Ella soltó una risa amarga.—No es para tanto. Lo he mirado en internet. Hay gente que lo hace, con precauciones. Ya tengo preparado un botiquín entero: antiséptico, pomada, vendas, antibióticos. No me voy a morir. Solo quiero llevar tu marca. Que cada vez que me mire el muslo me acuerde de ti. De lo que hemos sido. La miré. Y entonces me acordé de algo que llevaba meses enterrado. —Marta… —dije—. Los piercings en los pezones… no se los hizo porque se lo pidiera su novio maltratador. Se lo pedí yo. Una noche de alcohol y drogas en Barcelona. Estaba colocada, yo también. Me dijo “quiero que me marques, Caco, que me hagas daño bonito”. Y yo se lo pedí al tatuador. No me acordaba… o no quería acordarme. Pero ahora lo recuerdo y me pesa. Mucho. Porque fui yo quien empezó todo eso en ella. Ma

