Alargué la mano y apreté su cuello, ya lo habíamos hecho otras veces pero esta vez solo aflojé cuando me golpeó insistentemente para que le soltara. Entonces su culo apretó mi pija con más fuerza. Me corrí dentro de su ano, semen caliente llenándola, empujando profundo hasta que no quedó nada. Salí. Ella se quedó temblando, el ano dilatado y rojo, semen goteando y tosiendo para recuperar la respiración. Pero no había terminado. La levanté, la puse de rodillas frente a mí. —Si quieres que te someta de verdad —dije con rabia, la voz temblando—, trágate mi meada. Ella me miró, los ojos brillantes. Abrió la boca sin dudar. Oriné todo, chorro caliente y fuerte directo a su garganta, pero también le oriné la cara, el pelo y todo su cuerpo. Ella tragó lo que pudo, el resto le corrió por la b

