Preguntamos a un par de paseantes por el super más cercano. Nos indican el Eroski City de la calle San Jerónimo, a cinco minutos. Entramos. Compramos lo básico: leche, café soluble, pan de molde, mantequilla, huevos, pasta, tomate frito, latas de atún, yogures, papel higiénico, jabón. Literalmente me quedo con un euro en la cartera después de pagar. En la cola de la caja, Marta me mira. —Los gastos los vamos a gestionar a medias, ¿vale? No te preocupes. Ya te daré para que tengas algo de dinero de bolsillo. Me hierve la sangre. Me humilla. Pero sé que no puedo quejarme. Ella es la que tiene la cuenta corriente. Asiento sin decir nada. Salimos del super con las bolsas. Al volver al ático, en un portal hay dos tipos apoyados en la pared, hablando bajito con un chaval que les pasa algo pe

