—Dame también… quiero sentirlo —suplicó Marina con voz ahogada y jadeante, las palabras vibrando contra los testículos succionados, extendiendo una mano temblorosa para acariciar el perineo moreno y sudoroso de Jorge, los dedos delgados untándose en jugos resbalados que olían a Daniela. Jorge sacó el pene chorreando jugos de Daniela con un plop húmedo y resonante que dejó el coño de su hija vacío y palpitante, goteando un río blanco y viscoso de pre-semen y excitación por los muslos temblorosos, y lo metió en la boca de Marina con una urgencia culpable —la cabeza bulbosa abriéndose paso entre los labios resecos de su esposa, estirándolos en un óvalo forzado que hacía que las mejillas se hincharan, el tronco venoso deslizándose por la garganta en un glug-glug obsceno de babas y jugos mezcl

