Marta se rió.—Vaya con papá —dijo—. Nunca lo habría imaginado. Mamá se encogió de hombros. —Tu padre es poco s****l en general. Por eso, con discreción, de vez en cuando le pongo los cuernos. Creo que lo sospecha, pero no dice nada. Prefiere mantener la situación: yo en casa, él trabajando, y de vez en cuando una sesión donde lo domino y lo hago sentir vivo. La miré, la pija dura bajo la mesa.—¿Por qué le pones los cuernos? —pregunté. —Porque necesito más —dijo simple—. Él me da estabilidad, pero en la cama soy yo la que domina. Con otros, dejo que me dominen a mí. Tortas, mordidas, insultos. Como lo que hicimos anoche. El desayuno siguió en silencio después de eso. Yo no podía dejar de pensar en las anécdotas, la pija dura, el craving de coca arañando por dentro. Pregunté: Si tanto

