. Devon.
—¿Si? —me vuelvo hacia él.
Me observa un momento, parece pensativo, y sin duda no me esperaba lo que iba a decirme.
—No me molesta que estés aquí.
—¿Por qué dices eso? —lo miro algo confusa.
—Sabes por qué.
Puede que ambos sepamos que ninguno fué amable con el otro este tiempo, pero lo que verdaderamente me extraña es que esté diciéndomelo en este momento y así de la nada.
¿Masen le habrá dicho algo? ¿o solo es él mismo?
—Puedo ser indiferente y brusco a veces, pero eso no quiere decir que me desagrades —pronuncia y puedo notar la sinceridad en su voz—. Quería que lo sepas.
¿Entonces es como una disculpa? ¿qué lo llevó tan repentinamente a querer decirme esto?
—Lo sé —suspiro. Y es cierto, en el fondo entiendo que no es personal y, por lo que Masen me contó, que tampoco es un mal chico, solo alguien que atraviesa un momento difícil—. Gracias por decirlo —le doy una pequeña sonrisa, apreciando el gesto. Él asiente y retomo mi camino escaleras arriba.
━━━━━━━━━━━━━
—Gracias —digo aceptando el café que me entrega Kendra, disfrutando de su temperatura calentando mis manos.
Ambas salimos de la cafetería.
Kendra me da una mirada como esperando algo.
Mi ceño se frunce, —¿Qué ocurre?
—¿No piensas contarme?
—¿Qué cosa? —Le doy un sorbo a mi café con toques de vainilla.
Rueda sus ojos.
—Cuando huiste de la fiesta —me recuerda como si fuera algo obvio—. Alek me contó lo que ocurrió.
¡El beso!
Como Kendra no me preguntó al día siguiente ni esta mañana sobre eso no creí que lo recordara, o que lo hubiera visto siquiera. Y dado lo que ocurrió luego esa noche no tuve otra cosa en mi mente el fin de semana, por lo que lo olvidé totalmente.
Hago una mueca, —Es verdad, olvidé decírtelo.
—Te besaste con mi hermano, ¿cómo olvidas contarme algo así? —me reprocha pero no luce realmente molesta.
—Lo siento. Es solo que… no lo sé.
—¿No te gustó? —indaga, arqueando una de sus perfectas cejas rubias y dándole un sorbo a su café.
—No es eso —niego—. Alek es guapo y encantador, solo que no es él quien me gusta —admito.
Repentina curiosidad brilla en sus ojos, —Dime.
—Es Masen.
—Lo sabía —pronuncia con ligera emoción—. Es decir, ¿cómo podría no gustarte? A todas les gusta Masen.
—Nos besamos —confieso y sus ojos se abren.
Me da un golpe suave en el hombro, —Que maldita suerte tienes. Bueno, suerte no —se corrige— eres hermosa.
Sonrío.
Por un momento pienso en si contarle el resto de la historia, tenemos cierta confianza y sé que no andará por ahí contándolo.
—¿Lo hace bien? —su pregunta me saca de mis pensamientos.
—¿Qué cosa?
¿Habré dicho algo en voz alta sin darme cuenta?
—Besar —aclara—, ¿lo hace bien?
Mis mejillas se calientan y agacho la mirada al café entre mis manos, —Ah, sí, sí.
Kendra estrecha su mirada, —¿Por qué siento que hay algo que no estás diciéndome? —. La miro, y no hace falta que diga nada realmente ya que ella misma parece descifrarlo—. ¡Dios mío, te lo follaste!
—Cállate —Le hago un gesto con el índice sobre sus labios y observo a los costados para ver si alguien escuchó pero al parecer no.
—Voy a necesitar detalles de eso luego —dice cuando volvemos a caminar— para compensar que me ocultaste lo del beso con mi hermano. Reglas de amistad y eso, ya sabes —encoge un hombro y me río por sus ocurrencias—. Evidentemente mi pobre hermano no tiene chances contra Masen Heaston.
—No puedo evitarlo. Masen me parece demasiado atractivo desde la primera vez que lo ví —confieso recordando aquella sonrisa encantadora—. Además tiene… algo.
—Te entiendo —Kendra asiente—. Incluso se te iluminaron los ojos debe tener una polla enorme.
Sus palabras me hacen soltar una carcajada y ella se ríe también. Es de esos momentos en los que riendote con alguien te das cuenta cuánto disfrutas de su compañía.
—Solo no lo ilusiones —dice cuando nuestras risas cesan.
La miro.
—No soy así —aseguro—. Aleksander parece un buen chico no le haría eso.
—Me gusta escucharlo, eso arruinaría nuestra relación y en verdad me gusta lo que tenemos.
—Lo sé. A mí igual —le doy un empujoncito con mi costado y ella hace lo mismo en un gesto cómplice.
Ambas continuamos nuestro paseo hasta que Kendra se detiene frente a una tienda y mi mirada divaga hasta la cafetería a un lado, donde hay una televisión con el canal de noticias puesto. Siento como me tenso al ver la imágen de ese sujeto nuevamente mientras la presentadora del programa habla pero no puedo escuchar. Entonces recuerdo todos los sucesos de los últimos días que estuve ignorando, al igual que las coordenadas que debería revisar.
—Devon —Kendra aparece a mi lado.
La miro, distraída —¿Si?
—¿Todo bien?
—Sí, genial.
—¿Podemos entrar? Hay un par de botas haciéndome ojitos y sabes que soy fácil cuando se trata de zapatos —hace un tierno puchero y sonrío.
—Vamos —digo y ella sonríe emocionada mientras rodea su brazo con el mío y nos adentramos en la tienda.
━━━━━━━━━━━━━
Luego de cenar, cuando estoy en mi habitación preparándome para dormir, decido finalmente revisar las coordenadas que saqué de la oficina de Nathaniel.
El mapa de mi teléfono solo me muestra un punto perdido ubicado en el bosque a las afueras de Brighton. Nathaniel en aquella llamada había hablado de cargamentos, creí que se trataría de un almacén o algo así, pero esto no tiene sentido. ¿Por qué habría algo en el bosque? Cómo… escondido.
Decido acostarme y evidentemente mi mente no para de pensar. Es como si creara una pizarra de investigación del FBI y pusiera en ella todo lo que sé hasta ahora. Como futura licenciada en leyes supongo que me es inevitable no hacerlo. La gala, el hombre muerto, la llamada, el traficante, las coordenadas… y aún así hay cosas que me quedan sin conectar. Pero en el fondo comienzo a tener mis primeras corazonadas.
Froto mi rostro para despejarme y entonces escucho el ruido de un motor. Sé que no se trata de nadie de la familia, ni siquiera de Nathaniel porque esta noche sí estuvo en la cena. Me levanto, impulsada por la curiosidad y observo por la ventana. Ese vehículo no lo ví antes por aquí y mucho menos al hombre que desciende de él y se encamina hasta la entrada de la propiedad.
¿Quién es él? ¿qué hace aquí a estas horas de la noche?
Nuevamente aquello que me llevó a entrar a la oficina de Nathaniel días atrás, vuelve a impulsarme y termino caminando por los pasillos en penumbras cuando en una esquina veo la espalda del hombro y me detengo en seco, escondiéndome detrás de una pared. Me asomo y lo veo seguir su camino hasta la oficina de Nathaniel. Intento acercarme lo más que puedo para poder escuchar pero no para ser descubierta.
Puede ser una imprudente curiosidad, pero algo me dice que no ignore mi sexto sentido, el cual me dice que hay algo más grande sucediendo aquí, algo que no puedo ignorar.
—Alguien estuvo en la bodega anoche —Apenas puedo percibir aquella voz y sé que se trata del desconocido.
—Espero que estés aquí para decirme que lo atraparon y que conseguiste algo más importante —advierte Nathaniel en un tono serio. Me provoca cierto escalofrío, no es el Nathaniel amable que me recibió. Es como si fuera un desconocido.
—Salimos a buscarlo, jefe, pero… no encontramos a nadie.
Un momento de silencio.
¿Jefe? ¿Cómo este hombre podría trabajar para Nathaniel y aparecer como si nada en su casa por la noche? ¿Qué sucede en esa bodega y por qué alguien más entraría si supuestamente se encuentra en medio del bosque?
—¿Entonces por qué aseguras que alguien haya estado allí? Podría haber sido otra cosa —Nathaniel parece impaciente.
—Porque los que estábamos allí escuchamos pisadas y…
Me asomo unos centímetros más, buscando entender mejor, pero me sobresalto sintiendo como mi alma abandona mi cuerpo un instante cuando escucho una voz a mis espaldas.
—¿Qué estás haciendo?