Avance unas cuadras a través de las callejuelas desiertas hasta toparme con Likantor, me extraño verlo ahí y no afuera de la casa donde Ailén estaba resguardándose. Mi respiración estaba aun algo agitada, mis piernas se sentían débiles por el calor extremo al que había sido expuesto, pero el aire frio invernal me hacia recuperar rápidamente, pero no lo suficiente para que mi guardia real no fuera capaz de notar mi estado: - Mi señor ¿se encuentra bien? - Si Likantor, solo un poco mareado por el calor de la habitación de Ailén, pero dime ¿Qué haces aquí? - Señor, llámeme paranoico, pero sentí que alguien nos venia siguiendo desde su salida de la cueva de entrada. Investigué entre las callejuelas, pero no logré dar con el intruso, debe ser alguien de aquí porque conoce muy

