Agradecí su caricia y papá agradeció la mía abrazándome con fuerza. Quería demostrarle lo feliz que estaba de tenerlo de vuelta sano y salvo, así que, de puntillas, lo besé en los labios. —¡Tienes la nariz fría! —me quejé, sacándole una sonrisa. —Hace -8 °C afuera, cariño... —Sí, me di cuenta de eso, tus manos también están frías —dije, devolviéndole una sonrisa. —Bueno, ¡me alegro de tenerte para calentarme! —susurró amablemente. —Sí —me sonrojé, llevándolo de la mano al sofá y luego me senté con él. —Estaba pensando... —Oh, oh... —No, papá, en serio. Estaba pensando que no tiene sentido que duermas en el sofá cuando es mamá la que está molesta. Como mínimo, debería dormir en el sofá esta noche, ya que tú ya lo hiciste ayer. Esa mirada triste en su rostro regresó tan pronto como

