—Lo pensaremos. Pero escúcheme bien: no vaya por ahí diciendo que colabora con nosotros. Ni una palabra. Ni a su jefa, ni a su hermana si no es estrictamente necesario. ¿Entendido? Dudé. El corazón me latía en la garganta. —Ella… la jefa ya lo sabe. Me hizo un comentario ayer. Sabe que me ofrecieron algo. El guardia maldijo por lo bajo, un “joder” entre dientes. —Esa señora… —murmuró, y negó con la cabeza—. Tiene mucho más poder del que aparenta. Contactos en todas partes. Si ya lo sabe, no hay vuelta atrás. Le recomiendo que la haga feliz. Que no le dé motivos para joderle. Porque puede. Asentí, con la boca seca. —Entendido. Me levanté. Él no me tendió la mano, solo me miró. —Vuelva a su puesto. Y mantenga los ojos abiertos con Kepa y Nekane. Cualquier cosa rara, me lo dice. Nada

