Catrina se había quedado a acompañar a su amiga, ambas se encontraban recostadas, una al lado de la otra, mirando al techo. —No tenías que quedarte todo el tiempo aquí conmigo. —Murmuró parpadeando lentamente. —En veinte minutos dos imbéciles intentaron entrar seguramente con la esperanza de encontrarte sola. —Respondió la joven tranquilamente, ni siquiera discutiría aquello. Marena sonrió y giró su cabeza hacia Catrina, la miró directamente por un momento sin decir una sola palabra. — ¿Quién te hizo tanto daño? —Preguntó Marena burlonamente. —Es decir, siempre estás preocupada porque no me suceda esto y aquello…A mí nadie me ha tocado nunca. —Catrina sonrió con humor, a ella le era sencillo decirlo, hablando desde ese lugar seguro en el que jamás había pasado por una situación de riesgo

