Estoy tumbado en la cama, pegado a la espalda de Marta, escuchando su respiración profunda y regular. El frío del ático sigue colándose por las rendijas, pero ahora no nos toca directamente. Encima del colchón húmedo hemos montado una tienda de campaña para dos que compramos en el Decathlon de la zona comercial. Fue idea mía, desesperado por encontrar una forma de aislarnos del frío y la humedad sin gastar una fortuna. Marta se rio tanto cuando la saqué de la bolsa que casi se cae al suelo. —Joder, Caco, ¿vamos a hacer glamping en nuestra propia buhardilla? —dijo entre carcajadas. Pero funcionó. La tela impermeable y el forro térmico nos aíslan de la humedad y del aire helado que baja del techo inclinado. Dentro de la tienda hace calor, casi demasiado. Nuestros cuerpos juntos, el saco de

