Devon
La boca de Masen finalmente prueba la mía y se siente como tocar el cielo con las manos. Sus labios son suaves y puedo percibir un tenue sabor a menta. Lo que comienza como una danza tentadora no tarda en volverse intensa y hambrienta, evidenciando el mutuo deseo que creció durante estas semanas entre ambos y que finalmente será liberado. Aquél pensamiento envía señales directas a mi núcleo.
Su lengua acaricia mi labio inferior como si buscara el acceso a mi boca y se lo concedo, disfrutando de las caricias húmedas en un beso devastador que enciende cada sentido de mi cuerpo y los embriaga de deseo y placer.
Pero entonces recuerdo dónde estamos.
—Masen… —intento susurrar en medio del beso, casi sin aliento—. Alguien podría vernos….
Deja un último beso sobre mis labios antes de tomar mi mano entre las suyas y guiarnos hacia las escaleras. Terminamos entrando en una habitación de tonos azul oscuro, supongo que es la suya. Me quita la chaqueta de las manos y la arroja sobre la comoda, antes de volver a besarme.
Ahueca mi rostro para tomar el control total del beso, prácticamente me devora con hambre y desesperación, como si el mundo dejara de existir si dejáramos de hacerlo. Es un gesto tan sensual porque la simple idea de saber que lo consume la misma necesidad que a mí solo me provoca más, empujándome a un abismo de sensaciones vibrantes y vertiginosas.
Mis palmas descienden sobre su firme torso hasta llegar al borde de su camiseta negra, donde mis dedos se deslizan debajo para tocar su piel.
—Quítamela.
No hace falta que lo pida dos veces, cuando se separa de mí mis dedos se enganchan en la tela y se deshacen de ella, dándome una vista gloriosa de su torso con abdominales definidos.
Sus dedos se aferran a mi cintura y me levanta con facilidad, haciéndome enredar mis piernas en su cintura provocando que el vestido se suba un poco. Sus manos se posicionan debajo de mis muslos para sostenerme mientras avanza hacia la cama donde se sienta conmigo encima.
—Este vestido es mi jodida perdición —murmura sobre mi boca y puedo sentir sus palmas acariciando mi espalda, provocando que mi piel se erice, antes de que sus dedos enganchen la abertura y tiren hacia delante, desnudando mi torso.
El deseo destella en su mirada mientras observa mis senos descubiertos al no llevar brasier.
Una de sus manos se desliza por mi cuello hasta mi nuca, donde sus dedos se deslizan entre los mechones de mi cabello. Tira ligeramente hacia atrás, haciéndome curvar la espalda y por lo tanto exponer más mi pecho a su mirada hambrienta. Su provocadora boca no tarda en dejar un camino de besos en mi cuello directo a mis senos, antes de atrapar uno de mis pezones donde arremolina su cálida y húmeda lengua haciéndome gemir.
Una de mis manos se aferra a su bicep y mis uñas se clavan en su piel, mientras siento una marea cálida empujar mi cuerpo haciéndome mecer las caderas sobre su regazo, en busca de más. Puedo sentirlo ponerse duro dentro de su vaquero oscuro, justo debajo de mí y mi sexo húmedo contra mis bragas.
Se entretiene devorando mis pechos, haciéndome gemir y empujándome al borde, hasta que ya no tolero más la molestia en mi sexo.
—Masen… —jadeo, la necesidad implícita en mi voz.
Sube hasta mi boca y deja un casto beso antes de girarse dejándome de espaldas en la cama. Sus dedos toman la tela del vestido arremolinada en mi cintura y la deslizan por mis piernas, quitandome también las bragas. Toma uno de mis tobillos y se deshace de mis tacones antes de hacer lo mismo con el otro en un gesto cuidadoso.
Se quita los zapatos de un puntapié mientras mis ojos viajan a sus dedos desabrochando sus vaqueros y cómo se lleva con estos su ropa interior, quedando completamente desnudo. Paso saliva sintiendo una explosión de calor en mis mejillas y el aire se vuelve denso ante la imágen de su m*****o grueso y duro.
Joder...
Se sube sobre mí sin aplastarme y deja otro beso en mis labios antes de murmurar: —Móntame, Devon.
Mis labios dejan escapar un suspiro.
Sus palmas se deslizan por mi espalda baja para estrecharme contra su torso y mis piernas flexionadas se aferran a los costados de su cadera al darme cuenta de lo que quiere hacer. Gira en la cama quedando sentado conmigo encima.
Mi cuerpo tiembla en necesidad al sentir la dureza de su m*****o rozando mi húmedo y palpitante sexo.
—Espera, necesitamos un…
—Tomo la píldora —lo interrumpo—. Pero si quieres ir por…
—No, no —niega rápidamente—. Estaremos bien así —asegura volviendo a besarme.
Tomo su m*****o y siento sus músculos tensarse. Elevo mis caderas lo suficiente para poder ubicar la punta en mi entrada, penetrandome lentamente y cerrando mis ojos en el proceso.
—Mírame —ordena Masen con voz grave y afectada por la excitación, y lo hago.
Su m*****o se desliza tan fácilmente en mi interior y me llena de una forma exquisita. Lo hago despacio mientras mis paredes se adaptan a su grosor y escucho como exhala con fuerza. El último tramo lo hago de golpe y gimo, es una posición de máxima penetración y está tocando cada jodido punto sensible en mi interior. Me tomo un momento para adaptarme.
—Mierda —gruñe entre dientes. Sus dedos rodean mi cuello y lo miro. Lujuria arde en sus iris azules—. Te ves como una maldita Diosa ahora mismo.
Vuelve a besarme y el calor que nos envuelve es tan intenso que puedo sentir pequeñas gotas de sudor deslizándose por mi pecho. Por un momento incluso me olvido de la tormenta que ruge afuera.
Me aferro a sus hombros porque mis piernas se sienten débiles mientras comienzo a mecerme sobre su polla, pero el placer que me provoca es el impulso suficiente para comenzar a moverme de arriba hacia abajo, buscando más de aquella sensación.
Una de sus manos se apoya detrás de él en la cama y la otra se aferra a mi cintura guiando los movimientos de mi cadera que se tornan más rápidos e intensos mientras persigo mi liberación al igual que la suya.
Mis paredes comienzan a estrecharse a su alrededor mientras me acerco a mi orgasmo y escucho a Masen maldecir por lo bajo, lo que es una señal de que él está igual de cerca que yo.
Su rostro se hunde en mi cuello donde deja unos besos y arrastro mis uñas por sus hombros anchos hasta hundir mis dedos en los cortos mechones de su nuca.
El orgasmo que me arrasa no tiene precedentes, por un instante me quedo sin aliento sintiendo cómo mis músculos se tensan mientras por unos segundos me encuentro tocando el cielo, antes de caer sintiendo todos mis músculos débiles.
Agradezco la forma en que sus brazos se aferran alrededor de mi cintura, sosteniéndome, manteniéndome contra su pecho. Su frente descansa en mi hombro mientras se recompone.
Tras unos segundos Masen alza su rostro y me mira, sus mejillas tiene un suave tinte rosado, —Jodidamente perfecto.
Vuelve a besarme y no puedo evitar sonreír contra su boca.
Jodidamente perfecto.
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Masen insistió en que usara su ducha, aunque mi habitación literalmente se encuentra a metros de la suya, y terminé accediendo. Utilicé su shampoo y un jabón nuevo de los suyos que dejó su aroma masculino impregnado en mi piel.
Cuando salí me entregó una camiseta suya enorme que termina por la mitad de mis muslos y un par nuevo de boxers ya que evidentemente mis bragas y mi vestido no estan en condiciones dignas.
Él entró a ducharse y me quedé en su habitación, recorriendola con pies descalzos. La lluvia si bien se atenuó aún caen gotas contra los cristales de su ventanal, es una noche perfecta para dormir y con el cansancio en mi cuerpo en cuanto toque mi cama caeré rendida.
Quizás lo mejor sea que me vaya ahora. ¿O espero a que salga primero? En el fondo aún no quiero irme.
Paseo la mirada por unos estantes de madera oscura en las paredes azul marino de su habitación. Hay algunos cuadros con fotografías que ya ví por la mansión, de Cole y Masen con su madre. Me lleva a pensar que buscan tener su imagen presente en cada parte de la propiedad y es un gesto que ablanda mi sentimental corazón.
Mis dedos llegan al cuadro con una fotografía donde están Masen y Cole de pequeños con tiernos uniformes escolares y su madre estrujando a ambos contra ella como si no los quisiera soltar. En todas las fotos que aparece tiene un aire tan pulcro, clásico y elegante pero logra verse dulce y cálida. Me provoca genuinos deseos de haber podido conocerla.
Masen sale de la ducha con una toalla colgando alrededor de su cadera, gotas de agua deslizándose por su torso mientras seca su cabello con una toalla más pequeña. Es una imagen que admiraría por horas.
Sonríe y es tan devastador que aparto la mirada sintiendo mis mejillas rosadas.
—Puedes mirar, Devon. Sé que es difícil resistirse a mí —bromea y niego sonriendo, regresando mi atención al cuadro antes de dejarlo donde estaba.
Cruzo mis brazos sobre mi pecho, —Se veían muy tiernos —comento refiriéndome a la foto y Masen le da un vistazo, dejando la toalla pequeña a un lado.
Avanza hasta mi lado y sostiene el cuadro entre sus manos, sus iris azules se iluminan con calidez y quisiera poder obtener un poco de los recuerdos que pasan por su mente. Deben estar más frescos que los que tengo de mi madre.
—Fué el primer día de clases, yo comenzaba primero y Cole ya estaba en tercero —cuenta y lo observo con atención. Guarda silencio un momento y las comisuras de sus labios se curvan en una débil sonrisa—. Mamá nunca lloraba pero ese día recuerdo ver sus ojos cristalizados, tenía una enorme sonrisa en su rostro y no paraba de besarnos.
La imagen que se forma en mi cabeza me provoca sonreír con ternura.
Masen apoya su cadera en el mueble y me mira, —Cole decía que ya estaba grande para eso pero siempre buscaba una excusa para que mamá le diera un beso —me cuenta con una pequeña sonrisa. Su mirada se desvía a un punto lejos de mi rostro por un instante y sus palabras se ven envueltas en un tono melancólico—. Cuando mamá comenzó a enfermar él se acercaba a ella y le decía que podía darle un beso si eso la haría sentir mejor —el fantasma de una sonrisa baila en su rostro antes de desvanecerse—. Él siempre fué más apegado a ella, siempre mostrándole sus dibujos, sus excelentes calificaciones, sus logros —recuerda—. Siempre fué el niño de mamá —dice pero no hay resentimiento ni envidia en su voz—. Es decir, los dos —me mira—. Mamá siempre me recordaba cuánto me amaba y que tan orgullosa estaba de mí, y jamás lo dudé —asegura y noto como pasa saliva Parece no poder sostenerme la mirada mientras sus pensamientos y esos recuerdos se adueñan de su atención.
Lo que está contandome es algo tan bonito y personal, y tengo el presentimiento de que le hace bien recordar a su mamá. El nudo melancolico que cargo desde hace años aprieta mi pecho e inhalo profundamente, pestañeando para disipar las lágrimas que nublan mi vista.
—Cole siempre fué diferente. Siempre fué más solitario y callado, prefería pasar sus tardes leyendo o en el estudio con mamá. Ella es una artista, es escultora —dice en presente y mi corazón se encoge—. Por eso Cole pasa todo el tiempo allí, supongo que es lo más cercano a mamá que tiene ahora. El lazo que tenía con ella lo devastó cuando la perdimos —su voz se apaga y deja el cuadro en su sitio, cruzándose de brazos. Mis dedos rodean su bicep dándole un apretón para demostrarle que me tiene allí.
—Está bien. Si quieres parar…
—Estoy bien —murmura, pero no me mira.
—Cuando perdí a mamá también solía decirlo —hablo—. Puedes estar bien ahora pero siempre hay algo que duele —pongo mi mano en su pecho— aquí.
Él me mira, la tristeza empañando sus iris azules.
—Y uno aprende a vivir con ello.
—No lo sabía…
—¿Lo de mi madre? —Él asiente. Me abrazo a mí misma, cambiando el peso de mi cuerpo de un pie al otro—. No tenías por qué. Fué hace mucho tiempo, yo era una niña —le cuento—. En ese momento mi mundo se cayó a pedazos, pero poco a poco entendí que a veces estas cosas pasan y uno debe aprender a lidiar con ellas. Son cosas de la vida, supongo —me encojo de hombros.
Cuando mamá murió atravesé un duelo devastador. Primer lo negué y me llené de rabia, pensé que ningún Dios podía ser tan cruel como para dejar a una niña sin su madre. Luego entendí que no se trataba de Dios, simplemente son cosas que pueden pasar. Y desgraciadamente a mí me pasó, pero nadie tiene la culpa de ello.
Siento mis ojos cristalizarse de nuevo y agacho la mirada. Masen me abraza y lo estrecho contra mí, sin importar que su torso esté húmedo, es un gesto que necesito. Y él igual.
Hablar de mamá, así pasen diez o veinte años siempre va a dolerme. Porque a veces la vida es injusta y te quita a quien más amas antes de tiempo. Uno nunca está listo para perder a un ser querido, mucho menos a un padre siendo una niña, y esa es una injusticia que, aunque ya lo tenga asumido, me va a pesar siempre.
Y también pienso en Cole y lo que él debe estar sintiendo. Debería pedirle perdón e intentar ser más empática con él, está pasando por un momento duro y tal vez lo necesita. Alguien que lo escuche o sentirse acompañado.
Cuando nos separamos deja un beso en mi frente en un gesto dulce y tierno.
—Cambiate, o vas a resfriarte —repito las palabras que me dijo hace un rato y sonríe.
—¿No quieres ayudarme con eso? —murmura en un tono juguetón que me hace sonreír. El ambiente parece cambiar al igual que su expresión melancólica, su mirada volviendo a iluminarse.
Casi suelto una carcajada cuando de un movimiento me sube sobre su hombro. Avanza hasta la cama y en el camino se deshace de la toalla en su cadera pero descubro que lleva un boxer n***o debajo. La vista de su trasero firme es la gloria.
Me da una nalgada.
—Deja de verme el trasero.
Mis mejillas se vuelven rojas.
Se deja caer en la cama conmigo encima y me envuelve entre sus fuertes brazos.
—¿No estarás pretendiendo que durmamos así, verdad? —indago, quitándome el cabello del rostro.
—¿Tienes frío? —pregunta, ignorandome, y nos cubre con la manta que huele a jabón de ropa.
Me río.
—Masen…
Me estrecha entre sus brazos, —Shh…
Ruedo mis ojos con diversión.
Al parecer no hay nada qué pueda hacer y tampoco es como si dormir entre sus brazos fuera tan malo. Resistirme no es una opción, al contrario, me acurruco contra su cuerpo descansando mi mejilla en su pecho. Cierro mis ojos y me dejo llevar por el cansancio, sintiendo una estampida en mi vientre.
Cielos, adoro a Masen.