Cap. 5: No muerdo, casi nunca

1224 Words
- Vamos a comer, levántate. Se pone de pie y extiende su brazo para que tome su mano y me levante del sillón. -¿Qué aquí no hay una cafetería donde pueda comprarme un sándwich o algo así? - Claro que en la empresa tenemos una cafetería, y no sólo hay sándwiches para comer, he contratado a uno de los mejores chefs de la ciudad, así que la comida en nuestra cafetería se compara con cualquier restaurante cinco estrellas de Manhattan, pero te voy a llevar a comer para asegurarme que comas lo adecuado para regular tus niveles de azúcar, por eso te desmayaste, de seguro tuviste una caída de glucosa en la sangre - No hace falta, en seri- - Dame la mano, vamos, no aceptaré un no de tu parte, vamos. Este tipo es un mandón en todo momento, que molesto es de verdad. Tomo su mano, me ayuda a levantarme y veo lo enorme que son sus manos, ah y muy suaves, que extraño que un hombre tenga las manos tan suaves. Me toma de la cintura y yo por reflejo me agacho un poco y lo empujo para alejarme de él. - ¿Qué pasa?, no quiero que te vuelvas a desmayar, vamos. Asiento y camino, lo que sería considerado como “abrazada” por él. Oh cielos, su olor es la cosa más loca del universo, quiero darle unos lengüetazos, literal, quiero comerlo en pedazos de lo delicioso que huele. Relájate, no es un pastel, tranquila Layla, tranquila. Caminamos rumbo a la puerta y de pronto recuerdo donde estoy, me detengo súbitamente. - No puedes hacer esto. Le digo y él se sorprende. - ¿Qué? - Llevarme abrazada, tu oficina está al fondo y todos nos verían - No te preocupes, nadie se dará cuenta. Abre la puerta de su oficina y justo frente a nosotros lo noto por primera vez, un elevador está frente a su oficina, ¿en serio? - Vamos, mi elevador me lleva directo a mi estacionamiento. ‘Mi elevador’, ‘Mi estacionamiento’ Se me había olvidado por un momento que estoy con Don Engreído y Arrogante. Me toma nuevamente de la cintura y siento como su cuerpo tiene contacto con mi cuerpo, su aroma, su voz, su presencia, siento que se me pone la piel de gallina y la sensación recorre todo mi cuerpo. Porque me siento así, sí sí, ya sé que es guapísimo, pero es un hombre de lo más desagradable. Nunca me han gustado las personas prepotentes y engreídas. - Vamos. Dice al mismo tiempo que el elevador se abre y él me guía hacia el interior del elevador. Me siento sumamente nerviosa, ¿por qué?, relájate, es un tipo cualquiera, bueno en realidad es el dueño de la empresa para la que acabas de empezar a trabajar, pero dejando eso de lado, es sólo un hombre, tranquila, respira, tranquila. - ¿Qué tipo de comida te gusta más? - Mmmm, ¿a mí? - Pues sí, no suelo hablar conmigo mismo en voz alta - Ah, mmm, pues honestamente como de todo, lo que tú gustes comer estará bien - ¿Te gusta la comida italiana? - ¡Me encanta la comida italiana!- digo muy entusiasmada, demasiado entusiasmada para mi gusto, que tonta soné. - Tenemos un plan entonces. Dice y no puedo evitar reírme de su último comentario, por el tono alegre con el que lo dijo. - ¿Qué pasa?, ¿qué te causó gracia? - Tú - ¿Yo?, elabora, ¿cómo es eso posible? - Bueno, no me dio gracia, sólo que me pareció adorable como dijiste que tenemos un plan, tu voz sonó casi como la de un humano - ¿Humano?, ¿y se puede saber qué crees que soy? - Un despiadado ciborg jajaja - Oh ya veo, muy chistosa señorita revoltosa - No me digas así, de verdad fue un malentendido - Ah sí, no creo, yo lo que entendí muy bien en la mañana es que eres una alborotadora - No es así, soy la persona más pacífica del mundo - Ajá, have we met? (¿Nos conocemos?) - Oh, ya veo, mucha risa Señor Arrogante - Ves, si lo dijiste, en la mañana, clarito te escuché que lo dijiste - Obvio sí, pero no iba a admitirlo frente al jefe de recursos humanos, ¿qué te pasa? - Aaaah, ¿pero si lo admites frente al dueño de la empresa? - Ay ay, ves, si eres arrogante, eres todo ‘mi empresa’, ‘mi elevador’, ‘mi estacionamiento’, ‘mi auto’, ‘mi lugar’, mi mi mi. . . Se quedó serio e hizo el gesto más increíble y hermoso del mundo. Era una mezcla de estar apenado pero a la vez orgulloso de lo que acabo de decirle. - ¿Qué pasa señor?, ¿qué significa esa expresión? - Nada Layla, si conocieras un poco de mi historia tal vez serías un poco menos dura al juzgarme, ya la irás conociendo con el paso del tiempo, no tengo prisa - ¿Prisa? - Nah, never mind! (¡Olvídalo!) - No way (de ninguna manera) - Sube por favor. Me dice a la vez que abre la puerta del pasajero para que yo suba a su lujoso auto. - ¿Nos lleva ‘TU’ chofer? - No, sólo somos tú y yo, ¿alguna objeción? - Mmmm creo que no - Vamos entonces. Se agacha y se me acerca tanto que contengo la respiración, oh gosh sus labios. Él sonríe y con su mano derecha tira del cinturón de seguridad, cruza sobre mí y lo abrocha al lado izquierdo de mi cadera. - Descuida, no muerdo, casi nunca - ¿Ah no?, ¿seguro? Él se sonríe, me observa fijamente mientras niega con la cabeza ligeramente, se muerde un labio, se endereza y sale del auto, se detiene un instante en la puerta con su mano apoyada sobre el auto, se me queda mirando, yo lo veo y siento una sensación totalmente extraña en mi estómago, ¿será el hambre? Él dice que no con su cabeza, de nuevo, me sonríe y después da un paso atrás de modo que puede cerrar la puerta de mi lado. Se vuelve a detener fuera del auto sin moverse y lo veo a través de la ventana, que aunque está polarizada, supongo le permite verme claramente, la sensación en mi estómago regresa con un poco más de intensidad, creo que si me estoy muriendo de hambre, estoy famélica y por eso me desmaye, que vergüenza, nada más y nada menos lo tenía que hacer en la oficina del supremo emperador. No puedo continuar manteniéndole la mirada y agacho mi rostro para ver mis pies. Observo de reojo como Bennett empieza a caminar y rodea el auto por el frente, cielos, es en serio un Adonis, que tipo tan guapo. Llega al lado del conductor, abre la puerta y sube al auto. En cuanto entra, su delicioso aroma vuelve a invadir el auto, no es posible esto, ¿cómo puede estar hecho así?, parece estar diseñado y construido a la perfección. Es un Adonis, lo peor del caso es que creo que él perfectamente lo sabe y por eso es así. Voltea a verme y me dice: - Vamos entonces.
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