Máximo en un principio no había perdido los estribos, de todos modos, pensaba, todavía se encontraba conquistando a Ernestina, por lo que no importaba si Catrina se hacía la difícil y sólo no lo llamaba al día siguiente. ¡Él lo había visto con sus propios ojos! La tenía por completo loca, entonces ¿Por qué demonios, después de dos semanas, no había llamado ni una sola vez? —Si supieras el suplicio por el que pasé después de aquella cita que orquesté a la fuerza contigo y Catrina, me entenderías. —Marena estaba cansada de los lloriqueos molestos de Máximo, quien furioso se negaba a aceptar lo que estaba pasando. —Y además ¿Por qué te importa tanto? Finalmente me habías dicho que Catrina te parecía una alienígena sin alma. —Lo sostengo y se lo diría a ella, pero da la casualidad de que ni

