Papá gimió furioso y me agarró fuerte, casi cayéndose de la silla. Su pene palpitaba salvajemente en sus bóxers ante mis ojos, hipnotizándome por completo. —¿Te has vuelto loca?— bramó con voz ronca. —Tienes a esos hombres con los que andas para esas cosas. Somos familia, así que no nos vamos a tocar ahí, ¿entiendes, pequeña?— —Ya no soy tan pequeño, ¿o sí? —susurré, mordiéndome el labio inferior. A papá no le hizo gracia y se levantó con mi cuerpo aún en brazos. Lo rodeé con mis piernas, lo que provocó un gemido sordo de papá cuando su pene se estrelló contra mi vientre. —Te llevaré a tu habitación y te quedarás allí hasta la cena— dijo con severidad mientras agitaba su dedo amenazadoramente como si realmente fuera una niña pequeña. Me puso el trasero en la cama y, enderezándose, su

