Devon
Subo la falda bordó del uniforme por mis piernas porque sí, aunque se trate de una universidad no es cualquier universidad y está aferrada al estatus y orgullo que representa llevar el uniforme que reluce el escudo de la Universidad Elite de Brighton en la chaqueta del mismo color.
Meto hacia adentro los bordes de la camisa perfectamente planchada y me fijo por última vez que mi coleta alta no tenga un solo cabello afuera, antes de rociarme perfume y tomar mi bolso para dirigirme a la cocina.
En la mesa no me sorprende encontrar solo a Masen ya que no ví a Cole en la propiedad durante todo el fin de semana, y Nathaniel pasaba la mayor parte del tiempo en la oficina o salía y regresaba a las cuantas horas.
Esa rutina me hizo pensar en mi padre, sé que ser un empresario multimillonario te mantiene ocupado, pero papá se había hundido en esa rutina como distracción luego de la muerte de mamá.
—Buen día —Dejo mi bolso en el suelo y me siento frente a Masen.
Él me sonríe, —Buenos días, Devon.
Desayunamos en un cómodo silencio y cuando terminamos nos dirigimos a la entrada donde veo a Lawrence limpiar los cristales de la Range Rover con una tela blanca.
Masen me abre la puerta para subir detrás de mí.
—¿Tu hermano no vendrá con nosotros? —pregunto cuando Lawrence arranca la camioneta.
—No. Prefiere ir por su lado —Masen no le da mucha importancia pero no puedo evitar que a mi sí me importe.
—¿Es por mí?
Me mira extrañado, —¿Qué? No —su cejo se frunce—. ¿Por qué? ¿lo viste? ¿te dijo algo?
—La otra noche me lo encontré cuando bajé por agua y, no lo sé, presiento que no le gusta que esté aquí.
Masen niega.
—No es por tí —asegura—, lo juro. Cole vive en su mundo, de por sí no es una persona muy sociable, pero en los últimos meses ciertas cosas cambiaron y él… ahora todo parece molestarle, así que no lo tomes personal.
Entiendo a lo que puede estar refiriendose, papá me contó que hace unos cuántos meses los Heaston perdieron a una esposa y madre que padecía de problemas del corazón desde joven.
—Está bien —Simplemente asiento y dejo el tema.
Llegamos a la universidad y Masen toma mi mano cuando bajo, aunque no es necesario como en la noche de la gala es un gesto al que tranquilamente podría acostumbrarme, a la sensación que me provoca el toque de su piel contra la mía.
La atención de varios estudiantes recaen sobre nosotros pero Masen parece ignorarlo, o quizás está acostumbrado a llamar la atención, mientras caminamos a la par directo a la entrada.
—Aún falta para que las clases comiencen —comenta—, ¿te parece un recorrido rápido?
—Claro —accedo a pasar otro rato más con él.
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Masen me muestra específica mi ala de la universidad además de lugares necesarios como la biblioteca o el comedor principal, mientras me comenta sobre los clubs que tienen, de polo, de equitación, de fútbol, entre otros, también que pronto comenzarán los entrenamientos para la primera temporada de competencias entre otras universidades de la Ivy League.
Se despide cuando suena el timbre de inicio de la primer hora y me adentro en mi salón, el cual comienza a llenarse de alumnos.
—¿Este lugar está ocupado?
Alzo la mirada encontrandome con la chica que pregunta por el sitio a mi lado, encontrandome con unos bonitos ojos café.
—No —Ella sonríe y se sienta—. Devon —me presento con amabilidad tendiendole la mano a la que podría ser mi primer amistad.
—Kendra —dice ella estrechando mi mano—. ¿Eres tú la que llegó con los Heaston a la gala, no es así?
Su pregunta me sorprende un poco.
—Sí, ¿por qué?
—Porque te ví bailando con Masen en la gala.
—Claro —asentí—. ¿Y qué tan conocidos son los Heaston por aquí?
Evidentemente mucho, los ojos de la mayoría estuvieron y están sobre Masen y, por ende, sobre mí, ahora que viviré con ellos.
—Son uno de los mayores benefactores de la universidad, parte del comité de organización de la gala y, por lejos, una de las familias más ricas de Brighton. Es imposible no conocerlos.
Vaya.
—Si me dices que no lo sabías no voy a creerte —bromea.
—No mucho, en realidad. Nathaniel es amigo de mi padre y me mudé a su propiedad lo que dura el año escolar.
Ella abre sus ojos azules de más, —Bendita suerte. Guarda eso antes de que las demás lo sepan y mueran de envidia.
Sus palabras me sacan una sonrisa.
—Entonces... —alarga la palabra y la miro—, ¿conociste a Cole?
Mi gesto se frunce ligeramente ante su mención, pero no me puedo evitar preguntar por qué indaga por Cole en específico, aunque puedo darme una buena idea.
—Esa mirada me dice que sí —ríe—, ¿y qué te parece? —curiosea apoyando uno de sus codos sobre la mesa y apoyando uno de los lados de su rostro en su mano, prestandome atención.
—No hablamos —Prefiere decir eso a que compartimos dos frases y prácticamente me insinuó que era una molestia—. ¿Lo conoces?
—No mucho en realidad. Está en tercer año y es jodidamente caliente, pero siempre fué del tipo misterioso y solitario, sobretodo luego de la pérdida de su madre, si tenía tres o cuatro amigos perdió el contacto y tampoco se lo volvió a ver en casi ningún lado del pueblo o en eventos acompañando a su padre y su hermano, solo de vez en cuando en la universidad —asiento lentamente, procesando la información—. Es todo un enigma —agrega en un suspiro.
¿Quién es igual luego de perder a un padre?
En ese instante la profesora entra al salón y ambas le prestamos toda nuestra atención.
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Las clases finalmente terminan y me despido de Kendra antes de caminar hacia mi casillero a dejar algunos libros, la veo alejarse entre los estudiantes y es cuando mis ojos dan con Cole.
Su cabello n***o está desordenado, como cuando pasas las manos por él, no lleva corbata ni chaqueta y su camisa está arremangada, aún así tiene ese algo que te hace quedarte mirandolo.
Sujeta un libro en una de sus grandes manos y lo ojea con su cejo levemente fruncido, pero es como si aquella expresión de molestia fuera recurrente en su rostro.
Ese jodidamente perfecto rostro, con una mandíbula cincelada, naríz recta y piel impoluta.
Me quedo más tiempo del debido mirandolo, el suficiente para que cuando alza la mirada me atrape.
Tiene una expresión de cansancio debido a las leves ojeras bajo sus fríos ojos grises. Eso no le quita atractivo, al contrario, está envuelto en un aura melancólica y misteriosa.
Cierro mi casillero y continúo como si nada, alejandome a paso rápido en dirección a la salida. Busco con la mirada a Masen entre los demás estudiantes, cuando un brazo rodea mis hombros y al inclinar mi rostro a un lado lo veo.
También a la chica que lo mira sin descaro cuando pasa por su lado pero él parece ignorarla o no notarla.
—¿Me buscabas? —sin esperar respuesta toma mi bolso colgandolo en su hombro y no me opongo—. Vamos.
Se echa a andar hasta la camioneta y una pequeña sonrisa tira de mis labios antes de seguirlo, repite el gesto de la mañana dejandome subir primero y luego ocupa lugar a mi lado.
Me gusta eso, esa caballerosidad, esos detalles, la sonrisa encantadora, las miradas descaradas, esa forma de seducir y hacerte caer, entiendo por qué todas las chicas en Brighton están locas por él.